La casa no está en orden

El quiebre que se produjo por la puja de intereses entre los clubes “grandes” y los “chicos” dejó en jaque a la AFA

Por EDUARDO TUCCI Opinion

La AFA enfrenta su partido más difícil. La ruptura parece ser el final inevitable de una pelea que alcanzó su punto culminante cuando los clubes grandes impulsaron una Superliga, frente a la férrea oposición de las entidades de menos porte.

Con la elección del nuevo presidente de la entidad madre como telón de fondo, representantes de uno y otro sector han montado un escenario que se encuentra por estas horas en su punto más tenso.

“No creo en el consenso. Tal vez llegó el momento de dividir. La Superliga saldrá con 14 ó 15 equipos y que se sume el que quiera”, lanzó desafiante Daniel Angelici, el orador más radical de uno de los bandos en pugna.

“Si se van y algún día quieren volver, no lo harán directamente a la ‘A’, tendrán que hacer el camino correspondiente desde la D”, le contestaron desde el sector que lidera “Chiqui Tapia”, hombre del ascenso y compañero de ruta de Hugo Moyano.

A los equipos “chicos” no les cae bien que se intente copiar el modelo español, porque allí los “grandes” tienen notorias ventajas sobre el resto

Todo esto dicho en el seno de una entidad que le debe siete meses de sueldo al DT de la Selección, que lidera el ranking de la FIFA y la nómina de morosos, que no cuenta con entrenadores en las Divisiones Juveniles, le sobraron votos en la elección celebrada el 3 de diciembre y afronta numerosas denuncias de evasión por parte de los clubes a la AFIP. Realmente preocupante.

Pero más allá de los dichos y los puntos débiles de un fútbol que se va acostumbrando a los desajustes, en los últimos tiempos la disputa central ha pasado por la famosa Superliga, que para algunos sería la solución definitiva a todos los males.

Se han citado, en ese marco, algunos ejemplos poniendo como uno de los modelos a seguir el implementado en España.

Y aquí vale la pena destacar aspectos que hacen al sistema español, objetado por los beneficios a favor de las instituciones grandes sobre las más chicas, lo que ha impactado notablemente en el protagonismo casi hegemónico de los más poderosos en la obtención de títulos y campeonatos.

España al instalar el nuevo sistema, hace 32 años atrás, impuso un cambio cultural que asumió al fútbol como una industria y no ha podido en este tiempo evitar la tensa relación existente entre la Liga de Fútbol Profesional -encargada de la organización y comercialización del torneo- con la Federación de ese país que, pese a haber perdido el control del negocio, sigue manejando las selecciones, las categorías inferiores y es el interlocutor oficial con la FIFA y la UEFA.

La Liga funciona como la patronal de los 20 clubes de Primera y los 22 conjuntos de la Segunda División y tiene a su cargo la organización y comercialización de las competencias, además de controlar los presupuestos y las deudas de cada equipo.

Hubo muchos problemas por los derechos televisivos y un decreto del gobierno terminó con un sistema que beneficiaba en mayor medida al Real Madrid y Barcelona en detrimento del resto de los competidores.

“No creo en el consenso. Tal vez llegó el momento de dividir. La Superliga saldrá con 14 ó 15 equipos y que se sume el que quiera”, tiró desafiante Angelici

Para establecer paralelos con otras ligas, en el último campeonato, los 800 millones de euros ingresados por derechos audiovisuales estuvieron muy lejos de lo que recaudó la Premier League inglesa en camino de convertirse en la NBA del fútbol por ser el destino obligado de las grandes estrellas.

Son muchas las tareas pendientes en la AFA, pero la principal tiene que ver con la búsqueda de la coherencia necesaria para encontrar el camino adecuado que permita reencauzar el rumbo.

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