La Portuaria: “La mejor manera de abordar las cosas es poética y humorística”

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Cada tanto, La Portuaria se junta a tocar. La banda de Diego Frenkel formada en los 90 e inmediatamente distinguible por un sonido que escapa a los cánones del rock nacional, más cerca de las exploraciones rítmicas de David Byrne que de las melodías barrocas de Fito Páez, se separó en el 96, volvió entre 2001 y 2010 y se reunieron para algunas presentaciones entre 2018 y 2023.

Y ahora han vuelto con nuevos planes discográficos, los primeros desde “La vaca atada”, de 2008: con algunos adelantos del disco por venir se presentarán en la Ciudad mañana en la sala de 43 entre 7 y 8. Frenkel sigue al frente, único miembro de los fundadores, y vuelven al grupo Fernando Samalea, parte de la última reunión y “parte del riñón de donde salió La Portuaria, Clap, nuestra primera banda”, apunta Frenkel;  y Sebastián Schachtel (presente desde “Escenas de la vida amorosa”, disco de 1991), pero no está en esta ocasión Christian Basso, miembro fundador y compositor de varios de los grandes éxitos de la banda junto a Frenkel, que había vuelto al grupo en 2018. Completan el combo la bajista Maria Eva Albistur y Leon Frenkel, hijo de Diego, en guitarra.

“Todo comenzó cuando nos reencontramos con Sebastián Schachtel, y empezamos a componer sin demasiados fines. Nos dimos cuenta que lo que componíamos podía ser y pertenecer a La Portuaria”, cuenta sobre esta vuelta Frenkel, en diálogo con EL DIA. Ahí, cuenta, encontraron también viejos materiales, que habían quedado en suspenso en los días de la banda, “y mezclamos eso nuevo que empezamos a hacer con esto que estaba guardado en un cajón, que revivimos, modificamos, regrabamos… Y se armó un repertorio en camino a un disco”.

Entonces, sumaron a Samalea y a Albistur, que venía tocando en su banda solista. “En paralelo, nos llamaron del Quilmes Rock, y ese fue un estímulo absoluto: dijimos ‘vamos’. En simultáneo, empezamos a armar el vivo de La Portuaria, el nuevo show, y el disco”. El disco todavía está por lanzarse, y luego vendrán los conciertos del disco, y Frenkel promete que la nueva reunión tiene algo de proyección, “si no, no estaríamos sacando un álbum”, aunque “veremos cómo se va dando, cada uno tiene otras cosas”.

“Trato de correrme de todos los deber ser, no sirven para nada”

Diego Frenkel, voz y compositor de La Portuaria

En La Plata, entonces, no va a sonar el disco todavía inédito, pero sí “El animal humano”, el primer adelanto de ese trabajo discográfico. “Y alguna sorpresa especial para La Plata”, lanza Frenkel, que cuenta que, además, habrá desde ya un repaso por las distintas épocas de la banda: “Fundamentalmente tocamos las canciones que nos conectan con la gente: no falta ningún tema popular porque son temas que nos representan”.

“El animal humano” habla de la condición humana. “El animal humano siempre lleva en la mano / un palo para hacerse valer”, canta Frenkel en consonancia con tiempo de bombas y distopías. “Es un momento de replanteo de la condición humana”, dice al respecto. “La letra tiene humor, y me parece que la mejor manera de abordar determinadas cosas es poética y humorística”.

Y a la vez, sigue, “la canción abre en un estribillo, con una épica que es la de seguir adelante más allá de la existencia, sobreviviendo, pero con el alma sobreviviendo: siempre tengo fe en el sentimiento y en la ética del amor, porque no creo que haya otra vía que la palabra amor. Por supuesto, es una palabra muy grande y no se refiere netamente al amor romántico de pareja, sino a la forma de consideración, la vinculación con un otro, la otredad y la Tierra, el universo”.

“Está”, continúa Frenkel, “el amor místico, el amor religioso, está el amor a los hijos, el amor a la raíz, el amor a la naturaleza, el amor entre los seres humanos, y desde el punto de vista amoroso, que no significa además ni blando ni tolerante a situaciones de violencia y de adversidad. La espiritualidad de la música siempre ha sido para decir ‘conectémonos con lo que es un poco más grande, no nos hundamos en la miseria, que es una propuesta de este mundo: la miseria de la individualidad, el imperio del shop… Hay una ruptura ética, una falta de rumbo en la ética”.

Frenkel siempre ha sido un tipo inquieto, de preocupaciones musicales y temáticas amplias, y hacer un álbum bajo La Portuaria implica no solo volver a trabajar en grupo, dejando de lado el solista, sino componer bajo ese nombre, esas expectativas. Pero él dice que siente “más libertad” ante esta situación, y no presión por escribir de cierta manera. “Toda situación que me cuadra en un límite, de una sonoridad, de compañías con las que trabajo, ayuda a la libertad. El límite ayuda a la libertad: a la libertad de compartir, ‘es hasta acá’, eso te encuadra, te da una guía desde el punto de vista de lo creativo, lo compositivo”, responde. “El nombre no me genera presión sino un marco de lenguaje que es La Portuaria, que no soy yo solo, que no refleja estrictamente esos espacios donde yo estoy solo en mi intimidad con una canción, aunque hay canciones surgidas de ahí, pero siempre con la con una conciencia grupal. En cuanto al nombre como una exigencia de un deber ser, trato de correrme de todos los deber ser, no sirven para nada”.

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