La detección, una estrategia clave para erradicar la tuberculosis
| 24 de Marzo de 2016 | 02:58
Las personas en riesgo por tener su sistema inmunológico deprimido, por VIH o malnutrición, o quienes presentan toz crónica, deberían ser testeadas para detectar si tienen la bacteria que produce la tuberculosis, o incluso si poseen la enfermedad activa, a fin de poder garantizarles un tratamiento oportuno, sostuvieron especialistas en el marco del Día Mundial de esta patología, que se recuerda hoy, y que todavía mata a 700 personas por año en la Argentina.
“La detección de casos es la primera estrategia para ir hacia una erradicación de la enfermedad. En ese contexto, por ejemplo, toda persona con VIH debería ser testeada para descartar que haya estado expuesta a la bacteria, o bien que no tenga la enfermedad activa”, indicó el infectólogo Omar Sued, director de Investigaciones Clínicas de la Fundación Huésped.
La tuberculosis es causada por la Mycobacterium tuberculosis, una bacteria que afecta los pulmones con mayor frecuencia; se estima que una de cada tres personas en todo el mundo tiene tuberculosis latente, lo que significa que están infectadas pero no tienen ningún síntoma activo de la enfermedad.
“Ahora bien, si esta persona se infecta con VIH, se hace quimioterapia o vive cualquier otra situación que determine que sus defensas bajen, puede desarrollar la enfermedad”, sostuvo el especialista.
La tuberculosis se transmite a través del aire cuando las personas afectadas por esta enfermedad tosen, estornudan o escupen, y es curable en el 95 por ciento de los casos si se realiza el tratamiento en forma adecuada.
“El testeo de la población en riesgo permitiría ofrecerle un tratamiento para evitar que la persona llegue a desarrollar la enfermedad. Hay que tener en cuenta que la tuberculosis es la primera causa de muerte en personas con VIH en países en desarrollo”, sostuvo Sued.
El infectólogo consideró que “en Argentina la situación es estable, se reportan unos 10 mil nuevos casos anuales y unas 700 muertes por esta causa”, y calificó esta realidad como “no tan buena, ya que lo ideal sería que la enfermedad fuera en descenso”.
Más allá del vínculo con el VIH por la inmunosupresión de las defensas, la tuberculosis se encuentra también ligada a las condiciones de vida de las personas.
“Más del 95 por ciento de las muertes por tuberculosis -señaló Marisa Vescovo, coordinadora de la Sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria- tienen lugar en los países de bajos y medianos recursos. La pobreza es causa y efecto de la tuberculosis, pues condiciona sobre todo el hacinamiento que facilita la transmisión entre personas que conviven en un espacio reducido, además de que puede llevar a la desnutrición, lo que constituye un importante factor de riesgo de padecer la enfermedad, una vez infectado el individuo”.
En ese contexto, Vescovo afirmó que “si no se generan programas sociales o estrategias sostenibles que enfrenten los determinantes sociales de salud, como la pobreza y sus consecuencias los esfuerzos serán insuficientes”.
Además de la detección, un problema que mencionaron ambos especialistas es la permanencia en el tratamiento.
“Una persona en tratamiento a las dos semanas disminuye casi por completo la posibilidad de contagio, además de que mejora su estado clínico. Entonces, lograr la permanencia no sólo permite curar a ese paciente, sino que disminuye la carga bacteriológica en la comunidad, pero no hay protocolos que permitan el seguimiento de las personas que fueron detectadas, por lo que si alguien decide no hacer el tratamiento, nadie lo va a buscar, con lo que esto implica para su propia salud y para el resto”.
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