La peligrosa bacteria que ataca a adultos mayores internados y preocupa en el mundo: ya prueban una vacuna
| 13 de Mayo de 2026 | 10:00
La administración desmedida de antibióticos en el sistema sanitario argentino no solo favorece la aparición de cepas resistentes, sino que también facilita la propagación de una bacteria oportunista que golpea con fuerza a los pacientes internados, especialmente a los de mayor edad. Aunque no se trata de un microorganismo multirresistente, su capacidad de daño radica en aprovechar la debilidad del sistema inmunológico y la alteración de la flora intestinal durante estancias hospitalarias prolongadas.
Este cuadro, que en una lectura superficial podría confundirse con una descompostura digestiva derivada de la medicación, constituye en realidad un problema estructural de la atención médica en la Argentina y en el mundo. El agente responsable es la Clostridioides difficile, un patógeno con una notable capacidad de supervivencia que puede permanecer en las superficies de clínicas y hospitales durante varios meses, convirtiéndose en un foco de contagio constante.
La dinámica de esta bacteria le permite generar brotes dentro de una misma institución, afectando a pacientes que incluso ya han recibido el alta médica. El riesgo de contraer la infección se incrementa notablemente en adultos de más de 65 años, quienes presentan una probabilidad de contagio cercana al 51% durante sus internaciones. Lo que comienza como una fiebre y una colitis persistente puede derivar en cuadros críticos como peritonitis, sepsis o perforaciones intestinales.
El médico e investigador Gonzalo Perez Marc sostiene que la infección es una consecuencia directa del uso, y muchas veces del abuso, de los antibióticos. Según explica, estos fármacos rompen el equilibrio de la microbiota intestinal, lo que permite que el patógeno se multiplique sin control y libere toxinas que inflaman el colon. La transmisión se produce mayormente por vía fecal-oral en entornos cerrados, generando una carga significativa de morbilidad y costos elevados para el sistema de salud.
Si bien no se trata estrictamente de un problema de resistencia bacteriana, ambos fenómenos están estrechamente vinculados por su origen común: la prescripción indiscriminada de antimicrobianos. Ambas amenazas comparten el mismo escenario clínico y ponen en riesgo a la misma población vulnerable, consolidándose como preocupaciones centrales para la salud pública contemporánea.
Actualmente, la información estadística sobre la incidencia de esta bacteria en Argentina resulta fragmentada. La especialista Laura Barcán señala que los estudios epidemiológicos suelen ser heterogéneos y dependen de diversos criterios de medición, lo que motivó la publicación de guías específicas para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la prevención frente a este escenario agravado tras la pandemia.
Ante este panorama, la comunidad científica nacional participa activamente en un ensayo clínico internacional que busca frenar las infecciones intrahospitalarias en adultos mayores. El objetivo central es el desarrollo de la primera vacuna diseñada específicamente para evitar que el contagio por Clostridioides difficile derive en una enfermedad de carácter grave.
Para los investigadores, contar con una inmunización de este tipo representaría un avance estratégico para mitigar los efectos del debilitamiento de la flora intestinal en pacientes polimedicados. El proyecto, liderado a nivel global por un laboratorio estadounidense, cuenta con una fuerte presencia en centros de investigación argentinos, retomando la experiencia acumulada durante los ensayos realizados en el país para las vacunas contra el coronavirus.
El estudio se encuentra transitando su fase tres y se lleva adelante en diversas instituciones de la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano y provincias como Salta, Córdoba y Mendoza. Según indican los especialistas, la vacuna ya mostró resultados positivos de manera indirecta en investigaciones previas, donde se observó una alta eficacia para prevenir las complicaciones más severas del cuadro clínico.
Los datos publicados recientemente en revistas especializadas sugieren que la inmunización logra reducir la duración de los síntomas y la necesidad de recurrir a nuevos antibióticos en quienes contraen la bacteria. Tras haber sido probada en más de 17.000 voluntarios de todo el mundo, la prioridad actual del ensayo es consolidar la evidencia necesaria para transformar el abordaje preventivo de estas infecciones.
Se espera que el estudio alcance a unos 30.000 voluntarios a nivel global, con una participación nacional que representa casi el 20% del total. Los participantes, que deben cumplir con requisitos específicos como ser mayores de 65 años y haber tenido internaciones recientes, reciben un esquema de dos dosis y son monitoreados durante tres años para determinar la efectividad clínica de la vacuna a largo plazo.
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