Un video, la prueba clave para resolver el crimen de Villa Elisa

Se los vio por las calles 28 y 409 instantes antes del asesinato. Creen que podrían ser los autores. La pista del intento de robo no es la única que manejan los investigadores

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“Tiempo que pasa, verdad que huye”. La cita de Edmond Locard, el notable criminalista francés nacido en 1877, puede aplicarse a todas las investigaciones criminales. Por eso los encargados de resolver el asesinato del abogado porteño Eduardo Chantada, ocurrido el domingo pasado en una vivienda de las calles 28 y 409, en Villa Elisa, participan de una verdadera carrera contrarreloj para evitar demoras que puedan complicar el desarrollo de la pesquisa. Por el momento, la prueba clave es un video de los supuestos homicidas, que fueron captados por una cámara de seguridad en los instantes previos de la balacera mortal.

Se trata de dos jóvenes de entre 18 y 25 años. De acuerdo a las imágenes, el conductor llevaría casco y el acompañante, barbijo y una mochila.

Si bien no hay certezas concretas de que sean ellos los autores del ataque, las sospechas son muy grandes, ya que quedan comprendidos dentro de las circunstancias de modo, horario y lugar. Por eso intentan identificarlos en forma urgente.

Ayer se conocieron detalles reveladores del asesinato, que de alguna manera pusieron sobre la mesa otra hipótesis distinta a la de un robo que terminó de la peor manera. Se trata de la agresión dirigida a eliminar a Chantada.

Los voceros consultados por este diario dijeron que el delincuente que le disparó en la cabeza “estaba en un plano superior”. Esto infiere que el abogado o estaba de rodillas o agachado.

También que la vivienda donde ocurrió el hecho había más de 10 mil pesos, que los homicidas nunca se interesaron en agarrar.

El último detalle, no menor, es que el calibre de la bala que le costó la vida a Chantada fue un .40, algo que no es de uso habitual en los ladrones de oportunidad.

Sin embargo, ninguno de estos elementos objetivos, que estarían incorporados en la causa, pueden, por sí, justificar un homicidio por encargo.

También “existe la posibilidad de que los delincuentes sean inexpertos, que se pusieran nerviosos y que hicieran lo que no tenían pensado hacer, tras lo cual huyeron con las manos vacías”, expresó a este diario una fuente judicial de mucho peso.

Se sabe que dentro de la propiedad, que pertenecería a un funcionario del Ministerio de Agricultura de la Nación, se encontraba el dueño, su esposa, las tres hijas y Chantada.

Salvo el abogado, el resto quedó reducido por uno de los ladrones, que gritó “esto es un asalto”. El cómplice fue detrás de la víctima, que se había corrido unos metros en busca de algo.

Por eso no habría testigos de la ejecución, en contrario de lo que se había dicho el domingo sobre la presencia de una nena de 11 años en cercanías de los disparos.

Según trascendió, los por qué del brutal asesinato quedan, al menos en este estado de las actuaciones, en el plano de las conjeturas.

Por último, se informó que Chantada era habitué de Villa Elisa, pese a que vivía en el barrio de Palermo, ya que en esa localidad residen importantes referentes de la agrupación para la cual militaba (ver aparte).

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