Satoshi Kon vuelve al cine: viaje al límite de lo real
Edición Impresa | 25 de Marzo de 2026 | 04:57
Por PEDRO GARAY
Las salas de cine siguen buscando espectadores en el pasado, trayendo películas de otros tiempos para alimentar la nostalgia de un público deseoso de escapar de esta densa realidad. Pero en esa marea de reestrenos (y secuelas y demás), uno de los regresos más insólitos lo protagoniza Satoshi Kon, el cineasta japonés que reestrenó tres de sus películas este año, pero que nunca había estrenado comercialmente una película en Argentina.
La tercera de sus películas en reestrenarse es “Millennium Actress”, aparecida en cines japoneses hace 25 años: otro asombroso despliegue visual de parte de un maestro que llevó las técnicas de la animación a sus límites y más allá mientras fundía realidad y ficción, sueño y vigilia, en películas como torbellinos, como vórtices.
Ese sello distintivo de su cine lo convirtió en cineasta de culto, pero también lo mantuvo alejado del consumo masivo fuera de Japón, donde la animación era (sigue siendo en buena medida) pensada para chicos. La cultura global no había por entonces abrazado como hoy a la animación japonesa, que obsesiona a los jóvenes de todo el mundo, incluidos los nuestros, en la actualidad.
Esa es una de las razones de este ciclo de películas de Kon que, por primera vez, se ven en cines nacionales. La otra tal vez tenga que ver con la manera en que el realizador profetizó el presente solitario, fragmentado, pesadillesco e hipertecnológico de las sociedades capitalistas.
El cine de Kon, fallecido hace casi 16 años, asoma en ese sentido en las pantallas locales casi como una profecía cumplida de las sociedades poscapitalistas, en particular dos de las películas que fueron parte del ciclo, “Paprika” y “Perfect Blue”. Su inmersión en el terreno de la mente, los sueños y el inconsciente de los personajes pareció haber enviado a Kon a través de una ominosa madriguera de conejo que le permitió destapar lo que está escondido debajo de la superficie del relato brillante del progreso. Allí, en los límites entre la realidad, el sueño y las alucinaciones, parece haber encontrado algo que pugnaba por salir a la superficie, un pus espectacular y reprimido.
En su momento esos viajes oníricos, a menudo confusos para protagonistas y espectadores, fueron leídos como un viaje a los extremos de la psique humana, delirios de cine que habilitaban espectaculares juegos formales: su cine pasó a ser reducido a superficies de placer. Hoy, sin embargo, esas películas parecen revelar nuestro presente, nuestro ansioso y vertiginoso siglo XXI.
La película
La tercera de esta saga de películas de Kon en llegar a los cines argentinos, el estreno de mañana, es de todos modos una propuesta más amable: el japonés jugó todo el tiempo con los límites de los géneros de la misma manera que caminaba por la cornisa entre la realidad y la fantasía, fusionando todo; y no solo se dedicó al thriller psicológico, también escribió dramas y comedias. “Millennium Actress” es uno de esos dramas, y una carta de amor al cine, además.
La película trata de un grupo de periodistas de televisión que se dirigen a entrevistar a Chiyoko Fujiwara, una importante actriz de cine que se retiró abruptamente de la escena hace treinta años. A partir de esa entrevista vamos a ir reviviendo los momentos más importantes de su vida hasta su retiro.
Pero no de manera lineal, claro: el director mezcla presente y pasado, realidad y ficción, saltando todo el tiempo entre la entrevista y los recuerdos y mezclando también la biografía de la actriz con sus personajes. Las transiciones, dinámicas, fluidas y creativas, que Kon realiza entre las imágenes del pasado y el presente, de la fantasía y la realidad, es objeto de estudio en las escuelas de cine y ha trascendido el género de la animación, influyendo en la obra de cineastas internacionales de renombre como Michel Gondry y Damien Chazelle.
En “Millennium Actress” Kon recorre la historia del cine japonés a través de una actriz
La técnica de montaje que une dos escenas de diferentes dimensiones de la realidad es más que un recurso estilístico, en “Millennium Actress” y en su obra: como espectadores estamos, ante esta mezcla de tiempos y realidad, tan o más confundidos que la protagonista. Kon muestra con su cine lo caprichoso de la invisible línea que hay, que dibujamos arbitrariamente, entre lo real y lo ficticio, entre lo mental y lo real.
Kon murió, de hecho, mientras encaraba un proyecto que prometía llevar esta obsesión suya a nuevas alturas: “Dreaming Machine”, “La máquina de soñar”, quedó trunca en mayo de 2010, cuando el cineasta fue diagnosticado con cáncer de páncreas terminal. La muerte del cineasta que fue prácticamente plagiado en películas de Hollywood como “Inception”, “Requiem para un sueño” y “El cisne negro” solo engrandeció su figura. Ahora regresa a los cines, ya no como una advertencia hacia el futuro, sino como un recordatorio del presente.
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