Murió Michel Rolland, el enólogo que revolucionó el vino argentino y lo llevó al mundo
| 21 de Marzo de 2026 | 14:57
El reconocido enólogo francés Michel Rolland murió el jueves por la noche en Burdeos a los 78 años, tras sufrir un infarto. La noticia fue confirmada por el medio francés Sud Ouest y generó un fuerte impacto en la industria vitivinícola global.
Considerado uno de los grandes referentes del vino a nivel internacional, su fallecimiento marca el cierre de una etapa clave para el sector. Su vínculo con la Argentina, especialmente con Mendoza, fue central a lo largo de su carrera: incluso había participado hace pocas semanas de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
El “flying winemaker” que cambió la industria
Nacido en Libourne, en el sudoeste francés, Rolland se formó en el Instituto de Enología de Burdeos y creció en una familia dedicada al vino. Junto a su esposa, Dany, fundó un laboratorio que luego derivó en una consultora internacional.
Desde la década de 1980, se convirtió en una figura clave del negocio vitivinícola y en un pionero de la figura del flying winemaker, el enólogo itinerante que asesora bodegas en distintos países.
A lo largo de su trayectoria, trabajó con más de 300 bodegas en 22 países, desde Estados Unidos hasta Armenia, y se transformó en un referente global. Su influencia también se consolidó de la mano del crítico Robert Parker, uno de los más influyentes del mundo.
Un estilo influyente, entre la admiración y la polémica
Rolland impulsó un estilo de vinos más estructurados, intensos y con gran volumen en boca, que redefinió los estándares internacionales y ayudó a posicionar nuevas regiones productoras.
Sin embargo, su mirada también generó críticas. Algunos especialistas lo cuestionaron por favorecer cierta homogeneidad en los vinos, priorizando perfiles más comerciales por sobre la identidad de cada terruño.
El propio enólogo rechazaba esa idea y defendía su enfoque: sostenía que el “terroir” era el factor central y desafiaba a identificar un supuesto “estilo Rolland” en catas a ciegas.
Su historia de amor con la Argentina
Rolland fue uno de los primeros enólogos internacionales en apostar por la Argentina. Llegó al país en 1988 convocado por Arnaldo Etchart en Cafayate, en lo que definió como el inicio de una “aventura”.
Con el tiempo, se convirtió en un actor clave en el desarrollo del vino argentino y en la proyección internacional del Malbec. Fue socio fundador de proyectos emblemáticos como Clos de los Siete y desarrolló su propia bodega en Vista Flores.
También impulsó iniciativas gastronómicas, como su restaurante en Puerto Madero, y asesoró bodegas en todo el país, desde Salta hasta Neuquén.
Solía resumir su vínculo con una frase que repetía en entrevistas: “Francia es para vivir, Estados Unidos para trabajar y Argentina para disfrutar”.
Un legado que marcó época
Padre de dos hijas, Rolland deja una huella profunda en la industria, tanto por su alcance global como por el debate que generó su visión del vino.
Desde Clos de los Siete lo despidieron con un mensaje que sintetiza su impacto: lo definieron como un hombre que no solo transformó la manera de hacer vino, sino también la forma de pensarlo.
La noticia de su muerte generó repercusiones inmediatas. Desde Mendoza, autoridades y referentes del sector destacaron su rol clave en el posicionamiento del vino argentino en el mundo y su aporte a una industria que hoy compite en los mercados más exigentes.
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