Starmer contra las cuerdas, tras sufrir una durísima derrota electoral
Edición Impresa | 9 de Mayo de 2026 | 01:47
Gran Bretaña atraviesa uno de los sacudones políticos más impactantes de los últimos años. El Partido Laborista, que llegó al poder prometiendo estabilidad y renovación, sufrió una humillante derrota electoral que abrió una feroz interna y dejó al primer ministro Sir Keir Starmer al borde del abismo político.
Lo que parecía una elección local terminó convirtiéndose en un plebiscito nacional contra el gobierno. Y el resultado fue demoledor: el histórico bipartidismo británico comenzó a resquebrajarse mientras partidos emergentes como Reforma UK, los Verdes y los liberales avanzan sobre territorios que durante décadas parecían intocables.
Piden la cabeza del primer ministro
La crisis escaló tan rápido que ya hay diputados laboristas y líderes sindicales reclamando abiertamente la renuncia de Starmer. Entre ellos aparecen figuras como Louise Haigh y Anneliese Midgley, que consideran que el partido “se dirige a la desaparición” si no cambia urgentemente el liderazgo.
La presión también llegó desde los sindicatos. El poderoso gremio Unison lanzó una advertencia brutal: el laborismo “se enfrenta al olvido”. Mientras tanto, en Downing Street reina un clima de tensión extrema, reuniones secretas y temor a una rebelión interna que podría explotar en cualquier momento.
Aunque Starmer insiste en que no piensa dimitir, dentro del partido ya comenzaron a sonar nombres para reemplazarlo. El principal apuntado es Andy Burnham, popular alcalde de Manchester y figura con fuerte respaldo sindical.
Nigel Farage huele sangre
El gran ganador de la crisis es Nigel Farage. El líder de Reforma UK, amigo personal de Donald Trump y arquitecto político del Brexit, consiguió avanzar sobre antiguos bastiones obreros del laborismo y ahora sueña con llegar al poder.
Su partido logró quedarse con municipios históricos como Barnsley y Tyne and Wear, territorios que durante más de medio siglo habían sido dominados por los laboristas. El impacto fue tan fuerte que muchos dirigentes hablan de una “catástrofe histórica”.
Farage no ocultó su entusiasmo y lanzó una amenaza directa: “Va a haber una rebelión en el bastión laborista contra Starmer”. Incluso aseguró que no cree que el actual primer ministro siga en el cargo “a mediados de verano”.
La debacle laborista también golpeó con fuerza en Gales y Escocia. La primera ministra galesa perdió su escaño en el Parlamento y terminó renunciando como líder del laborismo galés tras un resultado considerado histórico.
Antes de irse, lanzó un mensaje explosivo contra Starmer y reclamó “un cambio de rumbo” urgente.
La derrota tiene un peso simbólico enorme: el laborismo dominaba Gales desde la creación del Parlamento galés en 1999 y había sido la principal fuerza política de la región durante más de un siglo.
En Escocia, mientras tanto, los Verdes dieron otro batacazo al quedarse con un histórico escaño que pertenecía a la ex primera ministra Nicola Sturgeon.
El fin del viejo sistema político
Los resultados dejaron una sensación inquietante en el Reino Unido: el sistema político tradicional parece haber entrado en una etapa de descomposición acelerada. Conservadores y laboristas pierden terreno mientras nuevas fuerzas avanzan sobre el enojo social, el desgaste económico y la frustración de millones de británicos.
Con un gobierno debilitado, una oposición ultraderechista en ascenso y un oficialismo partido al medio, Gran Bretaña quedó atrapada en una tormenta política que amenaza con cambiarlo todo.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE