La autonomía de una entidad clave, en peligro
Edición Impresa | 14 de Enero de 2026 | 01:59
La decisión del Departamento de Justicia de abrir una investigación criminal contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reavivó las alarmas sobre la independencia del banco central de Estados Unidos, uno de los pilares del sistema económico global.
Con declaraciones inusualmente duras, Powell describió la pesquisa como parte de un ataque político de la Casa Blanca, motivado por la negativa de la Fed a aplicar recortes drásticos de tasas de interés, una medida que el presidente Donald Trump viene reclamando desde hace tiempo.
El episodio no tiene precedentes: nunca antes un titular de la Reserva Federal había sido objeto de una investigación penal.
PRESIONES EN EL PASADO
Sin embargo, los intentos de presión política no son completamente nuevos. Durante las presidencias de Richard Nixon y Ronald Reagan, los mandatarios también presionaron a la Fed en contextos de alta inflación y desempleo. La diferencia, subrayan los expertos, es que en las últimas décadas existió un consenso bipartidista para preservar la autonomía del organismo y evitar su politización.
La independencia de los bancos centrales se manifiesta en dos planos. Por un lado, el legal: la normativa permite que la Fed tome decisiones sin interferencias directas del poder político, aunque rinde cuentas al Congreso y sus autoridades son designadas por el presidente con aval del Senado. Por otro, la independencia de facto, que depende de las prácticas reales y del respeto de los gobiernos a ese marco institucional. En los últimos 30 años, la Reserva Federal ha operado con mayor autonomía de la que estrictamente marca la ley, gracias a ese consenso político tácito.
La razón por la que los políticos buscan influir es clara: la política monetaria es una herramienta poderosa, capaz de generar efectos rápidos sobre el crédito, el empleo y el crecimiento. El problema es que su uso con fines electorales suele derivar en inflación y en la pérdida de credibilidad. Si los agentes económicos anticipan que las tasas se manipularán por conveniencia política, ajustan sus expectativas y neutralizan los beneficios de corto plazo.
Para los consumidores, lo que está en juego es la estabilidad de precios. En un contexto sin crisis financiera ni colapso del empleo, reducir las tasas en varios puntos -como propone Trump- implicaría gastar munición en un momento que no lo justifica. Además, dejaría a la Fed con menos herramientas si surgiera una crisis real en el futuro cercano.
La presión sobre la independencia de los bancos centrales no es exclusiva de Estados Unidos. Casos como Turquía, Venezuela o Argentina muestran los riesgos de subordinar la política monetaria al poder político.
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