El autismo en la mira: detectan un patrón común en las profesiones de las madres

Hallan más probabilidades de padecer este trastorno en hijos de mujeres que trabajaron en actividades con exposición a tóxicos, gases de combustión o altos niveles de estrés

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Un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, en Maryland, y de la Universidad de Harvard, en Boston, identificó un patrón común en determinadas profesiones desempeñadas por madres de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA).

El trabajo, recientemente publicado en la revista científica The BMJ, analizó 1.702 casos de niños nacidos con autismo entre 1973 y 2012 en Dinamarca. Para el estudio, los científicos cruzaron datos del Registro Nacional de Pacientes danés con los historiales laborales de las madres obtenidos del Registro del Fondo de Pensiones de ese país.

Según los resultados, las mujeres que trabajaron en empleos con exposición frecuente a sustancias tóxicas, productos derivados de la combustión o elevados niveles de estrés físico y psicosocial presentaron mayores probabilidades de tener hijos con TEA.

Las profesiones con más asociaciones

Los investigadores encontraron asociaciones particularmente relevantes en madres que se desempeñaron en actividades vinculadas al transporte terrestre, la administración pública y ocupaciones militares o de defensa.

También se registraron mayores probabilidades en profesiones judiciales y en tareas relacionadas con las fuerzas armadas durante el año previo a la concepción y durante el embarazo.

“Observamos diferencias según el sexo del niño, con asociaciones significativas en varones para el empleo en transporte terrestre y ocupaciones de defensa”, señalaron los autores del estudio.

El informe detalla además que el 71% de los casos analizados correspondía a niños varones y que casi la mitad de los participantes había nacido durante la década de 1990. La edad promedio de las madres al momento del nacimiento fue de 29,3 años.

Exposición a tóxicos y gases de combustión

Los científicos explicaron que ciertas actividades laborales pueden implicar contacto frecuente con sustancias potencialmente perjudiciales para el desarrollo fetal.

En el caso de las ocupaciones militares y de defensa, mencionaron la exposición al plomo derivado del manejo de artillería, gases de escape, solventes industriales y materiales particulados.

Algo similar ocurre con los empleos vinculados al transporte terrestre y aéreo, donde las trabajadoras pueden estar expuestas de manera constante a emisiones contaminantes provenientes del tránsito.

“Estos hallazgos coinciden con investigaciones previas que sugieren un mayor riesgo de TEA en hijos de madres con exposición ocupacional a gases de escape del tráfico”, sostuvieron los especialistas.

El impacto del estrés durante el embarazo

Además de los factores ambientales, el estudio pone el foco en el estrés laboral como posible elemento de riesgo.

Los investigadores señalaron que las profesiones vinculadas a defensa, administración pública, justicia y bienestar social suelen estar asociadas a altos niveles de presión psicológica y desgaste físico.

“La tensión laboral puede contribuir a la fatiga y el malestar materno, lo que podría afectar negativamente el neurodesarrollo infantil mediante un aumento de la inflamación durante el embarazo”, indicaron.

El trabajo menciona que el estrés prenatal ya había sido relacionado anteriormente con un mayor riesgo de autismo, a través de mecanismos biológicos como alteraciones hormonales, reducción del flujo sanguíneo uterino y cambios en el sistema nervioso fetal.

Los investigadores piden nuevos estudios

Pese a los resultados obtenidos, los autores aclararon que todavía no es posible determinar con precisión cuál de los factores observados tiene mayor incidencia sobre el desarrollo neurológico infantil.

Por ese motivo, reclamaron nuevas investigaciones que permitan evaluar de manera más específica el impacto combinado de la exposición a tóxicos ambientales y del estrés laboral durante el embarazo.

“Las exposiciones concurrentes son complejas y aún es necesario profundizar el estudio de cómo determinados factores ocupacionales influyen en el riesgo de TEA y otros trastornos del neurodesarrollo”, concluyeron.

 

 

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