Narvaes rompe records aun con el piloto automático

No se aparto de su libreto, con una funcion mesurada

ANALISIS GUSTAVO NIGRELLI

No hubo glamour, ni mangazo. Esta vez eran 10.000 los presentes -tal vez 11.000, porque sólo los ángulos estaban vacíos- que desbordaron el Luna Park. Pero todos de extracción genuina, pura, que pagaron su entrada peso por peso para ver al Huracán Omar Narvaes (50,800) el viernes por la noche, siendo fin de mes, y con el frío del invierno. Sin invitados especiales, ni artistas contratados como la Farro, la Balli, la Alfano, la Segura, la Pitra o la Fava.

A Narvaes lo fueron a ver contra un partenaire desconocido como el mexicano Omar Soto (50,300), que bien podía ser Juan Pérez. Y El Enano respondió con una función tranquila, mesurada -demasiado-, que definió cuando quiso. Fue por nocaut en el 11º, para retener por 16ª vez su título mundial mosca de la OMB, que conquistó en este mismo escenario hace casi 7 años, y ser ya el argentino record en peleas mundialistas y defensas ganadas.

SILENCIO TEATRAL

Si bien por ráfagas atruena el "¡Huracán! ¡Huracán!" -no en alusión al equipo de Cappa-, el silencio con que a veces se acompaña a las peleas del chubutense, en un deporte que por lo general exalta las pasiones, tiene que ver más con el teatro Colón que con el boxeo, y con la personalidad del protagonista. Curioso. Casi no hay dramatismo ni efervescencia, parece todo controlado y predecible, carente de sorpresa, cosa que por un lado aburre.

Para él y su equipo, cuanto más sea así, tanto mejor. Pero cuidado: la gente va a ver a Narvaes y a ver boxeo, con todo lo que ello encierra: ganar y retener el título como prioridad, pero también dando espectáculo. Brindarse, y mostrarse a fondo sin regulaciones, lo cual no implica regalarse.

Sin embargo el riesgo y el arriesgarse es el condimento de la gloria, su secreto y su base más sólida, más aún cuando desde el vamos uno ya bastante los esquiva con la elección de su retador.

No se puede siempre enfrentar a Goliat, aunque sí se puede pelear siempre como David. Respetar su marca registrada exprimiéndola al máximo ante la circunstancia que sea, es amor a sí mismo y hacia los demás. Un intercambio de respetos que enaltece y se retroalimenta automáticamente.

Pero el chubutense por momentos puso el piloto automático, y dejó correr así las cosas, sabiendo que ganaba igual, sin sobresaltos, tranquilo. El era el campeón, y las obligaciones son del retador. Craso error, Narvaes. Todos te fuimos a ver a vos y te queremos ver ganar, pero dando el 100 %.

De a ratos pareció que Soto lo complicó más que el yanqui Rayonta Whitfield, o al menos que le costó más resolver su jeroglífico. Alargó la pelea sin transpirar, cuidando su smoking para que no se le arrugue, como si al rato tuviera que ir a una fiesta. Perfecto. Nadie pide sangre, sudor y lágrimas, pero el boxeo es un deporte de contacto físico. Y si la cabeza del rival es peligrosa, y viene adelantada ¿por qué no recibirlo con el uppercut? Uppercut. Ese era el golpe. Y se acababan los temores, además de las protestas al caprichoso árbitro puertorriqueño Roberto Ramírez, que recién tras el vigésimo quinto cabezazo le descontó un punto al azteca en el 8º.

NO DEJARSE ADULAR

Un punto, cuando venía ganando 8 de 8, ¿de qué sirve? Podían haberle descontado 10, que era lo mismo. ¿Había miedo en las tarjetas? La otra era descalificarlo. ¿Pero ésa era la idea? ¿Le gustaría a Narvaes y a su gente haber ganado por descalificación rápida una pelea que era para lucirse, donde 10.000 personas pagaron su entrada para verlo boxear?

Si la máxima dificultad es ésa -algo siempre tiene que haber-, pues a resolverla. Si el árbitro es mediocre, a no depender de él. Bastantes cosas a favor a veces uno tiene, como para pedirlas todas. Acostumbrarse a pedir "la chancha y los 20", ceba un vicio innecesario y peligroso.

Después de soportar embates a cabeza batiente de un torpe mexicano, que primero avanzaba con su testa y luego con los pies -problema de aprendizaje que no iba a corregir en medio de su chance mundialista-, y de aguantar algunos golpes bajos también producto de su torpeza, Narvaes definió con una combinación de rectos, en donde la vedette fue el de izquierda. Realmente es lindo verlo pelear aunque sea a cuentagotas, pero el chubutense mostró un 10 por ciento de lo que puede. A no dejarse adular por los amigos de la fama, ni por el entorno exitista, poco autocrítico.

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