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Análisis

Una crisis con hiperinflación y escasez que obligó al éxodo de millones de venezolanos

El costo de vida alcanza los siete dígitos. Faltan bienes básicos y medicamentos. Hay tres muertos por hora producto de la inseguridad

Una crisis con hiperinflación y escasez que obligó al éxodo de millones de venezolanos

Venezuela está sumida en la peor crisis económica de su historia tras dos décadas de gobiernos del ahora fallecido presidente Hugo Chávez y Nicolás Maduro, su sucesor.

En 2018, el país sudamericano padeció una inflación de siete dígitos (1.698.488%), mayor escasez de productos básicos como alimentos y medicamentos, y una profunda recesión que obligó a muchos venezolanos a emigrar. Un informe de la ONU revela que unos tres millones de venezolanos han abandonado su país desde 2015, la mayoría de ellos rumbo a Colombia o Perú, buscando mejores condiciones de vida. Además, el organismo prevé que habrá para fin de 2019 5,3 millones de migrantes y refugiados venezolanos debido a la crisis política y económica.

Maduro acusa permanentemente a Washington de orquestar una guerra económica, con el apoyo de sus adversarios locales con la intención de impedir la recuperación de Venezuela y desestabilizar su gobierno para justificar su derrocamiento. Los críticos del mandatario sostienen que la debacle económica del país está estrechamente relacionada con el agotamiento de los sistemas de controles de cambio y de precios, vigentes desde 2003, entre otras distorsiones de la economía.

EL ORIGEN DEL PROBLEMA

El caos económico reinante era previsible para muchos de los críticos del gobierno que por años advirtieron que el país se dirigía al abismo debido a una política, iniciada en 1999 por Chávez, de expropiaciones masivas de granjas e industrias, la promulgación de leyes severas que desalientan la inversión y vulneran la seguridad jurídica, aunado a los controles que se aplican contra corriente por ser uno de los dogmas del gobierno socialista.

En los últimos 19 años han cerrado más de dos tercios de las 600.000 empresas que existían en 1998, afectando el empleo. A la par, la inflación ha pulverizado el salario real y el poder de compra de los venezolanos.

Chávez dijo que buscaría encaminar a Venezuela hacia el “socialismo del siglo XXI”, y lo más evidente fue el aumento del control del Estado sobre la economía para, según él, desplazar el capitalismo de raíz. Su gobierno impulsó y financió cooperativas, estatizó la compañía de teléfonos del país, la mayoría de las firmas privadas locales de servicios del sector petrolero, el sector eléctrico en su totalidad, cadenas de supermercados, empresas alimenticias, cementeras y siderúrgicas, entre otras.

Chávez repetidamente decía que todos los pueblos del mundo en algún momento adoptarían el socialismo porque el capitalismo sólo favorece a los ricos. Maduro se muestra reacio a dar un giro.

El “Plan de Recuperación, Prosperidad y de Estabilización”, anunciado por Maduro en agosto pasado no aborda ni crea condiciones para abatir el proceso hiperinflacionario, coinciden los analistas.

Como parte del plan, el 20 de agosto entró en vigencia una reforma monetaria que contempló la eliminación de cinco ceros a la antigua moneda. Desde diciembre, el salario mínimo es de 4.500 bolívares.

La nueva moneda, conocida como el “bolívar soberano”, parece tener una vida corta. Su único logró hasta ahora fue aliviar la escasez de billetes. El bolívar soberano implicó la eliminación de las seis denominaciones que iban de los 1.000 a 100.000 bolívares, que el propio Maduro puso en circulación entre 2016 y 2017 para paliar en parte el incremento exponencial de los precios.

Los expertos señalan que por la hiperinflación muy pronto podrían quedar en el olvido los billetes de 2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 bolívares soberanos.

UN CALVARIO COTIDIANO

Por caso, un empleado del subte de Caracas tiene que hacer rendir un salario equivalente a solo siete dólares en un mercado donde venden productos de baja calidad. Le alcanza para 12 huevos, medio kilo de papas y guayabas. La mayoría de los venezolanos come principalmente frijoles o lentejas que distribuye el gobierno a precios subsidiados. Y con suerte, quizás una vez al mes puedan comprar pollo o carne.

Productos para la higiene personal como shampoo o pasta dental solo se consiguen en el mercado negro a precios exorbitantes. Tampoco hay bienes de primera necesidad como papel higiénico, harina o arroz.

En los hospitales, estantes vacíos atestiguan la escasez de medicamentos e insumos hospitalarios, estimada en 84% por agremiaciones. Su disponibilidad cayó por el desplome de la producción petrolera, de 3,2 millones de barriles diarios a 1,13 millones en la última década, lo que limita las importaciones. No hay remedios para la hipertensión ni insulina.

Y dar a luz, para las embarazadas, es un verdadero calvario. Ni las embarazadas de alto riesgo se salvan del “ruleteo”, como se conoce la práctica de remitir pacientes de un hospital a otro por falta de personal, insumos o condiciones sanitarias. Son varios los casos de mujeres que tienen sus bebés en la calle al no ser recibidas en los centros médicos estatales. Como si fuera poco, los venezolanos tienen que lidiar con una alarmante inseguridad: cada hora tres personas mueren violentamente en su país. (AP y AFP)

En Argentina
En los últimos años, Argentina recibió al menos a 130 mil venezolanos. Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, entre 2006 y agosto de 2018 se realizaron más de 99 mil trámites de radicación de ciudadanos venezolanos en nuestro país.

 

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