El viaje que me convirtió en padre
Edición Impresa | 1 de Marzo de 2026 | 02:12
Durante años fui un padre a medias en La Plata. Supe que tenía un hijo cuando ya era tarde para entusiasmarme y demasiado temprano para asumir lo que implicaba. Su madre se fue a Miramar de Ansenuza, a orillas de la laguna inmensa, y yo me quedé con excusas: el trabajo, la distancia, la plata. En realidad era miedo.
Lo vi crecer en fotos sueltas. Cumpleaños, guardapolvos, una bicicleta nueva. Yo aparecía en su vida como una transferencia bancaria y un llamado incómodo en fechas especiales. Hasta que un día me escribió él. No su madre. Él. Me dijo que si quería podía visitarlo.
Viajé sin saber qué decir. Cuando lo vi esperándome en la terminal, entendí que el tiempo no vuelve pero todavía se puede hacer algo con lo que queda. No hubo reproches. Caminamos por la costanera, me habló de la escuela, de sus amigos, de la laguna que parece mar cuando sopla el viento.
Volví a La Plata distinto. Mi departamento me quedó chico y mi rutina, vacía. Ahora estoy ordenando mi vida para mudarme. No sé cómo será empezar de nuevo en otro lugar, pero sé que no quiero seguir siendo una voz lejana.
No puedo recuperar los años que no estuve. Pero puedo estar ahora. Y esta vez pienso quedarme.
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