Historietas para chicos, un género que sigue resistiendo
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 04:23
Leer historietas en la infancia es casi un rito de iniciación. El formato ágil, la combinación de imagen y texto, y la inmediatez narrativa siempre sedujeron a los más chicos. Sin embargo, durante décadas la oferta nacional para el público infantil fue escasa: Mafalda, Patoruzú, Anteojito y Billiken representaban prácticamente todo lo disponible. El resto era un espacio vacío. Y como todo espacio vacío, alguien terminó por habitarlo.
Desde hace aproximadamente dos décadas, un conjunto de editoriales independientes fue ocupando ese lugar de manera silenciosa pero sostenida. Proyectos novedosos construyeron catálogos propios, con ilustradores y guionistas argentinos, temáticas locales y una apuesta clara por los lectores más jóvenes.
El crecimiento del género no fue solo editorial. Las plataformas de streaming popularizaron las adaptaciones de historietas como nunca antes, y las grandes editoriales comenzaron a incorporar cómics y novelas gráficas en sus catálogos. En paralelo, las comiquerías se multiplicaron y las librerías tradicionales les abrieron un lugar en sus estantes. La historieta es una opción de peso dentro del circuito lector.
En este ecosistema en expansión, los sellos independientes apuestan por la diversidad temática —familias, diferencias, bullying, aventura— y por el vínculo directo con sus lectores a través de talleres, ferias y eventos escolares. Muchos chicos, luego de leer, quieren también crear. El género no solo suma lectores: forma autores.
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