Los niveles de ruido en el Centro, muy por encima de lo saludable
Edición Impresa | 30 de Noviembre de 2025 | 04:56
La frenada de los colectivos, los bocinazos y las motos sin silenciador ya son parte del ruido cotidiano de la Ciudad. Al bullicio urbano se suman, en ésta época, las bombas de estruendo de los egresados y el estallido de los fuegos artificiales que anticipan las fiestas de fin de año. Esta molestia sonora, en muchos casos naturalizada, genera una contaminación “invisible” que, según advierten los especialistas, afecta la salud y la calidad de vida.
En pleno centro platense, la medición del ruido ambiental supera ampliamente los niveles sugeridos por la Organización Mundial de la Salud que establece no superar los 65 decibeles (dB) durante el día y los 45 por la noche, para evitar impactos negativos en el bienestar físico y psíquico.
Según el monitoreo sonoro realizado por alumnos y docentes de la Licenciatura en Fonoaudiología de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UCALP, en las inmediaciones de Plaza San Martín la intensidad del ruido promedia los 80 decibeles.
El relevamiento se llevó a cabo el jueves pasado, en la franja horaria de 15 a 16, y detalla que en la esquina de 6 y 50 los niveles de ruido oscilaron entre 77 y 82 dB, mientras que en 6 y 51 marcaron entre 74 y 80 dB. En la zona del Pasaje Dardo Rocha, los valores alcanzaron entre 78 y 81 dB, y en las intersecciones de 7 y 50 y 7 y 51 los picos fueron más altos, entre 86 y 88 dB y 89 y 92 dB, respectivamente. Incluso, en el centro de Plaza San Martín -que se encuentra más alejada del tránsito vehicular- los niveles oscilaron entre 65 y 75 dB, también por encima de lo recomendado.
En relación con esto, la doctora en Fonoaudiología y profesora de la UCA que impulsó el estudio, Silvia Bermúdez, explicó: “El ruido en las esquinas es terrible, pero en el corazón de la plaza no es tan contaminante, porque los árboles lo amortiguan”.
Los efectos en la salud
Los especialistas advierten que la exposición continúa al ruido en las calles no solo afecta la audición sino a la salud en general.
Al respecto, Bermúdez indicó que con los alumnos entrevistaron a los vendedores ambulantes y al encargado del puesto de diarios de la zona: “Nos comentaron que al terminar la jornada laboral tienen dolor de cabeza y cuando llegan a su casa tienen la necesidad de permanecer en silencio, al punto de no querer que nadie les hable”.
En base a los datos relevados, sostuvo que el mayor generador de contaminación sonora son los micros. “Es lo que más ruido produce, seguido por varios bocinazos a la vez. En ambas situaciones se registraron picos de entre 89 y 92 decibeles”, agregó.
Entre las principales consecuencias de la exposición prolongada a niveles elevados de ruido, se encuentran la pérdida gradual de la capacidad auditiva –que es un daño irreversible-, o la hipoacusia inducida, que puede provocar una niebla vocal, dificultando la comprensión de lo que dicen otras personas, especialmente en ambientes ruidosos. También puede causar estrés – se dispara el cortisol - y alteraciones en el sueño.
En este sentido, la fonoudióloga explicó que “el envejecimiento natural del oído se debería dar a los 75 años de edad, pero ante la contaminación sonora muchas personas empiezan a los 50 a notar un descenso en las frecuencias agudas”.
Los síntomas más comunes que empiezan a encender las alarmas son los zumbidos en el oído, cansancio físico, dolor de cabeza, palpitaciones, fatiga, entre otros.
El reciente estudio se complementa con el informe presentado en agosto pasado, cuando se realizó un análisis de ruido ambiental durante el horario vespertino, en tres zonas: el Colegio San Luis - avenida 44 entre 9 y 10-, Plaza Italia y diagonal 74, donde el sonido callejero generado por autos, motos, micros y transeúntes alcanzó un promedio de 85 decibeles (dB), con picos de 90, sobrepasando los límites sugeridos.
Ruidos nocturnos
La contaminación acústica a causa de la actividad nocturna también es una problemática creciente. Los vecinos se quejan de los ruidos nocturnos que se generan por el funcionamiento de bares y discotecas, así como por las caravanas de motos que se reúnen en plazas y parques, alterando el descanso.
Además, con la llegada de fin de año, los festejos de egreso de los estudiantes con el uso de pirotecnia también aumentan los reclamos de los platenses.
“Las bombas de estruendo superan el límite. Estadísticamente alcanzan los 110 decibeles. El ruido equivale al despegue de un avión”, explicó Bermúdez.
Como referencia, distintos ruidos alcanzan niveles muy variados: un concierto de rock o el estallido de petardos llega a 145 decibeles, los autos sin silenciador a 120 dB, una sierra eléctrica a 110 dB y un taller de carpintería a 100 dB. La cortadora de césped o una motocicleta generan alrededor de 90 dB, el ruido del tráfico 80 dB, mientras que una conversación normal alcanza 60 dB, el zumbido de una heladera 40 dB y el murmullo de la voz 20 dB, siendo 0 dB el umbral de audición normal.
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