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Revista Domingo |ANGUSTIA, MIEDO Y CULPA, LOS SENTIMIENTOS QUE MÁS AFLORAN
Tendencias: tensiones emocionales en pandemia

Son provocados, según especialistas en salud mental, por la incertidumbre que produce el COVID-19, y afecta tanto a personas contagiadas como a las que no. Ayudas y cuidados

Tendencias: tensiones emocionales en pandemia
18 de Octubre de 2020 | 06:38
Edición impresa

Tras más de seis meses de convivir con una pandemia inesperada, y con una avalancha de casos que desde hace semanas promedia en nuestro país los trece mil contagios diarios, hay tres sentimientos que, según establecen especialistas en salud mental, han comenzado a prevalecer en la población. Son ellos la angustia, el miedo y la culpa, que han comenzado a visibilizarse tanto en personas que han sido contagiadas de coronavirus como en las que no.

María Calabrese, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explica que “a los seres humanos nos altera muchísimo la incertidumbre, y esta enfermedad de COVID-19 todavía viene acompañada de muchas preguntas, como por qué afecta tanto a algunas personas y a otras no, o qué secuelas va a dejar en los organismos, entre muchísimas otras. Y en este contexto, la culpa aparece también como un componente recurrente que agrava la sensación de angustia y malestar. Culpa por haberse infectado, como si eso fuera consecuencia de haber hecho algo mal, y sobre todo culpa por el temor de contagiar a los seres queridos. Todos estos componentes que rodean a la pandemia, hacen que, aún en el caso de que la enfermedad se transite con síntomas leves, no es lo mismo que tener otra patología, y ya la gran mayoría de la gente tiene instalado que no se trata solo de una ‘gripecita’”.

Para el psicólogo Gustavo Amestoy, en tanto, el COVID-19 representa “una enfermedad que se cursa de una forma solitaria, diferente al resto, porque el primer requisito es que hay que aislarse, a diferencia de cualquier otra patología en la que, por el contrario, es cuando más nos acompañan. Y de los pacientes que hemos atendido con coronavirus, la culpa estuvo presente en todos, y derivado de esto también la angustia de pensar que ‘puedo contagiar a otro que la pase mal’”.

“En cuanto a quienes tienen un diagnóstico confirmado -añadió Amestoy- suelen desarrollar algunos pensamientos obsesivos o pesadillas recurrentes; ya que el hecho de no saber si al día siguiente se deba necesitar un respirador, genera una incertidumbre muy grande”.

Claro que, más allá de las personas que tienen el diagnóstico, tanto Calabrese como Amestoy coinciden en que la pandemia ha incidido en la salud mental de toda la población, aumentando niveles de depresión y ansiedad, algo que fue también advertido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que el fenómeno se está apreciando en todo el mundo.

Una encuesta realizada en la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, en Estados Unidos, por ejemplo, de la que participaron más de 1.500 pacientes con COVID-19, arrojó que 700 dijeron tener ansiedad; 400 expresaron sentir tristeza, y un alto porcentaje dijo experimentar dificultades para concentrarse.

AYUDAS EN LA CIUDAD

En abril pasado, en nuestra ciudad se puso en funcionamiento un servicio de orientación en Salud Mental destinado a brindar acompañamiento telefónico y contención psicológica durante la pandemia. Y de los más de mil vecinos que se comunicaron hasta el momento, más de la mitad presentaron “crisis de angustia” al exponer de manera remota situaciones emocionales generadas por el aislamiento y la pandemia ante la línea 147 que brinda acompañamiento telefónico y asistencia psicológica.

“El Programa surgió con la idea de acompañar a cada platense que necesite un apoyo profesional para sobrellevar estados emocionales y anímicos provocados por el confinamiento”, explicó la Secretaria de Desarrollo de la Comunidad del municipio, Julieta Quintero Chasman, quien reflejó que 4 de cada 10 llamadas correspondieron a crisis de angustia; al tiempo que, en orden cuantitativo, se destacaron otros motivos como la soledad, los conflictos familiares y/o convivenciales, la preocupación por la situación económica y el estrés por exceso de información, entre otros.

En cuanto a las manifestaciones asociadas al confinamiento, el Programa registró que 4 de cada 10 personas presentan variaciones en el humor; 3 de cada 10 preocupación por el contagio personal y la emergencia sanitaria en general; mientras que también se presentó la ingesta de alcohol y psicofármacos, y las perturbaciones del sueño, entre otras cuestiones.

También se detalló que quienes se comunicaron fueron 67 por ciento mujeres y 32 por ciento hombres, incrementándose el número de llamados masculinos en los últimos meses.

Respecto al rango etario, se registró un cambio en la tendencia inicial, a partir de la cual prevalecían los llamados de adultos mayores. A tal efecto, el 45 por ciento de los llamados fueron vecinos entre los 35 y 60 años; el 34 por ciento fueron adultos mayores de 60; el 13 por ciento personas entre los 25 y 35 años; mientras que el 7 por ciento restante lo integraron grupos de entre 20 y 25 años, siendo los jóvenes y adultos quienes incrementaron considerablemente las consultas en esta etapa. A su vez, la mitad de los vecinos que se comunicaron aseguraron vivir acompañados, registrándose un incremento superior al ciento por ciento de las consultas en este sector.

“Como señalan los profesionales -señala Quintero Chasman- la pandemia profundiza patologías mentales y cuadros emocionales preexistentes, y la convivencia prolongada y permanente con otras personas acentúa conflictos de la vida cotidiana. Esta iniciativa es una herramienta para alivianar esas problemáticas y conflictos personales, y fue muy bien recibida por los vecinos y vecinas de la ciudad”.

LAS SENSACIONES EN LOS CONTAGIADOS

En este marco, miedo, angustia y culpa son también los sentimientos más comunes entre quienes ya se han contagiado la enfermedad. El miedo a la aparición de nuevos síntomas, la angustia ante el agotamiento físico, y la culpa de contagiar a seres queridos, según refieren pacientes y especialistas.

En el caso de Rosa Bustos, de 46 años, quien relató su experiencia con el COVID-19, cuyos síntomas se le manifestaron hace ya más dos meses, refiere que “cuando me dieron el resultado me angustié mucho, no entendía cómo podía estar infectada”.

“Un día amanecí congestionada y con un poco de cansancio -relató- tomé té con limón y no me preocupé porque yo no salía para nada, y cuando lo hacía era con cuidados extremos, con barbijo, máscara y uso de alcohol. Pero al día siguiente amanecí con fiebre y sin olfato. Ante esta situación me presenté a la guardia de una clínica y me hisoparon, pero como el cuadro no era grave, me recomendaron hacer el aislamiento en mi casa”.

Y esos fueron, para ella, los peores días, en los que más miedo y angustia sintió.

“Es desesperante -cuenta hoy, ya recuperada- comencé a sentirme cada vez peor, sentía un cansancio inexplicable en el cuerpo, puntadas en el pecho, sensación de ahogo, palpitaciones, todo eso me hacía sentir más angustiada y con más miedo”.

El de Laura González, empleada gráfica de 35 años, es otro caso que ilustra sobre cómo estos sentimientos la invadieron al tomar conocimiento de su contagio.

“En mi caso -relata- el contagio llegó con síntomas leves a los que no asocié con coronavirus. Pero cuando me dieron el resultado y me dicen que es positivo, lo primero que hice fue un repaso de con quién había tenido contacto los últimos días para poder avisarle a esas personas, y la angustia vino al ponerme a pensar cuánto hacía que estaba con síntomas, y darme cuenta de que yo estaba congestionada hacía muchos días y que lo había asociado con alergia porque no tenía ni tos, ni falta de aire, ni pérdida de olfato o gusto, ni fiebre, y recordé que había estado, aunque con barbijo y con los cuidados necesarios, con muchas personas, algunas mayores o con enfermedades de base, y eso me generó muchísima culpa por pensar que sin querer pude haber contagiado a alguien”.

Otra observación que comparten los especialistas, está relacionado con “el temor a la re-infección que expresan los pacientes dados de alta, lo que los lleva a estar híper atentos a cualquier otro síntoma que pueda aparecer”.

También, desde el Ministerio de Salud de la Nación se apuntó que en el segmento de los más jóvenes, los sentimientos que más se están visualizando durante la pandemia son incertidumbre, angustia, tristeza y aburrimiento.

Al mismo tiempo, desde la OMS, se advierte que “ya estamos viendo las consecuencias de la pandemia de COVID-19 en el bienestar mental de las personas, y esto es solo el principio, a menos que nos comprometamos seriamente a aumentar la inversión en salud mental ahora mismo, ya que las consecuencias sanitarias, sociales y económicas tendrán un gran alcance debido a que la salud mental es una de las áreas más desatendidas de la salud pública”.

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