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ENFOQUE

Debate sobre la vida y la economía urbana

Debate sobre la vida y la economía urbana

Debate sobre la vida y la economía urbana

Por SERGIO PALACIOS (*)

Paul Crutzen fue premio Nobel de Química y a él se le atribuye el uso de la palabra Antropoceno por primera vez en el año 2000 para identificar el nuevo tiempo geológico que viviría nuestro planeta a partir de los importantes cambios y disturbios ambientales producidos por “la acción directa del hombre”.

Hay un alto consenso en que este cambio comenzó a generarse en el siglo XIX con la Revolución Industrial, aunque algunos como Will Steffen, de la Universidad Nacional de Australia, lo sitúan a partir de 1945 con el final de la II Guerra Mundial. Sostiene este último que desde ese momento se produjeron las transformaciones más rápidas de la historia en nuestra relación con el mundo natural, impulsadas por el mayor crecimiento poblacional registrado hasta entonces. Esa población que aumentó hasta llegar en la actualidad a 6.900 millones de humanos fue generadora de una mayor presión sobre los recursos naturales como el suelo, donde producimos alimentos y el agua. Se suma que la ocupación de espacios urbanos fue generando mayor destrucción de habitats y así se redujo la biodiversidad indispensable para sostener el balance en los ecosistemas a escala planetaria. Ello, a una velocidad de 100 a 1.000 veces más rápida que en el pasado.

TIEMPO PASADO

Hasta la irrupción del Antropoceno, nuestro tiempo geológico, según la clasificación científica tradicional sería la llamada: Eón Fanerozoico, Era Cenozoica, Periodo Cuaternario, Época del Holoceno, que tuvo comienzo hace 11.700 años y se caracterizó por crear un clima estable. Pero en la actualidad, la comunidad científica se encuentra en pleno debate sobre este cambio con la idea de lograr una conclusión que sería anunciada en el 2016. Este trabajo se realiza en el seno del Grupo de Trabajo de la Subcomisión de Estratigrafía Cuaternaria, de la Comisión Internacional de Estratigrafía, perteneciente a la Unión Internacional de las Ciencias Geológicas. Los estudios y debates en este grupo son importantes ya que acordar sobre la existencia de un cambio en el tiempo geológico permitiría demostrar como las acciones humanas por medio de los modelos de producción y consumo han ido alterando los ecosistemas de todo el planeta con grave afectación de los recursos disponibles para sostener la vida animal y vegetal. Esto dejaría al descubierto una seria amenaza a la sostenibilidad de las futuras generaciones.

En este debate y cambio trascendente -pasar de una era geológica a otra- la ciudad es protagonista. Si hablamos de población y presión sobre los recursos del planeta debemos recordar que en las zonas urbanas vive más de la mitad de los habitantes de la Tierra. En países como Francia la población en sus urbes llega al 77 %. Es en las ciudades donde se genera el 70 % de las emisiones de CO2 que desataron el calentamiento global.

En el año 2012 unos tres mil científicos se reunieron en la Conferencia “Planeta bajo presión” en Londres y allí estimaron que la llamada “huella urbana” aumentará para el año 2030 en más de 1,5 millones de km2 lo que equivaldría al espacio completo de Francia, Alemania y España. Por esta razón es que se ha sostenido la necesidad de “reinventar las ciudades para lograr la meta de la sostenibilidad global”. El director del Global Carbon Project en Tokio, Shobhakar Dhakal, ha expresado que “las zonas urbanas en los países emergentes van a ser claves a la hora de replantearnos cuestiones tan básicas como la vivienda, el alimento, el transporte y los desechos en la próxima década”.

FORMULAS SUSTENTABLES

Aquí precisamente está el debate de la “ciudad del futuro”. Debate impostergable ya que los habitantes de La Plata, de New Orleans, y otras ciudades, lamentablemente podemos decir que ya hemos entrado al “Antropoceno”. Los cambios acelerados y abruptos que el planeta vive ante el “calentamiento global” se han combinado con un modelo de ciudad descontrolado y que sólo calcula la variable financiera como paradigma de la viabilidad. Hacer sostenible una ciudad es asegurar que pueda ser un lugar habitable en el futuro. Una ciudad sin agua o tierras contaminadas se traducirá en inhabitable. Siendo la ciudad donde se concentra la mayor parte de la población, es aquí donde deben nacer y aplicarse las respuestas a estos desafíos. La “resilencia” debe partir de los municipios implementando políticas que contemplen, entre otras: la edificación con una arquitectura basada en la sustentabilidad (materiales y diseños para el ahorro energético); la obligatoriedad de uso de un porcentaje de energías renovables en los barrios privados y retención y filtrado de agua de lluvia para reutilizarla; terrazas verdes en todo edificio nuevo y estímulos para instalarlo en los ya existentes; construcción de bicisendas y corredores seguros para estimular ese medio de transporte; política educativa y difusión agresiva para lograr la clasificación de residuos en origen; desarrollar experiencias pilotos fuera de casco urbano para la construcción de biodigestores y transformar residuos en biogás o electricidad. Estas iniciativas no sólo mitigarían los efectos del cambio climático sino que aumentarían la calidad de vida en la ciudad y desarrollaría nuevas inversiones, mercados e incumbencias profesionales. El Antropoceno nos obliga como sociedad a pensar en la ciudad “post carbono”. La ecología como paradigma sobre el que debe edificarse un nuevo modelo de ciudad no es una alternativa ideológica, sino una salida científico-racional al agotamiento de la urbe tradicional. Nuestra ciudad de La Plata se notificó en un día trágico que había entrado en el Antropoceno. Por eso, tiene el deber de constituirse en abanderada de un nuevo modelo de “ciudad post carbono” que asegure por largos años una mejor calidad de vida en completa armonía con el planeta y sus recursos.

 

(*) Abogado. Profesor de Economía Política

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