Una lidia de la que ya se hablaba en Roma, Egipto, China y la antigua Grecia

Las riñas de gallos -prohibidas en la Argentina desde 1986- están, al parecer, íntimamente ligadas con la historia de la humanidad. Los estudiosos del tema saben mencionar relatos de la antigua Grecia en la que se mencionan las peleas de gallos; también en el Egipto de los faraones se habla de las riñas entre aves de corral, al igual que en la Roma imperial.

Lo que está suficientemente probado es que tal como se la conoce ahora, la riña de gallos proviene del lejano oriente -China- aunque también con una marcada influencia originaria de la India y sobre todo, de Malasia.

A nuestras tierras la costumbre -muy arraigada en países colonizados por España- llegó de la mano de los conquistadores y hay referencias de “galleras” establecidas en Buenos Aires, allá por 1770. Los “reñideros”, dicen los historiadores, se instalaban en las inmediaciones de las pulperías donde se complementaban con otras atracciones no menos populares, como el juego de la taba.

El historiador Guillermo Bustamante Valencia asegura que cuando el conquistador Hernán Cortes llegó a México, entre las primeras cosas que hizo fue construir su gallinero para criar gallos de peleas. “No en balde México es la cuna del deporte de los gallos”, sostiene Bustamante Valencia.

La costumbre, obviamente, también estuvo ampliamente arraigada en la Buenos Aires colonial, tanto que, según relatan, hasta hubo un proyecto para construir dos “galleras”. Una en la que sólo tendrían acceso las clases acomodadas y otra para los habitantes de los arrabales de la incipiente capital del Virreinato del Río de la Plata.

En la Argentina las peleas de gallos -asociadas al juego clandestino por dinero y más adelante al maltrato y sacrificio de los animales- fue perdiendo terreno, hasta que en 1986 terminaron prohibidas por ley, norma a la que no adhiere la provincia de Santiago del Estero. Mientras la ley nacional 14.346 prohibe explícitamente las riñas de gallos, la ley provincial 5574 las habilita: la Dirección de Deportes provincial extiende los permisos del caso y administra los ingresos generados por la recaudación.

Durante el período colonial la existencia de las “canchas”, o “casas de gallos” estaba cuidadosamente reglamentada, y pagaban impuestos especiales, que se destinaban frecuentemente a las llamadas “Rentas de Propios y Arbitrios”.

Entre los “reñideros” que existieron con posterioridad gozó de gran renombre el que poseía el empresario José Rivero en la calle Venezuela, con butacas y amplia gradería de tipo circense.

Para las riñas se empleaban gallos de razas especiales, como la Aseel o Calcuta, de origen indio, la de Brujas (belga), la Inglesa (traída a comienzos del siglo XIX por marineros ingleses, que vendían cada gallo a 30 ó 40 pesos fuertes) y la Malaya. Se trataba, en general, de animales de formas magras y estilizadas, de poco peso, cabeza corta, pico ligeramente corvo, ojo vivaz, cogote largo, patas robustas, provistas de fuertes espolones naturales, y plumaje brillante, duro y colorido.

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