La cocina argentina conquistó Madrid: seis platos que cuentan el territorio

La gastronomía de nuestro país volvió a ocupar un lugar protagónico en la escena internacional durante Madrid Fusión, uno de los encuentros culinarios más influyentes del mundo

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Allí, una delegación nacional presentó una propuesta que puso el foco en el origen, la identidad y el producto, a través de un menú federal que recorrió distintas regiones del país. Bajo el lema “El origen como vanguardia”, Argentina desplegó un stand de más de 100 metros cuadrados que funcionó como vidriera de su diversidad gastronómica y cultural.

La curaduría estuvo a cargo del chef Dante Liporace, quien diseñó un recorrido gastronómico a partir de seis platos emblemáticos, cada uno inspirado en una ciudad o región distinta. La propuesta no buscó replicar recetas tradicionales de forma literal, sino reinterpretarlas desde una mirada contemporánea, combinando técnicas actuales con productos autóctonos y relatos identitarios. El resultado fue una cocina que dialoga con el pasado, pero se proyecta al mundo con lenguaje propio.

Desde el Noroeste argentino, el plato elegido fue un tamal morado elaborado con maíz criollo, relleno de charqui, tubérculos andinos y una jalea de ají. La preparación rindió homenaje a una de las expresiones más antiguas de la cocina regional, resaltando el valor del maíz como alimento fundacional y la potencia de los sabores ancestrales, reinterpretados con una presentación moderna y delicada.

Jujuy, María Florencia Rodríguez

Santa Fe aportó una lectura contemporánea del río Paraná con la boga como protagonista. En el plato, el pescado se combinó con panceta ahumada, alcauciles y un cremoso cítrico, además de arroz y carbón como elementos de textura y profundidad. La elección buscó revalorizar un producto históricamente subestimado y mostrar su potencial gastronómico cuando se trabaja con técnica y precisión.

La región de Cuyo estuvo representada por una trilogía de tomates, que combinó distintas texturas y técnicas: tomate fresco, tomate confitado y tomate fermentado, acompañados por una espuma de ajo blanco y caviar de aceitunas negras. Un plato que puso en primer plano la calidad del producto, la estacionalidad y el trabajo agrícola, con una estética limpia y contemporánea.

Mar del Plata, Patricio Negro

Desde la costa atlántica, Mar del Plata dijo presente con una preparación de anchoas, uno de los productos más representativos del litoral marítimo argentino. El plato propuso una lectura actual de este clásico, resaltando la salinidad, la textura y la nobleza del pescado, y posicionándolo como un ingrediente de alta cocina, más allá de su uso tradicional.

La Mesopotamia aportó un plato de fuerte identidad fluvial: boga de río con panceta ahumada y alcauciles, una combinación que puso en valor los pescados de agua dulce y las técnicas de cocción ligadas al entorno ribereño. La preparación destacó el potencial gastronómico de los ríos argentinos, muchas veces relegados frente a los productos del mar.

Santa Cruz, Alejandra Repetto

La Patagonia estuvo representada por un tartar de charqui de guanaco y cordero patagónico, acompañado por frutos rojos. El plato expresó el carácter austero y salvaje del sur del país, con sabores intensos, carnes nobles y una impronta que remite al paisaje, al frío y a la cocina de supervivencia, reinterpretada con sensibilidad contemporánea.

Finalmente, Misiones cerró el recorrido con una versión del Vigilante misionero, un postre que integró productos emblemáticos de la región como la yerba mate, la mandioca y una madera comestible desarrollada especialmente para la ocasión. Una propuesta que sorprendió por su originalidad y que llevó al terreno dulce los sabores y aromas del Litoral.

La participación argentina en Madrid Fusión dejó en claro que la cocina nacional atraviesa un momento de madurez y proyección. Lejos de apoyarse únicamente en estereotipos, el menú federal mostró una gastronomía diversa, conectada con el territorio y capaz de dialogar con las grandes cocinas del mundo desde una identidad propia. Una confirmación de que el futuro de la cocina argentina se construye mirando al origen.

 

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