Crimen del bebé: “Lo agarró de una pierna y lo tiró contra el piso”
| 14 de Agosto de 2016 | 01:53

Imperturbable. Así se mostró ayer en las fiscalías el enfermero que fue detenido el viernes, acusado de matar a golpes a su hijastro de dos años, en Villa Elvira. Asesorado por un defensor oficial, Hernán Rodrigo Cueto (36) prefirió no declarar, al menos por ahora, ante el fiscal Fernando Cartasegna. Seguirá preso por “homicidio calificado por alevosía y ensañamiento”, carátula que se endureció en las últimas horas por la gravedad de las heridas que los médicos detectaron en el niño, informaron fuentes judiciales.
Aunque el informe preliminar de la autopsia realizada ayer se conocerá recién hoy, el parte del hospital de Niños es estremecedor. Los profesionales confirmaron que Gonzalo Villalba (2) ingresó en la guardia “sin signos vitales” y con heridas cortantes; hematomas en la nariz y en los párpados; equimosis en el pene y el saco escrotal; herida cortante de vieja data, no suturada; lesiones en el dorso de las manos; múltiples hematomas en la espalda, las piernas, los nudillos y el hombro izquierdo.
Según un investigador, ante la madre del nene y otras personas Cueto habría adjudicado los golpes de Gonzalo a “accidentes de chicos”, algo que los especialistas descartaron de plano. Pero el testimonio de una vecina terminó de complicar al enfermero, ya que esta mujer declaró haberlo visto el viernes “arrastrando al bebé por el suelo, hasta que se golpeó la cabeza con el borde de la puerta, lo levantó de una pierna y lo tiró contra el piso”, trascendió de fuentes judiciales.
La vecina aclaró que no llamó a la policía porque el acusado “envolvió al nene en una toalla, lo cargó en el Peugeot 306 de color azul y se lo llevó al hospital” de Niños, donde ingresó ya sin vida.
LO DEJABA AFUERA DE LA CASA
Por lo que figura en la causa, el crimen ocurrió en las primeras horas de la tarde del viernes en una casa de 13 bis entre 84 y 85, donde Cueto vivía con Gonzalo, porque la madre del nene trabaja como empleada doméstica en el partido de Tigre y “venía a La Plata los fines de semana y a veces cada 15 días”, dijeron los investigadores.
“Ella refirió no haber notado una conducta agresiva de su pareja hacia el menor, pero sí un cambio de actitud del nene en los últimos días”, agregaron. Gonzalo tenía un desarrollo relativamente normal para su edad, según los pesquisas, aunque eran los vecinos los que habían observado que no todo andaba bien en esa casita de material, con un patio al fondo y otro en el frente.
Por lo que contó una mujer de la zona, “un día este hombre dejó al nene afuera, y, como se largó a llover, ella lo llevó a su vivienda. El amenazó con acusarla por privación ilegal de la libertad”, reveló un allegado a la causa.
Quizás haya sido el miedo el que impidió que estos testigos denunciaran esos vejámenes antes de tener que lamentar un final trágico, pero lo concreto es que nadie llevó el caso a la policía o la Justicia para preservar la vida de ese nene.
Los investigadores no hablan, por ahora, de abusos sexuales, pero tampoco lo descartan. “Lo dirá la autopsia”, aclaran.
La fiscalía tomó intervención en esta espantosa historia después de que Cueto ingresó en el hospital con el cuerpito del nene en brazos y las autoridades se comunicaron con la comisaría Octava al notar que el bebé tenía graves lesiones recientes y viejas. El fiscal dispuso la aprehensión del padrastro, pidió allanar y hacer peritajes en la casa de la calle 13 bis, y entrevistar a los vecinos de la zona.
La madre del niño, María Roxana Galeano, de nacionalidad paraguaya, declaró como testigo en la comisaría Octava. Ella no tiene otros hijos, pero en la casa solía quedarse la de Cueto, de 6 años, que el viernes estaba allí cuando pasó todo y viajó con su padre y Gonzalo hasta el hospital.
El acusado, que por ahora sigue alojado en la Octava, tiene antecedentes penales, aunque no por violencia doméstica. “Aparece mencionado en una causa por robo de hace más de 10 años”, trascendió de fuentes oficiales.
Actualmente trabajaba como enfermero en el turno noche, en una salita de la zona de 122 y 77.
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