Rumania: el reino sin rey

Un país que es república pero tiene dos cortes reales enemigas entre sí. La historia novelesca de una dinastía que sobrevivió el exilio, la guerra fría y sus propios escándalos

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Virginia Blondeau

marioyvirginia@yahoo.com.ar

Siempre que nos cuestionamos el futuro de las monarquías en Europa vienen a nuestra memoria las palabras que dijo en 1952 el rey egipcio Faruk: “En el 2000 habrá en el mundo solo cinco reyes: la reina de Inglaterra y los cuatro del mazo de cartas”. Aunque se equivocó, su razonamiento tenía cierta lógica ya que aún estaba fresca la caída de las monarquías de Italia, España, Austria y Alemania.

Pero, aunque soplaban aires republicanos, en la segunda mitad del siglo XX la institución supo reinventarse y sobrevivir. Incluso, en 1975 y contra todos los pronósticos, se instauró nuevamente el sistema monárquico en España.

Pero, como vimos en nuestro encuentro anterior, las monarquías de los Balcanes no pudieron sobrevivir. Eran nuevos y pobres. Pomposas pero desorganizadas y tanto su instalación como su destitución se debieron a los intereses de las grandes potencias. Cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló un nuevo orden, todos estos reinos pasaron a ser repúblicas bajo el ala de la Unión Soviética.

Luego de la caída del muro de Berlín, en 1989, los ex reyes comenzaron a reivindicar sus posiciones e incluso, a querer recuperar sus palacios expropiados. Ya vimos que pasamos en Albania así que hoy nos centraremos en Rumania, una historia tanto o más novelesca.

El rey Carol I, primer rey rumano de la dinastía Hohenzollern-Sigmaringen, no había tenido hijos y su sobrino Fernando se convirtió en heredero.

El príncipe Fernando tuvo una única virtud: supo elegir esposa. Puso sus ojos en la princesa María de Edimburgo, nieta de la reina Victoria quien había estado a punto de casarse con el príncipe Jorge, heredero al trono de Inglaterra.

El romance con Jorge no prosperó pero la joven estaba destinada a ser reina y la propuesta de Fernando la cautivó. Rumania, un país exótico, místico, con fábulas oscuras, le parecía que encajaba justo con su modo de ser.

La pareja se casó en 1892. Ella tenía 17 años y, pese a que parecía llevarse el mundo por delante, pronto descubrió que era una jovencita ingenua en las lides amorosas y que su marido era bastante bruto en la cama. Nunca lograron congeniar en ese aspecto. Así fue como ella describió su relación: “Somos los mejores socios, los más leales compañeros, aunque nuestras vidas se entrelacen solo en determinadas materias”. Más ella adelante encontraría consuelo en otros brazos.

Como continuó la historia

Fernando y Missy, como se la conoció, estuvieron a la sombra de sus tíos, los reyes, hasta que en 1914 heredaron el trono.

En su papel de reina conocimos a la nueva María. Su físico imponente y su gusto por la moda de la belle-époque la convirtieron en ícono. Su personalidad y su olfato para manejar cuestiones políticas, es leyenda. No se amedrentaba frente a nadie y era una valiente representante de los rumanos en un escenario internacional en el que las grandes potencias se sentían con derechos de sojuzgar a los países más pequeños. El pueblo rumano la adoraba.

Todos menos su hijo mayor, Carol. El chico, heredero del trono, desertó del ejército, se casó con una dama poco conveniente, conspiró contra su padre y defenestró a su madre. Ni como heredero ni como rey fue querido en Rumania y, finalmente, abdicó en su hijo, Miguel. Pero la suerte de la dinastía estaba echada y en 1947 Rumania fue declarada república socialista y Miguel junto a su familia huyeron a Inglaterra.

En 1975, sorpresivamente se instauró el sistema monárquico en España otra vez

En el exilio se casó y tuvo a sus cinco hijas. Ningún varón para una dinastía de origen alemán que nunca permitió a las mujeres reinar. Miguel estrechó lazos de amistad y parentesco con las familias reales e incluso se pensó en Margarita, la mayor, como posible esposa del príncipe Carlos de Inglaterra.

Hacia final del siglo XX Miguel empezó las negociaciones para poder volver a Rumania. Tan buena acogida tuvo el regreso de la familia real que hacia 2007 hubo movimientos políticos para restaurar la monarquía. No fue posible pero se les permitió residir en sus palacios e, incluso, tener funciones representativas. Margarita, hoy convertida en alteza real y sucesora de su padre desde 2017, ha replicado la corte inglesa en la que creció: da condecoraciones, realiza fiestas en el jardín, recibe embajadores y es recibida en las cortes europeas. Su función no es constitucional ni recibe plata del estado pero su actividad como “monarca no monarca” es más intensa que la de algunos reyes en ejercicio. El problema de Margarita es que no tiene hijos.

En 2010 su padre había nombrado príncipe y sucesor a su nieto Nicolás. El muchacho, de 25 años, se trasladó a vivir a Bucarest. Finalizó sus estudios, aprendió rumano, comenzó a codearse con los jóvenes príncipes europeos y asumió funciones representativas. Apuesto, culto y simpático parecía que la restitución formal de la monarquía era inminente. Pero solo cinco años duró el espejismo: el rey Miguel un buen día le sacó todos sus títulos con la excusa de su baja moral y falta de valores. Se especuló con que era homosexual, adicto al juego y un corrupto pero al final se supo la verdad: había dejado embarazada a una chica y no estaba muy convencido de hacerse cargo de la criatura.

Nicolás fue repudiado hasta por su propia madre y desapareció del escenario por un tiempo. Cuando el rey Miguel estaba en su lecho de muerte quiso entrar a verlo pero lo echaron con la policía.

Fernando y Missy estuvieron a la sombra de sus tíos, los reyes, hasta que en 1914 heredaron el trono

Al tiempo volvió a la escena pública. Discretamente, reconoció a esa hija, se casó con una rumana preciosa y formó una familia. Armó una especie de corte paralela a la de su tía Margarita y se convirtió en un “príncipe” muy popular. Sostiene varias organizaciones benéficas y ha sacado una línea de productos gourmet con monograma y corona en la etiqueta.

Conclusión: Rumania es una república que no tiene solo una sino dos cortes. Ambas enemistadas entre sí. El presente es Margarita, su marido (dicho sea de paso poco querido por los rumanos) y sus hermanas, ya todas mayores. Para colmo esas mismas hermanas distan bastante de ser ejemplares. Una de ellas estuvo presa por organizar riñas de gallos, otra tuvo matrimonios escandalosos y casi todas son reacciones a aparecer en público. Solo dos de ellas tienen hijas sin interés en la vida pública. ¿Será el futuro Nicolás y su familia? ¿Habrá reconciliación? El final de esta novela “royal” es más abierto y picante que nunca.

 

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