"Piel morena", la novela de moda

Por MARTÍN MENDINUETA

Cuando a uno no le va como pretende en su actividad cotidiana, siempre están los que aconsejan tragar saliva, tener paciencia, meterle energía positiva, confianza, optimismo y nunca aflojar... Seguramente, Jossimar Mosquera, el colombiano que en los amistosos previos al torneo desentonaba claramente, debe haber aplicado esa receta.

Su vida en el plantel del monarca argentino reinante, ni más ni menos que el trabajo que le permitirá, quizás, asegurar el futuro económico de su familia, cambió rotundamente.

"Jossi", tal como lo llaman en el Country, pasó de expulsiones injustificadas y rendimientos que sembraban fuertes sospechas de que se había realizado un mal negocio con su incorporación, a este dulce presente que permite ver seguido el resplandor de su sonrisa color nieve.

Con veinticinco abriles cargados de sueños, él también quiere gloria. Siguió en detalle los éxitos rutilantes de "Chicho" Serna, Oscar Córdoba, Bermúdez, Juan Pablo Angel, Iván Córboda y Mondragón, entre tantos que triunfaron por aquí; pero ahora se ilusiona con ser protagonista de otra biografía abrigada por el romance con la pelota.

DE BAJO CAUCA A JUGAR CON VERON

Este obelisco morrudo bañado en chocolate nació en Antioquia, departamento norteño que tiene a Medellín como capital, y recaló en Godoy Cruz de Mendoza proveniente de un club de la segunda división de Colombia llamado Bajo Cauca. No llegó a la Argentina con pergaminos impactantes, aunque su desempeño cerca de la cordillera empezó a hacerlo conocido.

En el "Pincha" era un refuerzo más, ni muy muy ni tan tan, tapado por los excelentes momentos de Alayes y de Fernando Ortiz, y también por la sangre joven del pibe Brítez. Como si fuera escasa la exigencia, vendieron al "Tano" a México y, al toque, llegó Sebastián Domínguez con "chapa" de titular seguro. ¿La verdad? Muy pocos creían que se le podía abrir un hueco tan grande para meterse en el equipo de Simeone y, menos todavía, que el antioqueño lo pudiera aprovechar en forma tan contundente como lo hizo ante Central.

¡Qué partidazo se regaló el último sábado! Seguramente, el gol que le convirtió a Banfield (recordada pirueta donde levantó la pierna derecha con la misma eficacia y naturalidad que un bailarín clásico) le sirvió un montón. Su cara de alegría cuando advirtió que la pelota había ingresado era la de un nene travieso e inmensamente feliz.

Aquella noche de triunfo y lluvia bendita significó pura vitamina para el alma de Mosquera. Y se notó frente a los rosarinos. Entró con el pecho inflado, seguro, confiado, optimista, convencido (aunque no lo dijera) de que iba a hacer muy bien su trabajo. Así fue. Jugó excelente. Ganó por arriba y por abajo, por el medio y por los costados. Ganó todas. Ganó el equipo. Y, sobre todo, ganó una genuina y emocionante ovación de la hinchada que, cuando sea famoso como Serna, Oscar Córdoba y Bermúdez, siempre recordará con agradecimiento.

El frío parte médico asegura que Sebastián Domínguez (su principal competidor) ya está recuperado y que esta semana trabajará normalmente... Los buenos momentos individuales pesan mucho en el fútbol y Jossimar, quién puede dudarlo, está "encendido" como nunca. El "Cholo" definirá cuál de los dos juega, pero de algo estoy seguro: Mosquera agarró una racha buena. Ahora le tienen confianza, se puso de moda y hasta dicen que es el protagonista de un nuevo capítulo en la novela del campeón: Piel morena.

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