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Quedan pocas, pero le ponen color y magia al paisaje urbano de nuestra ribera

Por la fuerza que atesoran, las casas de chapa todavía resisten

Nacieron de la urgencia de aquellos hombres y mujeres que llegaron “con una mano atrás y otra adelante” y se convirtieron en un valor patrimonial reconocido como modelo de construcción rápida

Liliana FONSECA, EN LA CASA DE TODA LA VIDA / EL DIA

“Es todo muy pintoresco pero hay que vivir en una casa de chapa” - Santiago Rodríguez

“Yo alquilo hace 20 años y la verdad es que si pudiese, la compraría”  - Estela Barboza

“Es una casa muy cómoda, es amplia, a mí me gusta y es nuestra casa” - Miguel Canavide

“Las primeras casas tenían el baño afuera y todavía quedan algunas así” - Damián Trindade

Hipólito Sanzone

hsanzone@eldia.com

Eran tozudos, pacientes y de largo aguante. Y sus primeras casas, las de chapa, responden con fidelidad a esa manera de los inmigrantes.

Las pocas que quedan son testigos de historias ricas en amores y sueños de aquella gente buena y sin dobleces.

Nacieron al amparo de la urgencia por resolver un asunto clave. La casa, el lugar donde vivir en “la América”, la tierra nueva e incierta que abrazarían con la fuerza de lo que se sabe para siempre.

Así son las casas de chapa que pintan nuestra ribera, la de Ensenada, la de Berisso y algunos paisajes urbanos de la periferia platense cercanos a El Dique o la frontera de la avenida 60 y 122.

Están hechas a pulmón, con los conocimientos básicos que algunos aprendieron en las largas noches de los barcos, en las incomodidades de la Tercera Clase de ese viaje que parecía sin fin.

Son la carta de presentación de aquellos tanos y gallegos; turcos y rusos, las cuatro maneras de nombrar a las decenas de etnias que bajaron de aquellos barcos.

Según publicaciones de la Universidad Nacional de La Plata, las casas de chapa de Ensenada y Berisso son un ejemplo de industrialización temprana y en ese contexto, un trabajo de los arquitectos Fernando Leblanc, Enrique Moglia y Marcelo Pellegrino del Centro Interdisciplinario de Estudios Complejos de la Facultad de Arquitectura de la UNLP, disponible en internet, las define como un inmejorable ejemplo de “viabilidad constructiva de viviendas masivas mediante el uso eficiente de los recursos disponibles”.

El lastre

Por aquel entonces, los “recursos disponibles” eran madera, chapa, adoquines y troncos que los barcos traían como lastre y que dejaban en el Puerto a cambio de las toneladas y toneladas de carne que se llevaban.

Entre otras conclusiones, el estudio señala que las casas de chapa son “un ejemplo de maneras simples y razonables en el uso de recursos para resolver un tema tan complejo como la vivienda”.

Se las considera un típico producto de la Revolución Industrial y llegaron como modelos de fácil armado y transporte.

“Las casas de chapa de Berisso y Ensenada son como aquellos hombres y mujeres que las construyeron: humildes pero de corazón rico”, señala Alberto Monti, un ensenadense que nació y vivió más de la mitad de sus 68 años en una casa de zinc por fuera y pinotea por dentro.

Acaso la madera de su estructura sea parte del secreto de su fortaleza y la clave de su particular forma de ser: la pinotea tan valorada y buscada en estos tiempos.

Una madera especial

“Resistente al desgaste que provocan las enfermedades y los insectos se convierte en un excelente aliado en la construcción”, dicen algunos manuales, en tanto otros refieren al alto contenido de resina y a su pertenencia al corazón del tronco, donde la madera es más añeja y más densa.

Por su estructura, sus materiales y los elementos naturales que las han rodeado, las casas de chapa desarrollaron un comportamiento que las identifica. Esa “forma de ser”, fue parte del aprendizaje de vida y de la herencia de quienes vivieron en ellas.

“En invierno son frías durante la noche, pero apenas brilla el sol la chapa transmite un calor que hace al equilibrio. Y en verano ocurre a la inversa porque el sol las hace muy calientes pero al caer la noche se empieza a sentir el fresco”, cuenta Néstor Juzwa, otro berissense que se crió en una de esas casas que marcan el paisaje de la ribera regional.

Cada casa de chapa de nuestra ribera, sea cual fuere su estado, contiene el valor agregado de su propia historia. Así es como se da cuenta de barrios enteros levantados en jornadas de lo que daba en llamarse La Minga.

La minga solidaria

Domingo por medio las mujeres cocinaban, los chicos jugaban y los hombres se unían para construir la casa de la familia recién llegada.

Y como todos, usaban el lastre que traían los barcos y que dejaban en el Puerto a cambio de carne y otras mercaderías con destino a Europa. De ese lastre salieron las pinoteas, las chapas y los pequeños adoquines que se usarían para levantar las casas.

El historiador Horacio Urbansky asegura que el barrio berissense de Villa España está lleno de esas casas nacidas de la solidaridad y el empeño por salir adelante. Juntos, más allá del idioma, las creencias o la etnia de aquellas familias a las que la vida las unía en la aventura de la nueva tierra.

Hace 20 años que Estela Barboza alquila la casa de chapas donde vive. Jura que no se iría por nada del mundo y que si pudiese la compraría, como alguna vez estuvo a punto de hacerlo cuando le pidieron los noventa mil pesos que no alcanzó a reunir.

“Nosotros estamos bien, es amplia, tiene cuatro dormitorios, no tiene humedad”, cuenta Estela.

Santiago Rodríguez tiene otra visión. “Es todo muy pintoresco pero hay que vivir en una casa de chapa donde el frío y el calor se sienten siempre más”.

Rodríguez pone un poco de dura realidad al relato y cuenta que en los conventillos que todavía funcionan en la calle Nueva York, “la gente comparte el baño y eso es muy duro, sobre todo en invierno”.

Concejal por el peronismo de Berisso, cuenta que cuando algunos diputados han visitado el barrio se les ha parado de mano ante tanto elogio fácil.

“Y, viste, porque te dicen que lindo, que pintoresco. Pero hay que vivir acá, ellos se van y la gente se queda”, dice Rodríguez.

En esa línea, Damián Trinidade apunta que la clave está muchas veces en el baño. “Las primeras tenían el baño afuera”.

El barrio de las 14

En Berisso todos conocen el barrio de Las 14, cerca de la Nueva York, una calle llamada así por las 14 casas de chapa que se alinean en el pequeño barrio y donde se criaron reconocidos berissenses entre profesionales y ex intendentes.

Hay casas de chapa de dos pisos, aunque son las menos, que muestran que aún en aquella época de trabajo duro y pocos recursos había lugar para ciertos lujos.

La casa de la calle 9, de la familia Park, es una muestra cabal. Cuentan que la trajeron prácticamente armada desde Inglaterra, hace casi 90 años.

A diferencia de la mayoría de sus “hermanas”, la chapa exterior de la casa Park no es acanalada y luce un alisado con labranzas.

La Flor de Liz, en tanto, aparece en las cenefas y en los corredores como un dato que suma misterio.

Juan Manuel Dri es otro berissense orgulloso de su “castillo de lata”, como las llamó el poeta Silvestri. Cuenta que el mantenimiento no es fácil y que su precio siempre es difícil de calcular. “Hace cinco años costaba como un auto chico, cero kilómetro”, refiere.

De toda la vida

A Liliana Fonseca no le importan los números ni las cotizaciones. Vive desde 1965 en una casa que, según describe, era “la vida” de su mamá.

Y un poco en honor a eso y otro mucho por convicción, Liliana no cabe en su orgullo.

“A mi mamá se la quisieron cambiar por una casa de material en el barrio Banco Provincia y no quiso saber nada. Y lo bien que hizo. Esta casa no sabe lo que es la humedad, ni las polillas”, sonríe Liliana que a esta altura de su vida dice con inocultable orgullo que de esa casa no se va más.

 

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