Cuidado con la sal: ¿cuánto se debe consumir?

La sal no tiene muy buena fama. Hace aumentar la presión y el riesgo a sufrir un paro cardíaco. Pero, a su vez, tampoco se puede estar sin cloruro de sodio, que es una de las sustancias que aporta.

El sodio, el potasio y el cloruro ayudan a regular el líquido en el cuerpo. El sodio y el cloruro generan una retención del agua en los tejidos, mientras que el potasio fomenta su salida. El sodio y el cloruro regulan la presión y transmiten impulsos nerviosos, que permiten que uno sienta dolor, frío o calor.

Para que el cuerpo pueda cumplir esas funciones necesita sal, pero no más de seis gramos por día, es decir, una cucharadita.

Pese a que esto es sabido, existen muchos estudios que demuestran que gran parte de la población consume mucho más de la medida recomendada.

El consumo de más genera problemas de presión. Bajar la sal no es tan fácil cuando uno está acostumbrado a su sabor. Además, la vida lo complica un poquito más, porque no basta con no poner el salero sobre la mesa. De hecho, la sal de mesa que comemos todos los días con las comidas es una parte más bien menor de lo que ingerimos a diario.

La mayor parte de la sal que consumimos a diario está en los alimentos procesados: en el pan, la carne, los embutidos y lácteos.

Para reemplazar la sal en la cocina, lo mejor es incorporar más hierbas y condimentos. Si el salero se hace inevitable, siempre es mejor escoger sal con yodo, que es importante para la glándula tiroidea, y con flúor, que es bueno para los dientes.

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