China espera medir fuerzas con Trump en una cumbre clave
Edición Impresa | 11 de Mayo de 2026 | 03:47
La esperada visita del presidente estadounidense Donald Trump a China, prevista para los días 14 y 15 de mayo, aparece rodeada de tensión, expectativas y cautela. El encuentro con su par chino, Xi Jinping, llega después de meses de turbulencias marcadas por la guerra comercial, el conflicto en Irán y la creciente competencia tecnológica entre las dos mayores economías del planeta.
Aunque ambos gobiernos hablan de cooperación y estabilidad, en Beijing prevalece una mirada pragmática. Analistas coinciden en que China no espera un gran “reinicio” de las relaciones bilaterales, pero sí aspira a obtener pequeños avances concretos que permitan reducir tensiones y ganar tiempo en un escenario internacional cada vez más incierto.
EXTENDER LA TREGUA COMERCIAL
Uno de los principales objetivos chinos será extender la tregua comercial de un año acordada entre Trump y Xi en octubre pasado. Ese entendimiento frenó temporalmente una escalada arancelaria que había llevado a Washington a imponer tasas de hasta el 145% sobre numerosos productos chinos. Beijing respondió con restricciones y límites a exportaciones estratégicas, en una pulseada que sacudió al comercio global.
Ahora, China busca que la reunión sirva para mantener abierta la vía del diálogo y, si es posible, conseguir reducciones arancelarias limitadas. Para el gobierno chino, cualquier gesto de alivio comercial sería importante en medio de la desaceleración económica mundial y las dificultades que atraviesa su sector exportador.
LA GUERRA EN MEDIO ORIENTE
Sin embargo, la agenda estará lejos de limitarse al comercio. La guerra en Medio Oriente aparece como uno de los temas más delicados del encuentro. Trump pretende presionar a Xi para que utilice su influencia sobre Irán y ayude a encaminar una salida negociada al conflicto.
Washington acusa a Beijing de sostener económicamente tanto a Irán como a Rusia mediante la compra de petróleo y el intercambio de bienes de doble uso, civiles y militares.
Washington acusa a Beijing de sostener económicamente tanto a Irán como a Rusia
Desde la Casa Blanca adelantaron que Trump insistirá sobre ese tema durante las conversaciones privadas con Xi. El mandatario republicano ya amenazó con imponer nuevos aranceles del 50% a productos chinos si Beijing brindaba asistencia militar a Teherán.
China, sin embargo, intenta mantener un delicado equilibrio. Por un lado, condenó los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán y calificó esas acciones como ilegales.
Pero al mismo tiempo criticó los ataques iraníes sobre países del Golfo y pidió reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético mundial.
Los expertos consideran que Xi no aceptará convertirse en un instrumento de presión estadounidense sobre Irán o Rusia. Beijing mantiene una estrecha alianza con ambos países y considera que esas relaciones forman parte de su estrategia global frente a Occidente.
EL AS EN LA MANGA DE CHINA
En este tablero, China cuenta además con una poderosa carta de negociación: las tierras raras. El gigante asiático domina la producción y el procesamiento de estos minerales fundamentales para industrias clave como la inteligencia artificial, los autos eléctricos, los teléfonos inteligentes y el equipamiento militar avanzado. Trump sabe que Estados Unidos sigue dependiendo fuertemente de ese suministro.
Por eso, muchos analistas creen que Beijing intentará llegar a la reunión ofreciendo algunas señales positivas. Entre las posibles concesiones se menciona la compra de más productos agrícolas estadounidenses o incluso nuevos pedidos de aviones de Boeing, gestos pensados para generar un clima favorable antes de abordar asuntos más conflictivos.
Mientras tanto, China llega a la cumbre con una posición más sólida que en el primer mandato de Trump. Durante los últimos años diversificó su comercio hacia el sudeste asiático y el llamado Sur Global, fortaleció vínculos regionales y avanzó en políticas de autosuficiencia tecnológica y energética. También perfeccionó herramientas legales para responder a sanciones y bloqueos externos. Beijing considera que hoy puede soportar mejor la presión estadounidense y jugar una partida de largo plazo. En cambio, Trump enfrenta el desgaste político interno y la presión de las elecciones legislativas de mitad de mandato.
El contexto internacional agrega otra señal importante. En paralelo a la visita de Trump, también se prepara un viaje a Beijing del presidente ruso Vladimir Putin.
Para muchos observadores, esa sucesión de encuentros busca dejar un mensaje claro: China está dispuesta a dialogar con Washington, pero no piensa abandonar su alianza estratégica con Moscú. Así, la visita de Trump aparece menos como una reconciliación histórica y más como una compleja negociación entre dos potencias que compiten, se necesitan y desconfían mutuamente.
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