Trump prepara aranceles para quienes no apoyen su cruzada por Groenlandia
Edición Impresa | 17 de Enero de 2026 | 01:43
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que podría imponer aranceles a los países que no respalden que Washington controle Groenlandia, en una nueva escalada de su postura sobre el futuro del territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca. El mandatario no brindó detalles sobre el alcance ni los plazos de una eventual medida comercial.
Las declaraciones se produjeron durante un acto en la Casa Blanca sobre atención médica rural, donde Trump recordó que en el pasado había amenazado a aliados europeos con aranceles a productos farmacéuticos. “Podría hacer lo mismo con Groenlandia”, señaló. “Podría imponer aranceles a los países que no acepten Groenlandia, porque necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional”, agregó.
Desde hace meses, Trump insiste en que Estados Unidos debe controlar Groenlandia por razones estratégicas y dejó en claro que considera “inaceptable” cualquier escenario que no implique a la isla bajo control estadounidense. Hasta ahora, sin embargo, no había planteado de manera explícita el uso de sanciones comerciales como herramienta de presión.
Groenlandia es un territorio semiautónomo que integra el Reino de Dinamarca y reviste un valor geopolítico creciente por su ubicación en el Ártico y por sus vastas reservas de minerales críticos aún sin explotar.
El rechazo europeo
La respuesta de Europa fue inmediata. Líderes del continente, junto con el gobierno danés, reiteraron que cualquier decisión sobre el futuro de Groenlandia corresponde exclusivamente a Dinamarca y a las autoridades locales. En ese contexto, Copenhague anunció un aumento de su presencia militar en la isla en cooperación con socios de la OTAN y la realización de ejercicios conjuntos en la región.
A comienzos de la semana, ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia se reunieron en Washington con el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. El encuentro no logró cerrar las diferencias de fondo, aunque derivó en el anuncio de la creación de un grupo de trabajo, cuya finalidad fue interpretada de manera distinta por las partes.
El rol del Congreso de EE UU
En paralelo, una delegación bipartidista del Congreso estadounidense viajó a Copenhague para intentar reducir tensiones diplomáticas. El senador demócrata Chris Coons agradeció a Dinamarca por “225 años de ser un aliado confiable”, mientras que la senadora republicana Lisa Murkowski sostuvo que “Groenlandia debe ser vista como un aliado, no como un activo”.
Murkowski también remarcó que, según encuestas, cerca del 75% de la población estadounidense considera que no es una buena idea que Estados Unidos adquiera Groenlandia. Junto con la senadora demócrata Jeanne Shaheen, presentó un proyecto de ley bipartidista que busca prohibir el uso de fondos del Departamento de Defensa o del Departamento de Estado para anexar o tomar el control de Groenlandia —o de cualquier territorio soberano de un país de la OTAN— sin el consentimiento del aliado involucrado o la autorización del Consejo del Atlántico Norte.
La posición de Groenlandia
Desde Nuuk, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, fue contundente al fijar la posición del gobierno local. “Si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca. Elegimos la OTAN. Elegimos el Reino de Dinamarca. Elegimos la Unión Europea”, afirmó.
Las declaraciones de la Casa Blanca también generaron preocupación entre representantes de los pueblos indígenas. Sara Olsvig, presidenta del Consejo Circumpolar Inuit, sostuvo que la insistencia de Washington en poseer Groenlandia ofrece “una imagen preocupante de cómo una de las mayores potencias del mundo ve a pueblos menos numerosos y vulnerables”, y remarcó que los inuit no quieren “ser colonizados nuevamente”.
Trump ha buscado justificar su postura al advertir que China y Rusia tendrían intereses estratégicos en Groenlandia, una región clave en el escenario geopolítico del Ártico. La Casa Blanca no ha descartado el uso de la fuerza para asegurar el control del territorio, una posibilidad que profundizó el rechazo de Europa y de las autoridades groenlandesas y reavivó el debate sobre los límites de la política exterior estadounidense frente a sus propios aliados.
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