Entre el “AFA-gate”, las polémicas internas y la presión social, el Gobierno enfrenta un desgaste creciente
Edición Impresa | 15 de Marzo de 2026 | 03:05
Germán López
“La Jefa” -hoy más jefa que nunca- tuvo que salir a desmentir lo que poco antes había afirmado Gregorio Dalbón, mientras acompañaba a Pablo Toviggino este miércoles a la salida de los tribunales de Avenida de los Inmigrantes. Hasta allí el tesorero de la AFA había llegado para declarar ante el juez en lo Penal Económico Diego Amarante en una causa por presunta retención indebida de impuestos y aportes sociales.
“Conmigo ustedes no tienen nada que arreglar. Están en manos de la Justicia y, si son culpables, tendrán que pagar con todo el peso de la ley”, escribió Karina Milei en su cuenta de X en respuesta a las declaraciones de Dalbón.
El locuaz letrado había sostenido que la causa contra los dirigentes de la AFA era en realidad un montaje del Gobierno para quedarse con la entidad rectora del fútbol argentino. “Se va a terminar arreglando políticamente... No con Santiago Caputo, pero posiblemente con Karina. Porque es evidente que el Estado, si hace cuatro meses que habla de la AFA, es porque se quiere quedar con la AFA”, afirmó.
Las declaraciones de Dalbón -quien también asesora a Cristina Kirchner- generaron confusión, ya que el abogado acompañaba a Toviggino y se movía a su lado como un guardaespaldas. Sin embargo, pocos minutos después, el abogado Marcelo Rocchetti, que encabeza la defensa técnica de los dirigentes de la AFA, aclaró que Dalbón no representa a Claudio Tapia ni a la conducción de la entidad.
El propio Rocchetti tomó distancia de esas afirmaciones y señaló que su cliente “no comparte esos comentarios”. Algunas fuentes señalaban incluso este jueves que, luego de sus dichos, Dalbón había sido “eyectado” de la AFA.
INTERPRETACIONES CONSPIRATIVAS
Tras el llamativo episodio, comenzaron a circular interpretaciones conspirativas sobre la estridente irrupción del mediático abogado. Según esa lectura, Dalbón no habría actuado por cuenta propia y sus declaraciones buscarían mantener en la vidriera la sospecha de que la designación de Juan Bautista Mahiques al frente del Ministerio de Justicia estuvo vinculada -de algún modo- a un supuesto pacto subterráneo con la conducción de la AFA.
La maniobra apuntaría a embarrar la cancha y colocar al Gobierno a la defensiva. Algo que, al menos en parte, habría ocurrido: la inesperada reacción pública de Karina Milei -que rara vez interviene en debates de este tipo- pareció confirmar que el mensaje logró impactar en el corazón del poder. Según esta interpretación, el llamado “AFA-gate” estaría siendo utilizado desde la política para golpear al Gobierno en un flanco sensible. El hecho de que el flamante ministro de Justicia haya tenido que inaugurar su gestión con una ronda de declaraciones destinadas a desmentir presuntas vinculaciones con los jefes de la AFA sería, en sí mismo, un síntoma de esa fragilidad.
Muchos sostienen que, por su trayectoria, Dalbón no debería ser tomado demasiado en serio. Pero si así fuera, surge una pregunta inevitable: ¿por qué una funcionaria tan encumbrada como Karina Milei termina respondiéndole de forma tan directa?
LA POLÉMICA CON ADORNI
El episodio coincide, además, con otro frente incómodo para el Gobierno. Esta semana estalló una polémica que puso en el centro de las críticas al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por haber incluido a su esposa en la comitiva oficial que viajó a Nueva York en el avión presidencial y haber viajado junto a su familia a Punta del Este en un jet privado.
Más allá de las facturas políticas que algunos parecen estar cobrando al funcionario por sus ásperos modales, el caso vuelve a poner en discusión la austeridad proclamada por el Gobierno en esta nueva etapa de “moralidad” anunciada por Javier Milei al inaugurar el período de sesiones legislativas. El episodio es menor si se lo compara con abusos del pasado -Cristina Kirchner llegó a trasladar diarios y muebles en los aviones presidenciales-, pero adquiere relevancia porque el propio Adorni defendió en agosto de 2024 un decreto que prohibía el uso de aeronaves oficiales para trasladar familiares de funcionarios, como parte del paquete de medidas de austeridad.
LA INFLACIÓN, LAS DIETAS Y LA GENTE
El “affaire” se conoció el mismo día en que el IPC de febrero marcó 2,9% y volvió a mostrar su resistencia a descender, y en la misma jornada en que los senadores anunciaron que sus dietas pasarán a 11 millones de pesos. Son datos que contrastan con una realidad social cada vez más difícil: según cifras de la UCA, el 61,1% de los argentinos se saltea comidas porque no le alcanza el dinero, el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos para reducir gastos, el 56,2% reconoce que come menos y peor y el 22,6% directamente no come durante la jornada laboral.
Con ese telón de fondo no sorprende que la ansiedad social haya aumentado y, con ella, la impaciencia frente al rumbo de la economía. Algo de ese clima empieza a reflejarse en los sondeos. La última encuesta de Giacobbe & Asociados muestra que, por primera vez en meses, la imagen negativa de Javier Milei supera a la positiva: la desaprobación alcanza el 49,6%, mientras que la valoración favorable cae al 41,7%, después de haberse mantenido durante buena parte de 2025 cerca del 50%.
En el mismo estudio, el 51,8% de los consultados expresa una opinión negativa sobre la gestión y cerca del 48% considera que el Gobierno está haciendo sufrir a la gente “sin sentido” en el actual contexto económico.
En política, muchas veces los episodios menores terminan teniendo consecuencias mayores porque revelan algo más profundo que el hecho que los origina. El problema para el Gobierno no es Dalbón, ni la AFA, ni siquiera el viaje de Adorni. El problema es que cuando una gestión construye su legitimidad sobre la promesa de superioridad moral, cualquier inconsistencia -por pequeña que sea- deja de ser un detalle y empieza a transformarse en un problema político.
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