Aún sin identidad el equipo de Pipo Gorosito le apunta a la Copa Sudamericana

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Por FACUNDO ACHÉ

deportes@eldia.com

“Sinceramente no estoy para nada conforme con el rendimiento del equipo”. La autocrítica de Pipo Gorosito tras la victoria en el Nuevo Gasómetro no sorprendió. Si ante Boca, 10 contra 11 gran parte del segundo tiempo, el DT había valorado el esfuerzo pero había marcado que ese no era el camino, asomaba como lógico que ante un rival inferior que quedó en desventaja numérica por la expulsión de Cerutti la respuesta del entrenador fuese en esa línea. La actualidad de Gimnasia es paradójica: no gana partidos accesibles y con buen rendimiento colectivo y se impone en partidos chivos, sin tenencia de pelota y sin poder aprovechar espacios y tiempos para los contragolpes.

Obviamente que lo más importante es sumar, eso no tiene discusión. Más, a partir de las necesidades de la tabla de promedios y de reglamentos siempre dudosos que permiten cambios de última hora. Con dos descensos entre 28 equipos a fines de 2022, el Lobo no debería tener problemas. La falta de certeza de que se cumpla lo escrito lleva a estar siempre atentos, aunque Gorosito se planteó un objetivo que no tiene discusión: Gimnasia cada año debe apuntarle a jugar al menos la Sudamericana, objetivo que no se consigue hace un lustro cuando Alfaro era el DT y dos empates contra Ponte Preta lo dejaron afuera en el primer cruce.

Los 31 puntos son muy buenos, acorde al objetivo inicial de este campeonato. El inicio condicionado de la dupla y la eliminación de la Copa Argentina los eyectó del cargo. Gorosito tuvo mejores versiones del Pulga y de Carbonero, recuperó algunos jugadores en base a confianza y convirtió a Emanuel Cecchini en un pleno, el 5 que hoy no tiene objeciones. Sin embargo, Pipo no ha logrado darle su impronta al equipo. O mejor dicho, cuando fue ambicioso y tuvo tenencia de pelota con volumen de juego, se quedó con las manos vacías (Sarmiento, Banfield) o sumó poco (Central Córdoba). Y los resultados llegan con una versión más práctica, basada en su buen arquero, cierto orden defensivo con Leonardo Morales como bandera y esa pizca de suerte necesaria para que los delanteros rivales se equivoquen. Así, empató con Independiente y derrotó a Boca y San Lorenzo, siempre de visita, siempre con más garra y entrega que juego.

La victoria frente a San Lorenzo incluyó un par de ítems valiosos que no deben pasar desapercibidos. Gimnasia logró ganar con su principal figura de ataque, Johan Carbonero, sentado en el banco de suplentes para cuidarlo tras una distensión muscular. Y además, Eric Ramírez entro “de nueve” , facturó y tal vez ese gol le abra las puertas a ser el centrodelantero tripero hasta fin de año, aprovechando que Rodrigo Holgado no termina de enganchar en el ritmo del fútbol argentino (bueno técnicamente, hay que apostarle a la mejoría física en la pretemporada) y que el destino dejó fuera de combate a Alexis Domínguez y Nicolás Contín. Ramírez, mediapunta que casi nunca pudo jugar en ese puesto, siempre termina jugando y aportando algún gol importante como ese cabezazo que nació de la picardía para buscar el lugar y de la buena pegada de Matías Miranda que empieza a ratificar en Primera todo lo que insinuó en su etapa de divisiones juveniles.

¿Gimnasia está para jugar una Sudamericana? Sí, pero necesita reforzarse, con un delantero a la cabeza en la lista de pedidos. ¿Gimnasia está para afrontar una Sudamericana sin descuidar el torneo local? Una incógnita. Ahí radica la principal duda en cuanto al futuro, aunque la Copa Sudamericana es un premio al que un buen equipo si tantos nombres puede acceder. La ganó Defensa y Justicia antes, jugó la final Bragantino hace unos días. ¿Es Gimnasia un buen equipo? Todavía no. Por ahora es esto, un equipo que no ofrece certezas, irregular, al que le falta tiempo de trabajo y un par de piezas importantes (que se consiguen con dinero en el mercado) para jugar como quiere su DT. Y dentro de esas piezas está incluido Johan Carbonero, el colombiano por el que Gimnasia debe pagar U$S 2.200.000 para hacer uso de la opción por el 70% de la ficha. Ojalá el colombiano no sea una estrella fugaz en el firmamento albiazul como lo fueron Nicolás Ibáñez y el venezolano Hurtado.

Los cuatro partidos restantes definirán para qué está Gimnasia. Y en el medio, entre o no a la Copa, la necesidad es romper la “pesada herencia” y ganar el clásico, ese desafío que le puede encauzara la historia en el club a Néstor Gorosito. Y brindarle a la hinchada esa alegría negada por más de una década.

 

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