Mejorar en defensa pasó a ser una obligación con carácter de tarea urgente

Ataca con buenas variantes y apetito manifiesto. Ese es el rasgo destacado en una formación que entusiasma y preocupa en sus formas

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Por MARTIN MENDINUETA

@firmamendinueta

Algo está claro en la nueva identidad de Gimnasia: Ataca mucho mejor de lo que se protege y por eso, terminó el fin de semana cargado de impotencia.

Después de un inicio que despertó ilusiones concretas (se puso arriba dos veces en el tanteador), arruinó su tarde por completo recibiendo tres goles, y el último mediante un error grosero que terminó con gol en contra.

Cuando se disipe la enorme bronca tendrá que intensificar el trabajo diario en el funcionamiento defensivo. Así como se advierte una propuesta fresca y atrevida de tres cuartos de cancha hacia adelante, lo de la última línea ha trepado a un escalón preocupante.

Quedarse sólo con el lamento por el gol en contra (tremenda falla técnica en el despeje de Enzo Martínez) cuando iban 48 minutos de juego, sería una mirada parcial, incompleta y equivocada. Defiende sin entregar seguridad. Le falta solidez y los dos goles anteriores ratifican este diagnóstico.

Debe revisar el libreto que utiliza para resguardar su arco. Lo está haciendo mal. Los tres goles recibidos tuvieron un condimento de facilidades que no debió entregarle al rival.

NACHO CONDUCE CON ACIERTO Y VARIOS SABEN ACOMPAÑARLO

Cuando el Lobo tiene el balón transmite la sensación de que algo bueno va a suceder. Eso no es poco. Tiene un gran mérito.

La cuestión es que le cuesta demasiado sostenerlo porque atrás comete equivocaciones que no están a la altura de ese crecimiento ofensivo.

 

Le convirtieron al Lobo proveniente de un saque lateral. Eso sólo se corrige marcando mejor

 

La dupla de zagueros está en el ojo de la tormenta. Tienen que ser los principales guardianes del arquero y no lo consiguen.

Fernando Zaniratto tendrá que pensar en posibles soluciones porque necesita darle sustento al entusiasmo que genera el equipo cuando se propone atacar.

Una cosa es sufrir en varios momentos de un encuentro (no hay equipo que gane sin atravesar pasajes de cierta angustia) y otra, muy diferente, no hacer pie cuando el oficio debe estar presente.

En un reencuentro que sus hinchas esperaron con mucha ilusión el equipo falló en el cincuenta por ciento de su labor. Eso no le puede volver a ocurrir de un modo tan manifiesto.

GIAMPAOLI, EN MUY BAJO NIVEL, ESTÁ PARA PERDER LA TITULARIDAD

Gimnasia no tiene un “jefe” en defensa. Le falta un líder que sea efectivo en su función, que desbarate los focos de peligro y que también ordene a sus compañeros. Más rechazos (por abajo y en el juego aéreo) e inconfundible voz de mando es lo que debe encontrar para sostener lo que construye de mitad de cancha hacia adelante.

La coyuntura, que se volvió antipática en la parte final del domingo, obliga a preguntar por la recuperación que viene llevando a cabo Germán Conti. Allí puede estar, en breve, un cambio que apunte a elevar la vara de rendimiento en un sector decisivo.

Esta vez el banco de suplentes entregó una brisa de frescura con el atrevimiento del colombiano Juan José Pérez. El DT tendrá que buscar allí parte de las soluciones que necesita.

Enfrentó a un buen equipo con muy respetable trato del balón, aunque en el ambiente brotó la certeza de que perdió por una letal combinación de carencias y errores.

El fastidio y la decepción no debieran arruinar un presente que tiene margen de maniobra.

Gimnasia

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