IA en la escuela: oportunidades y riesgos para los estudiantes
Edición Impresa | 15 de Enero de 2026 | 01:21
La expansión del uso de la inteligencia artificial (IA) entre niños y adolescentes en la Provincia ya es un hecho y plantea un desafío central para el sistema educativo: cómo aprovechar su potencial para mejorar los aprendizajes sin afectar el desarrollo cognitivo, crítico y socioemocional de los estudiantes.
El debate se desprende del informe “Inteligencia artificial en la educación: desafíos y perspectivas”, elaborado por Argentinos por la Educación junto con investigadores de la Universidad de Massachusetts (MIT), que analiza el impacto creciente de estas tecnologías en la enseñanza, el aprendizaje y la gestión escolar en Argentina.
Según datos relevados por UNICEF y UNESCO, el 76% de los chicos y chicas de entre 9 y 17 años en el país conoce la inteligencia artificial generativa y un 58% ya utilizó herramientas como, por ejemplo, ChatGPT. El uso es aún mayor entre los adolescentes de 15 a 17 años, donde alcanza al 74%.
La principal aplicación está vinculada a la escuela: el 66% afirma que usa estas herramientas para hacer trabajos escolares. También aparecen otros usos, como la búsqueda de información (44%), la curiosidad por su funcionamiento (33%) y el entretenimiento (24%). El fenómeno atraviesa todos los niveles educativos y se expresa con fuerza en las aulas bonaerenses, incluso cuando no existe aún una regulación o estrategia institucional clara.
APRENDIZAJES PERSONALIZADOS Y NUEVAS FORMAS DE ESTUDIAR
El informe destaca que uno de los principales aportes de la IA es la posibilidad de personalizar el aprendizaje. Los sistemas de tutoría inteligente pueden responder consultas, adaptar explicaciones y ofrecer retroalimentación inmediata ajustada al ritmo y nivel de cada estudiante, lo que abre nuevas oportunidades para acompañar trayectorias diversas.
También cobran relevancia los sistemas de aprendizaje adaptativo, que reconfiguran contenidos, evaluaciones y secuencias didácticas en función del desempeño del alumno, así como los chatbots educativos que ayudan a organizar el estudio, resolver dudas frecuentes o recordar tareas y evaluaciones.
A esto se suman tecnologías de asistencia, como el reconocimiento de voz, la conversión de texto a audio o la traducción automática, que facilitan la inclusión de estudiantes con discapacidades o barreras idiomáticas.
RIESGOS PARA EL PENSAMIENTO CRÍTICO
Junto con estas oportunidades, los especialistas advierten sobre riesgos pedagógicos relevantes. Uno de los principales es el aprendizaje superficial: el acceso rápido a respuestas puede generar una ilusión de comprensión sin un entendimiento profundo de los contenidos.
“El principal riesgo de la IA para el aprendizaje es el epistémico. A la vez que acelera la adquisición de conocimiento, puede distorsionar la comprensión”, sostiene Alejandro Artopoulos, director del Centro de Innovación Pedagógica de la Universidad de San Andrés. En ese sentido, remarca la necesidad de desarrollar competencias críticas y creativas tanto en docentes como en estudiantes, y advierte que “no hay atajos ni nativos digitales con la IA”.
El informe también señala el riesgo de debilitar la autonomía intelectual y el pensamiento crítico cuando los estudiantes dependen de la IA para resolver tareas, así como la posibilidad de reducir las interacciones humanas en el aula, claves para el desarrollo socioemocional, especialmente en los niveles iniciales y primarios.
ALFABETIZACIÓN EN IA: UNA CLAVE CENTRAL
Para los autores, el eje no pasa por prohibir ni celebrar acríticamente estas tecnologías, sino por alfabetizar en inteligencia artificial. Andrés Salazar-Gómez, investigador del MIT, subraya que la familiaridad de las nuevas generaciones con la IA no garantiza un uso responsable.
“Es evidente que han crecido con la IA, pero eso no significa que sean usuarias críticas ni que conozcan el impacto que esta tecnología tiene en su desarrollo cognitivo y emocional”, afirma. Y advierte: “La alfabetización en IA nos da la capacidad de entender y controlar la tecnología; sin ella, será la IA —y quienes sí han sido alfabetizados— la que nos controle”.
Desde una mirada más política, Santiago Siri, presidente de Democracy Earth Foundation, señala que “la IA ya está en el aula, nos guste o no”, y plantea que el desafío es diseñar reglas claras, supervisión humana y alfabetismo en IA “para que la personalización no se convierta en desigualdad y la ‘muleta’ no reemplace el pensamiento crítico”.
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