Editorial

Las obras que quedan sin terminar en la vía pública

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En numerosas ocasiones se ha tratado en esta columna el problema que plantean muchas obras públicas que se realizan en las veredas y en las calles, por los trastornos e incomodidades a veces muy prolongadas que suponen para los peatones y automovilistas. Como se sabe, suele ser frecuente que las cuadrillas que realizan esos trabajos los dejen inconclusos, sin retirar los materiales sobrantes. Desde luego que las protestas resultan justificadas, toda vez que un principio básico de la convivencia social enseña que debe verse facilitado en la vía pública –y no entorpecido por obstáculos- el desplazamiento de las personas.

En este contexto, vecinos platenses acaban de reclamar por las dificultades que les causa en una de las esquinas más céntricas de la Ciudad, la de 7 y 46, la presencia de una suerte de pequeño obrador de Edelap, que contiene tierra y escombros de una obra realizada en la vereda hace un tiempo por esa empresa, que obstruye por completo la parada de ómnibus ubicada en ese lugar, de modo que se ve casi impedido el acceso o egreso de los ómnibus.

Poco tiempo atrás se trató en esta columna el problema que planteaban las empalizadas erigidas en torno al Pasaje Dardo Rocha, sometido entonces a trabajos de restauración, por el poco o nulo espacio que se había reservado en las veredas para el tránsito de los peatones y la falta de lugar para quienes aguardaban tomar algún micro.

Es muy común que tanto en el centro como en la periferia muchas cuadrillas –tanto de empresas que realizan obras privadas como pertenecientes a organismos o empresas públicas- dejen inconclusas las obras, “olvidándose” en forma indefinida los montículos de tierra extraída o restos de materiales no utilizados, viéndose así imposibilitada la circulación de peatones o automóviles por las veredas y calles.

A grandes rasgos puede decirse que se trata de uno de los problemas más recurrentes que se presentan en distintas zonas, pero especialmente en el casco céntrico de La Plata, relacionados a fallas o roturas en las redes de energía eléctrica, gas, agua y teléfonos, que se traducen en serios y peligrosos trastornos para los vecinos. En este caso, miles de peatones son las víctimas directas de esas tareas mal terminadas y en no pocas ocasiones puestos en riesgo por la presencia de zanjas o pozos que carecen de cobertura.

En muchas oportunidades también se ha puesto de relieve aquí la falta de planificación con que suelen realizarse algunas de esas obras públicas, evidenciada en el hecho de que las empresas de servicios, para concretar extensiones de sus redes u otras tareas, se ocupan de romper lo que otras acaban de construir. Las visibles consecuencias de estas improvisaciones se traducen, por ejemplo, en veredas rotas o en excavaciones que nadie se ocupa de rellenar.

Asimismo, suele ocurrir que en la ejecución de esos trabajos, para concretar la rotura y posterior reposición de las baldosas, las cuadrillas toman la totalidad del ancho de las veredas, impidiéndose por completo el paso de los peatones, obligándolos a transitar por la calle, con los riesgos que ello supone. Cabría señalar que esta costumbre se ha extendido también a muchas de las obras particulares, a pesar de que existen ordenanzas que prohíben la ocupación completa de las veredas.

Debe consignarse, además, que el problema que plantean las obras inconclusas no sólo genera grandes riesgos físicos para las personas, sino que también conspira contra la mejor imagen de orden que la Ciudad debiera preservar.