Trump presiona al mundo: quiere blindar el flujo de petróleo

Con el tráfico prácticamente paralizado en Irán por el conflicto, el presidente de EE UU exige apoyo militar internacional para garantizar la circulación de crudo

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En un mensaje cargado de dramatismo y advertencias, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reclamó el apoyo urgente de otros países para garantizar el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz, un paso marítimo vital que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y por donde circula habitualmente cerca del 20% de la producción global de crudo.

La ofensiva diplomática del mandatario se produjo cuando el bloqueo impulsado por Irán mantiene prácticamente paralizada la ruta energética más importante del planeta. A través de su red Truth Social, Trump aseguró que varios países afectados por esta “restricción artificial” deberán enviar buques de guerra para escoltar el paso de los petroleros junto a la flota estadounidense.

El líder republicano mencionó especialmente a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, potencias altamente dependientes del suministro energético que atraviesa esa zona. “Se verán obligados a actuar”, dejó trascender el presidente, quien busca construir una amplia alianza naval internacional para impedir que Teherán estrangule el flujo mundial de petróleo.

Trump endureció aún más su discurso al afirmar que Irán está “completamente derrotado” tras los bombardeos conjuntos lanzados por Washington e Israel desde finales de febrero. Incluso advirtió que podría haber nuevos ataques “muy fuertes” durante la próxima semana si Teherán no retrocede.

La guerra ya dejó escenas devastadoras. Los ataques a gran escala contra infraestructuras iraníes provocaron la muerte del líder supremo Alí Khamenei, un hecho que marcó un punto de no retorno en la escalada militar. Según el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, el conflicto entró en su “fase decisiva”, mientras llamó al pueblo iraní a levantarse para poner fin al enfrentamiento.

En las últimas horas, un misil impactó en la zona industrial de Isfahan y causó al menos 15 muertos, según informaron medios estatales iraníes. Las sirenas de alarma y las explosiones se repiten a diario en varias ciudades de la región, mientras los ataques cruzados elevan la tensión al máximo.

El conflicto se extiende

La guerra ya no se limita a Irán e Israel. Las hostilidades se expandieron a varios frentes, dejando un saldo creciente de víctimas y destrucción.

En Jerusalén se registraron fuertes explosiones tras un nuevo ataque iraní, mientras que en Gaza al menos seis personas murieron por bombardeos israelíes. El Líbano se convirtió en otro escenario crítico: desde el inicio de los enfrentamientos entre Israel y el movimiento proiraní Hezbolá, el 2 de marzo, se contabilizan más de 800 muertos.

El impacto también llegó a Irak, donde la embajada estadounidense en Bagdad fue atacada con drones. Emiratos Árabes Unidos denunció que su consulado en el Kurdistán iraquí sufrió un segundo ataque en menos de una semana, mientras que Jordania aseguró haber interceptado 79 misiles y drones iraníes en apenas siete días.

Catar, por su parte, informó haber derribado dos misiles tras evacuar zonas estratégicas, evidenciando el temor creciente a que el conflicto se transforme en una guerra regional a gran escala.

Ataques al corazón petrolero de Irán

En un intento por golpear la economía iraní, Estados Unidos bombardeó la isla de Jark, ubicada a unos 30 kilómetros de la costa del país y considerada la principal terminal de exportación petrolera de Teherán.

Trump afirmó que los ataques destruyeron “por completo” objetivos militares en la isla, donde se escucharon al menos 15 explosiones. Sin embargo, la agencia iraní Fars negó que la infraestructura energética haya sufrido daños significativos.

La respuesta iraní no tardó en llegar. El ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi, advirtió que cualquier ataque contra instalaciones energéticas del país será respondido con acciones directas contra empresas estadounidenses en el Golfo.

El bloqueo del estrecho de Ormuz ya genera consecuencias concretas. Aunque algunos barcos lograron cruzar la zona —como dos buques con bandera india que lo hicieron en las últimas horas— el tránsito sigue fuertemente restringido.

La incertidumbre desatada por la guerra impulsó un fuerte aumento del precio del petróleo. Desde el inicio del conflicto, el barril de Brent, referencia internacional, subió más de un 42 % y se ubica en torno a los 100 dólares, un nivel que amenaza con impactar de lleno en la inflación y el crecimiento económico global.

Los mercados internacionales observan con preocupación la posibilidad de que el conflicto derive en un shock energético similar o incluso superior al de crisis anteriores.

Presiones diplomáticas

En medio del clima de máxima tensión, el secretario general de la ONU, António Guterres, viajó a Beirut para intentar abrir una vía de diálogo que permita al menos frenar la escalada en el frente libanés. “Estamos haciendo todo lo posible para lograr una desescalada inmediata”, afirmó el diplomático portugués, quien aseguró que su equipo mantiene contactos permanentes con todas las partes.

En un movimiento inusual, el grupo islamista Hamás pidió a Irán que evite atacar a los países vecinos del Golfo, en un intento por contener la expansión del conflicto.

Sin embargo, Estados Unidos prepara el envío de nuevos refuerzos militares a la región. Medios estadounidenses hablan de unos 2.500 marines adicionales y el despliegue del buque de asalto Tripoli, en lo que sería el mayor operativo militar estadounidense en Medio Oriente en décadas.

Con el flujo energético global en juego, la presión de Trump para construir una alianza internacional que garantice el tránsito de crudo refleja el temor de Washington a que Irán logre asfixiar la economía mundial mediante el control de Ormuz.

Mientras los bombardeos continúan y el precio del petróleo sigue en alza, la guerra no solo redefine el equilibrio político en Medio Oriente: también abre la puerta a una crisis económica global que podría sentirse en todos los continentes.

 

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