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El 2018 del escenario ubicado en 10 y 53 comienza con una ópera basada en un texto de Félix Bruzzone

Vuelve el TACEC Arte marciano para inspirarnos a cooperar entre nosotros

Luciano Azzigotti, nuevo director artístico del espacio experimental del Teatro Argentino, repasa las propuestas y búsquedas de la sala en esta temporada que comienza mañana, con “Las Chanchas”

Vuelve el TACEC Arte marciano para inspirarnos a cooperar entre nosotros

El compositor Luciano Azzigotti, director artístico del Tacec, que abre sus puertas mañana con “Las Chanchas” / Teatro Argentino

El Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino (TACEC), uno de los espacios más vitales del Teatro que ha ganado en los últimos años gran protagonismo entre las propuestas del establecimiento, con numerosas funciones de relieve internacional y realizadas siempre a sala llena, abre su nueva temporada mañana, permaneciendo en la tradicional sala de 10 y 53 a pesar de las refacciones al edificio, con la ópera comisionada “Las Chanchas”, sobre un relato de Félix Bruzzone, con música de Fabiá Santcovsky, regié de Emilio García Wehbi y dirección musical de Natalia Salinas.

El TACEC iniciará las actividades en un año marcado por el cambio de director artístico: arriba en el cargo el músico y compositor Luciano Azzigotti, que el año pasado fue parte de la grilla de la sala como director musical de la ópera “El universo en un hilo”.

El compositor revela que la convocatoria llegó tras un largo trabajo en el mundo de la música: “En 2011 fundé una plataforma de creación de música de concierto con la cual produjimos unos 60 conciertos y 45 encargos además de múltiples situaciones artísticas acerca de los problemas de nuestra época: la transformación de la percepción a partir de las ciencias numéricas, los sistemas de organización y recepción musical, la emergencia de significados dinámicos en la música etc. En ese contexto, Martín Bauer se interesó por mi trabajo y produjimos conjuntamente conciertos en Buenos Aires. Desde ese momento Martín me fue convocando para desarrollar algunas ideas que tal vez finalmente se concreten en esta oportunidad que tengo en el TACEC”, revela Azzigotti, nacido en 1975, formado en el Conservatorio Alberto Williams y en la UNLP.

En “Las Chanchas”, la obra que abre la temporada, se cuenta la historia de Andy, un cantante de karaoke devenido en amo de casa o criador de animales, en un planeta Marte atestado de conejos inteligentes y marcianos come-pájaros trepados a los árboles. Mientras Andy saca la basura se encuentra con Mara y Lara que escapan de un intento de secuestro y les ofrece ocultarlas en su casa. Pero no todo es lo que parece. Narrada por tres voces yuxtapuestas, la de Andy, Mara y Romina, su mujer, los hechos comenzarán a suceder en un umbral entre verdad y ficción y con roles de víctimas y victimarios que se intercambian constantemente.

“La escritura realista-utópica de Félix Bruzzone se centra en una historia que podría haber sucedido en los últimos 30 años, en algún lugar del Conurbano o de las sierras, con una cantidad de escenas que nos son familiares pero que siempre fugan hacia otro estado, otra realidad u otro punto de vista (el libro está estructurado en tres relatos de tiempos simultáneos)”, analiza Azzigotti.

-¿Cuáles son las apuestas y particularidades de la puesta y cómo conecta con la obra de Bruzzone?

-La estrategia de Emilio García Wehbi ante este material fue la de generar un monolítico cambio de escala que no voy a adelantar. Me lo imaginé con este ejemplo: es como si la ópera funcionara en el intersticio espacio-temporal mientras el pac-man desaparece por un lado y aparece por otro. ¿Dónde estamos en ese momento? ¿Y desde dónde estamos escuchando? Este es un problema que aparece casi siempre en la dramaturgia de Wehbi. La distorsión del pacto de ficción.

-¿Cómo se conectan estos sentidos y significados múltiples y cambiantes con la música compuesta para la ópera de Santcovsky?

-Se amplifican y refuerzan con la lógica de Fabià, un joven compositor catalán hijo de argentinos, que a partir de una sensibilidad deudora del puntillismo gestual de Salvatore Sciarrino y el concretismo instrumental de Helmut Lachenmann ha construido su propio lenguaje: un devenir de objetos repetitivos falsamente estáticos que enmascaran un fuerte actividad tímbrica interior. Es lo que sucede principalmente con el tratamiento de las voces que pendulan entre un coro desvencijado y los sonidos no intencionales de animales marcianos. Y que traduce de algún modo el gran conflicto de la novela de Bruzzone de como una memoria al ser objetiva y subjetiva al mismo tiempo, no puede significarse siempre de la misma manera.

BÚSQUEDAS DE UN ESPACIO EXPERIMENTAL

Con esa propuesta, “Las Chanchas” será parte del espacio más experimental de la escena platense: pero Azzigotti explica que lo “experimental” es “un concepto ya histórico que aparece en sincronía a la era atómica y la post-guerra de los años ‘40 y que se extingue con el advenimiento de la era semántica a principios del siglo XXI. Así como la física penetró el interior de los átomos, las artes explotaron los lenguajes hasta conquistar lo que antes no contenía la escritura o los sistemas tradicionales de referencia: el silencio, el ruido, la expansión de conciencias, temporalidades y sentidos o la percepción anti-narrativa. Estas conquistas hoy están incorporadas a la cultura popular o en la apps móviles, por lo cual el término experimental a veces justifica una postura marginal en relación a una masividad, o la falta de toma de decisiones o a la improvisación como contenido único, siempre útil para abandonar épocas apolíneas. Una obra artística es un sistema de decisiones enorme que han pasado por el juicio autocrítico del autor y la recepción de un contexto que canoniza. Lo experimental es el proceso. Dicho esto, buscamos obras de música, de teatro o de danza que respiran en el presente”.

El TACEC es ya un ciclo consolidado en la oferta del Argentino, pero funciona bajo la órbita de un teatro tradicionalmente clásico y, además, estatal. ¿Cuál es el valor de un teatro experimental en este contexto? “Esta la pregunta sin respuesta de un problema de múltiples capas”, explica Azzigotti. “Es necesario preguntarnos primero qué es un teatro lírico en el siglo XXI. En cuanto a lo clásico me pregunto, ¿qué pasaría si existiera un INDEC de la ópera y de los teatros operísticos argentinos? Vamos a descubrir que estas instituciones, a las cuales se les dedica aproximadamente el 50% del presupuesto en cultura de una ciudad, han representado desde su estatización un 85% de repertorio tradicional, un 10% de repertorio contemporáneo extranjero, y un 5% de repertorio o estrenos de creadores argentinos. La justificación del status-quo es: el arte contemporáneo es aburrido y está alejado de la sociedad, o la música argentina es mala y la tradición es insuperable. Antes de argumentar supongamos que sí, que es la realidad. Pero un teatro de ópera no tiene nada que ver con la realidad, sino que debería funcionar como una fábrica de secretos y realidades que aún no existen. Mas aún en esta ciudad, fundada sobre la utopía verniana -desaparecida víctima de la atrofia endogámica de la administración pública antiemprendedora- y que es necesario re-actualizar. Hay que intentarlo mil veces, hasta congeniar el poder de la tradición con la poesía y la corporeidad de nuestra época y lugar”.

“Mientras tanto, en cada segundo que insistimos en políticas eventistas, espectáculos probados, convocantes y/o de artistas consagrados que serán olvidados al día siguiente, la palabra no visibilizada de un poeta se pierde para siempre. Y con ella perdemos la posibilidad de fundar una nueva tradición. O de re-interpretar a la gran tradición desde nuestra propia libertad objetiva”, agrega el compositor y director artístico del espacio.

“Y aquí viene el problema de lo estatal. Obviamente no es tarea del estado otorgar valor a un objeto estético porque eso ocurre misteriosamente y no se puede prever jamás. Pero al menos deberíamos garantizar que genere diversidad, espacios de error y que dignifique a sus artistas con los cargos que merecen y no regalando sus performances con la gratuidad”, afirma además Azzigotti, para quien “el Teatro Argentino podría ser un faro cultural, turístico y arquitectónico de los más trascendentes del mundo , por su cualidad edilicia, su escala, capacidad de producción y especialmente por gran parte de los artesanos, cuerpos artísticos y trabajadores históricos del teatro que estoy conociendo, que lo aman profundamente. No hace falta ir ni a Sidney ni a Bilbao. Está acá. Y si no sucede en el corto plazo será una tragedia cultural más. Solo hay que ser responsables, confiar en nosotros mismos, trabajar y creer”.

En ese contexto, cierra, “un centro experimental debería ser aquel que actualice los contenidos trágicos (en el sentido dramático) de nuestra época... un objeto escenográfico tan grande que ridiculice la noción de propiedad privada, un laboratorio de economías hackeantes, una ópera-jardín en balcones colgantes que se sincronice con el ritmo del crecimiento de las fresias, una danza colectiva que nos re-enseña a respirar, un Netflix-redsocial de canciones con nuestros poetas y cantantes o un instrumento musical adaptativo biogenético. Pero siempre contribuyendo al gran objetivo de un centro performático de hoy: construir espacios de creencias colectivas que nos inspiren nuevamente a cooperar entre nosotros”.

El TACEC iniciará la temporada marcada con nuevo director artístico, Luciano Azzigotti

“Un centro experimental debería ser una danza colectiva que nos re-enseña a respirar”

Para agendar
Qué: “Las Chanchas”, ópera marciana en un actoCuándo: Mañana a las 21, el viernes a las 21.30 y el sábado y el domingo a las 21Dónde: TACEC, 10 y 53

 

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