Murió Aldrich Ames, el extopo de la CIA preso por espiar para Moscú
Edición Impresa | 8 de Enero de 2026 | 01:34
Aldrich Ames, uno de los espías más dañinos en la historia de Estados Unidos, murió el lunes a los 84 años mientras se encontraba bajo custodia federal. Ames, ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), cumplía una condena de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional tras haber sido sentenciado en 1994 por vender secretos de Estado a Moscú durante la Guerra Fría y sus años finales.
Según informó la Agencia Federal de Prisiones, Ames falleció tras pasar casi tres décadas encarcelado. A lo largo de 31 años de carrera en la CIA, se desempeñó principalmente como analista de contrainteligencia y llegó a ocupar un puesto clave como jefe de la rama soviética dentro del área encargada de detectar infiltraciones extranjeras, una posición que le dio acceso a información extremadamente sensible.
Entre 1985 y 1993, Ames traicionó a su país al vender información clasificada primero a la Unión Soviética y luego a Rusia, incluso después del colapso del bloque soviético. A cambio recibió más de 2,5 millones de dólares, una de las sumas más altas jamás pagadas a un espía estadounidense. Junto con su esposa, Rosario Ames, fue detenido y condenado tras una investigación que reveló el alcance devastador de su traición.
De acuerdo con la justicia estadounidense, la información entregada por Ames comprometió decenas de operaciones secretas y provocó la muerte de al menos una docena de agentes dobles que trabajaban para Washington dentro de la URSS. Además, al suministrar datos falsos y manipulados, llevó a que la CIA desinformara repetidamente a los presidentes Ronald Reagan, George H. W. Bush y a otros altos funcionarios sobre las capacidades militares soviéticas y cuestiones estratégicas clave.
El caso comenzó a desmoronarse cuando el ostentoso estilo de vida de Ames levantó sospechas entre sus colegas. A pesar de su salario como funcionario público, el exespía y su esposa poseían cuentas bancarias en Suiza, conducían un Jaguar y acumulaban más de 50.000 dólares anuales en gastos de tarjetas de crédito. Estas señales desencadenaron una investigación interna que culminó con su arresto en 1994.
El escándalo tuvo profundas consecuencias políticas y diplomáticas. El procesamiento de Ames intensificó las tensiones entre Washington y Moscú en un momento delicado, cuando ambos países intentaban redefinir sus relaciones tras la disolución de la URSS en 1991. El entonces director de la CIA, James Woolsey, terminó dimitiendo tras negarse a sancionar a otros funcionarios implicados en fallas de supervisión.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE