Juan Pablo Costa
“Bajate y abrime el portón rápido”, le dije una noche a mi hijo que, en ese entonces, tenía 9 años. Le di instrucciones precisas: “Cuando yo te diga -mirando hacia un lado y al otro asegurándome que no haya cerca peatones, autos, bicicletas o motos- bajás, entro el auto y enseguida cerrás”. Cumplió a la perfección y una vez “a salvo”, me preguntó porqué semejante ceremonia. Intenté explicarle que era por seguridad y que a su tío le habían robado hacía unos días. Me miró asombrado. Noté que desde ese día nada fue igual. Si bien comprendió que tomar recaudos es importante, lo asusté. Le trasladé mi miedo. ¿Hice bien? No lo sé. En estos tiempos violentos, para prevenir, a veces hay que correr riesgos.
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