La Iglesia anglicana, con una mujer como líder

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Sarah Mullally hizo historia ayer al convertirse oficialmente en la primera mujer en asumir el liderazgo espiritual de la Iglesia anglicana, tras jurar como arzobispa de Canterbury en una ceremonia celebrada en la catedral de San Pablo, en Londres.

A los 63 años, la exenfermera, casada y madre de dos hijos, pasó a ocupar el cargo más alto de una comunión religiosa con presencia en 165 países y millones de fieles en todo el mundo.

Antes de la ceremonia, Mullally prometió ejercer su liderazgo con “calma y compasión” en un tiempo marcado por la “división e incertidumbre en nuestro mundo fragmentado”. Aunque ya asumió legalmente el cargo, su entronización oficial tendrá lugar el próximo 25 de marzo en la catedral de Canterbury, momento en el que comenzará formalmente su ministerio público.

El nombramiento de Mullally representa un hito para la Iglesia anglicana, que autorizó recién en 2014 el acceso de las mujeres al episcopado. Cuatro años después, ella se convirtió en la primera obispa de Londres, un antecedente clave de su llegada a Canterbury.

En América Latina, la comunidad anglicana cuenta con cerca de 958.000 fieles, según bases de datos cristianas, con Brasil como el país con mayor número de creyentes, mientras que en España se estiman unos 20.000.

Su designación, anunciada en octubre, fue celebrada como un avance histórico, pero también generó fuertes resistencias. El arzobispo Henry Ndukuba, líder de la Iglesia de Nigeria, calificó el nombramiento de “devastador” y sostuvo que “la mayoría de los anglicanos” no desea que una mujer encabece la comunión. Las tensiones quedaron en evidencia durante la ceremonia, que fue interrumpida brevemente por los gritos de un hombre entre el público.

Mullally reconoció haber sentido misoginia a lo largo de su trayectoria, tanto en cargos seculares como dentro de la Iglesia, aunque destacó el “amplio apoyo” recibido, incluidos muchos hombres. La nueva arzobispa sucede a Justin Welby, quien renunció en noviembre de 2024 tras un escándalo por la gestión de denuncias de agresiones.

Iglesia anglicana
Sarah Mullally

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