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Polémico: un infaltable en los repertorios fiesteros, hoy cuestionado

Fue una de las figuras populares más importantes del país, pero en sus últimos años de vida estuvo rodeado por los escraches

Polémico: un infaltable en los repertorios fiesteros, hoy cuestionado

Cacho, rodeado de familiares y amigos, en el festejo de su último cumpleaños: 77 / web

16 de Octubre de 2019 | 01:47
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En las horas profundas de cualquier fiesta, cuando las corbatas son vinchas, las mujeres bailan descalzas y el sudor con aroma etílico de los invitados ya inunda el salón (pero a nadie le importa), suena, indefectiblemente, Cacho: hitazos como “La reina de la bailanta”, “Cara de tramposo”, “Quieren matar al ladrón” y, claro, el himno autocelebratorio “La vuelta del matador”, todas canciones sobre romances fugaces en una noche bien porteña y popular, suenan siempre en las altas horas de la noche porque Cacho, ante todo, quería “un pueblo que baile”.

El repertorio bailable, el rostro más jocoso del oriundo de Florida, fue sin embargo apenas una cara de un éxito fulgurante del cantor popular, que a los 14 años ya era profesor de piano, casi un niño prodigio, y que empezó en la música tocando el instrumento en orquestas de tango, antes de debutar como cantante en 1960, en un programa televisivo de los sábados, con apenas 18 años.

Sus primeros pasos como vocalista los dio con el grupo Beto y los Huracanes, junto a Bingo Reyna (guitarra), con Kuky (batería), Alfredo (guitarra rítmica) y Juan (bajo), antes de convertirse en cantor de tango y grabar hitazos del 2x4 y el género melódico que son parte del acervo cultural para siempre, como “Café La Humedad”, “Garganta con arena”, “Septiembre del 88”, “Ojalá que no puedas” y “Para vivir un gran amor”, entre otros.

Ganador del Premio Gardel en 2005, por su álbum “Espalda con espalda”, que incluía la recordada “Traficante de ilusiones”, durante décadas, sus discos y presentaciones le dieron dinero y celebridad a raudales, pero su ascendencia sobre la cultura popular comenzó a diluirse en el siglo XXI, cuando las nuevas generaciones comenzaron a cuestionar lo que Cacho representaba: porteño canchero, mujeriego, machista.

En tiempos donde la violencia de género se ha vuelto visible como una problemática urgente y terrible, los colectivos feministas ya habían puesto el ojo no solo en el personaje que representaba Cacho y particularmente en la letra de uno de sus grandes éxitos, “Si te agarro con otro te mato (“si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo”, canta Cacho), antes de que Castaña pronunciara una frase que terminó de condenarlo: “Si la violación es inevitable, relájate y goza”.

El cantante se quejaba en una entrevista televisiva del momento de una sociedad que consideraba hipersensible, afirmando que “cualquier cosa que decís es ‘me discriminás’, todo es discriminación, tenés que cuidarte con lo que decís porque es un quilombo”, cuando él mismo se volvió ejemplo de lo que afirmaba: entusiasmado lanzó “hagan lo que quieran, relájense… Si la violación es inevitable, relájate y goza”.

LOS ESCRACHES

Cacho intentó explicar que se trataba de un viejo refrán para “ponerle humor a algo que es complicado” (antes de pedir que vuelva la colimba para que “los pibes tengan más prolija la cabeza”). Pero el daño ya estaba hecho y la brecha entre el pensamiento de este típico porteño y las nuevas juventudes se volvía abismo para siempre.

Comenzaron, entonces, los escraches a sus shows: en enero de 2018 Cacho incluso suspendió presentaciones por temor a las manifestaciones, mientras en internet aparecían fotos del cantante en un prostíbulo, y graves acusaciones.

La salud de Cacho, para entonces, comenzó a flaquear: entre internaciones y días de descanso, sus presentaciones se espaciaron, pero casi siempre estuvieron acompañadas por protestas.

Para colmo, a las denuncias contra el cantor se sumó la gravísima acusación de Vicky Buchino, quien contó que Cacho la invitó para ofrecerle grabar un disco, y cuando la llevó a su casa, la acosó. “Cuando me iba a bajar, me dijiste que esperara. Comenzaste a decirme que yo ‘te volvía loco’, que ‘mi piel’ mi ‘boca’ y blah blah. Pero no te conformaste con eso, comenzaste a masturbarte”, contó Buchino.

A principios de este año, Castaña se presentó en el Festival de Villa María, y fue interrumpido en el escenario por un grupo de mujeres, con carteles con frases como “Al Cacho, escracho” y “Macho Castaña”. Sin embargo, otro sector del público presente pidió silencio y alentó al cantante para que terminara el show. Castaña dejó que el grupo termine el cántico hacia él y luego retomó su espectáculo, que siguió con la presentación de la Gata Varela.

Castaña opinó luego que si bien está “bueno” la pelea por la igualdad de género, “esta no es la forma”, consideró el cantante. Las críticas, dijeron ayer desde su entorno más cercano, lo deprimieron, y colaboraron con el deterioro de su salud. Dos meses después, en marzo, esta vez solo rodeado de fieles, realizó en el Gran Rex su último show.

 

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