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El crujir de la pinotea, los cuentos de fantasmas y las historias de baño afuera

El crujir de la pinotea, los cuentos de fantasmas y las historias de baño afuera

La valiosa pinotea, cuerpo y alma que resiste / EL DIA

En Berisso y Ensenada coinciden en que casi todas las historias de aparecidos, nacidas al amparo de la bruma, el aroma a río y el sobresalto de las sirenas de los barcos, mucho han tenido que ver con el crujido interior de las casas de chapa.

Cuentan los que saben que la madera es sensible al calor, al frío y la humedad y que a todo eso le responde con un ruido diferente.

En algún momento de la noche la madera de la casa se dilata y pareciera que se retuerce, que se estira, que busca posición como hacen los animales o los humanos antes para dejarse dormir.

Si un día deciden cambiarle el nombre a Berisso por otro que les resulte más representativo, seguro pensarán en don Horacio Urbansky. Es el historiador al que todos acuden cuando hay dudas, sobre cualquier asunto del pasado.

“Los ruidos eran parte de la vida en aquellas casas. Mayormente por culpa de la madera pero muchas otras por los ratones que se metían en lo que se daba en llamar el forro de la casa”, cuenta.

Hacer un forro, como dice Urbansky de una de esas casas hoy costaría muchísimo dinero y no habría seguridad de conseguir la materia prima: la valorada pinotea.

El padre de Urbansky fue marinero y en virtud de esa profesión pudo traer en un barco una de las primeras casas de chapa con baño integrado.

Una “locura de la modernidad” decían entonces aquellos ensenadenses y berissenses que no concebían la convivencia de la pieza, la cocina y “el servicio” bajo un mismo techo. Durante décadas las casas de chapa tuvieron el baño en una construcción apartada.

“Hace unos años, desde el Partido Socialista propusieron un concurso para premiar a la casa de chapa mejor conservada. Pero la idea parece que no cuajó. Una lástima”, dice Urbansky. Y tiene razón.

 

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