Clubes de barrio al rojo y necesitados de ayuda para existir
Edición Impresa | 2 de Marzo de 2026 | 02:37
Por una brusca caída en el pago de las cuotas mensuales por parte de los socios, ante el aumento de las tarifas de servicios y también por la situación estacional que hizo que en enero y febrero las actividades disminuyeran, los más de 200 clubes de barrio de la Región buscan con esfuerzos mantener las actividades para atender a los muchos miles de chicos, jóvenes y adultos distribuidos en entidades de La Plata, Berisso y Ensenada.
Estas instituciones, ligadas a la mejor historia de nuestra zona, están luchando diariamente “como pueden”, frente a la crisis económica que las condiciona y pone en riesgo de cierre, con obras paralizadas en sus predios y con inversiones nulas.
Según dijeron directivos de distintos clubes, en diciembre pasado, como se veían venir a este panorama, para compensar la falta de pago de las cuotas mensuales –cuestan entre los 3 y los 15 mil pesos- intentaron generar alguna reserva, pero ello fue un objetivo de imposible cumplimiento para la mayoría.
El secretario de uno de los clubes más tradicionales de la Región señaló que “finalizamos el año pasado con una merma y un retraso en el pago de la cuota que superaba el 35 por ciento. Subsistimos como podemos”. La mayoría de las entidades dijo estar en ese o parecido porcentaje de cuotas impagas.
Entre las consecuencias se menciona retrasos en el pago de impuestos y servicios (buscándose “renegociar esos pagos( y la imposibilidad de realizar tareas de mantenimiento, compensándose esto último mediante esfuerzos enormes para evitar que distintas prácticas, talleres y entrenamientos dejaran de realizarse. Las obligaciones son múltiples, entre ellas el pago a profesores y al personal.
Lo primero que debiera advertirse es que esto ocurre cuando, claramente, existe una mayor propensión en gente de toda edad a realizar actividades físicas y deportivas, en un marco de insistentes recomendaciones médicas en favor de la vida sana y entre otros factores el crecimiento del uso de las redes sociales y, en consecuencia, de la vida comunitaria, inducen a una mayor afluencia de personas de toda edad a los clubes vecinales.
Lo cierto es que esa creciente presencia de personas se topa con la imposibilidad de los clubes para expandirse y absorber esa demanda, al punto de que algunas instituciones de la Región se vieron obligadas a recurrir a gimnasios privados o a patios de escuelas para poder desarrollar sus diversas actividades.
Frente a la aguda crisis económica que golpea desde hace mucho tiempo, la mayoría de ellas tuvo que ir ajustando los valores de las cuotas sociales, así como también los de algunas prestaciones específicas que brindan, con la idea básica de mantener las instalaciones y poder pagar las distintas obligaciones que enfrentan –sueldos, tasas, tarifas impuestos y otros servicios que ofrecen-, aun cuando se esmeraron en no convertirlas en inalcanzables para los bolsillos de sus socios.
Por lo que han significado y siguen significando en el logro de mejoras de todo tipo para sus zonas de influencia -supliendo, incluso, en más de una oportunidad la acción oficial-, por el papel fundamental desempeñado en el dictado de cursos de distintas disciplinas y oficios, en la disponibilidad de bibliotecas sobre todo para los chicos en edad escolar o en el desarrollo del deporte y la cultura de todas las barriadas de la Ciudad, se torna indispensable ahora que el Estado contemple debidamente estas situaciones, de modo de apoyar y asegurar la continuidad de cada una de las instituciones, que hoy se encuentran desafiadas por una creciente demanda y por las nuevas y muy graves dificultades económica que deben enfrentar.
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