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EL EX VICE DE ESTUDIANTES MARCELO MALASPINA, A 10 AÑOS DE LA OBTENCIÓN DE LA LIBERTADORES, ROMPIÓ EL SILENCIO

“Traer a Alejandro Sabella fue nuestra mejor decisión”

Marcelo Malaspina , en diálogo exclusivo con este medio, recordó la obtención de la libertadores, su paso por el club y el final, traumático / EL DÍA

El plantel de festejo en el Mineirao, de la mano de Alejandro Sabella

Por MARTÍN CABRERA

mcabrera@eldia.com

Marcelo Malaspina fue el hombre fuerte del departamento de fútbol de Estudiantes, allá por 2009, cuando el plantel logró la Copa libertadores. Época de exigencias, egos y varas muy altas. Una época dorada que hoy es motivo de recuerdo. Por eso este empresario platense, alejado totalmente del fútbol, decidió aceptar el desafío y habló. De todos y de todo.

“Empecé con Guillermo Cichetti en 1997 como revisor de cuentas suplente. Fui convocado por Pablo Di Plácido. Después seguí con Julio Alegre, como pro tesorero. Con Eduardo Abadie fui tesorero y con Rubén Filipas fui vicepresidente y responsable del departamento de fútbol, junto con Eduardo Vera”, arrancó.

-¿De tus 12 años en el Club, la Libertadores fue lo máximo?

-Sí, no tengas dudas. Pocas veces se me cayeron lágrimas por una actividad deportiva y esa noche, cuando terminó el partido, nos abrazamos con Rubén (Filipas) y lloramos como nenes. No fue fácil nuestra gestión, la habíamos pasado mal. Al mes de asumir se fue Roberto Sensini y luego pasó lo mismo con Astrada.

-¿Alguien imaginaba en ese momento estar levantando la Copa cuatro meses más tarde?

-Nadie. Para colmo empezamos a los tumbos, clasificándonos por el gol de Lentini y con una goleada en contra en el primer partido contra Cruzeiro. Hasta que llegó Sabella.

-¿Cómo se dio su llegada?

-Nos reunimos Eduardo Vera y yo en el living de mi casa con él, Julián (Camino) y Claudio (Gugnali). Al mismo momento tres ex dirigentes, que no importan sus nombres, me decían que era una locura nombrarlo. Pero nunca dudamos de él y por suerte fue un éxito su ciclo. De entrada nomás tuvieron una relación perfecta con el plantel. Y me gustaría rescatar a sus ayudantes.

-En aquella época se decía que para nombrar a un técnico primero había que consultar al plantel. ¿Era tan así?

-No. Pero si cuando tenés un plantel tan importante vos no escuchás a los más experimentado estás haciendo mal las cosas. No veo nada de malo.

-¿Sabella fue la mejor incorporación de todas?

-Fue más que un refuerzo. Nos dio un manto de tranquilidad, sobre todo después de ganar la Copa. Era un club que ya tenía un pasivo importante y él nos ayudó a empezar a acomodar las cosas. Parecía que tenía poca personalidad pero todo lo contrario. Era un tiempista que nos permitió trabajar para planificar las cosas mucho mejor.

-¿Qué partidos recordás de esa Copa? ¿Cuándo te diste cuenta que podían salir campeones?

-Tengo muy presente un partido de la fase de grupos, uno contra Cruzeiro como locales, sobre todo por la dura derrota que habíamos sufrido en Brasil en el partido de ida. Otro que me acuerdo fue el de Defensor Sporting, la noche que fueron más de 10 mil hinchas nuestros al Centenario. Y la primera final, que fue un empate en cero. Me acuerdo que bajé al vestuario y me imaginaba un clima triste. Pero muy lejos de eso, el Chapu (Braña) y Sebastián (Verón) me dijeron “Estudiantes está para cosas importantes por eso vamos a ir a ganar a Brasil”. Esa frase, mientras esté vivo, no me la voy a olvidar nunca más. Esas eran las cosas que recibías de un vestuario ganador y transmitía optimismo. Alejandro (Sabella) potenció a jugadores que alguna vez habían sido criticados, como Salgueiro, Díaz, algún momento Enzo Pérez y hasta la Gata Fernández. Cuando tomás una decisión correcta con el cuerpo técnico los melones se empiezan a acomodar. La decisión de traer a Sabella fue lo mejor de aquella CD.

-En un momento se lesionó Angeleri y decidieron traer a Schiavi por cuatro partidos. ¿Cómo se resolvió tan rápido?

-Lo pidió Alejandro (Sabella) y pensé que iba a ser imposible traerlo. En aquel momento teníamos una relación muy buena con Newell’s. Pero aun así el que simplificó todo fue el Flaco. “Necesito jugar esos cuatro partidos y ganar la Libertadores con Estudiantes”, les dijo. Lo resolvimos en 24 horas. A la mañana hablé con el jugador y con el presidente de Newell’s. Luego viajé a Rosario en mi auto. Me reuní con Schiavi primero. No fue más de media hora. Y a las 7 de la tarde, cada uno en su auto, vinimos a La Plata mientras se presentaban los papeles en AFA. La apuesta salió muy bien. Al día siguiente fui al Country. En aquel momento cada uno ocupaba una determinada mesa, según su experiencia. Lo primero que vi fue a Schiavi con los jugadores más representativos. Parecía que era uno más, que siempre había sido parte de ese plantel. Fue un tipo fundamental, un tipo que se infiltró en su espalda durante un entretiempo. Un ganador.

-Entre las dos finales pasó de todo: gripe A, designación del árbitro, cantidad de entradas, viaje... ¿El dirigente lo disfruta?

-No, no tuvimos tiempo ni para sufrirlo. Además de todo lo que hacíamos, llegaba a mi casa y tenía cinco personas esperando para que les consiga una entrada. Y una noche me llamó hasta Bilardo para que ver si le podía conseguir una entrada. Fueron días difíciles porque además de todo esto no podíamos equivocarnos, en nada: lo mejor para el plantel, la seguridad de nuestros hinchas y más. Para que tengas en cuenta, Eduardo Vera no pudo ver el partido porque estuvo con tres hinchas detenidos en un despacho de la Policía Militar en el estadio.

-¿Cuál fue la clave de esa dirigencia para manejar un plantel con tantas figuras? ¿Qué lugar ocupa el dirigente en un grupo así?

-La mayor virtud fue la presencia. Nosotros estábamos permanentemente a disposición del plantel. No éramos sus empleados, pero estamos pendientes de que no les faltase nada. Pasábamos muchas horas en el Country. En aquel momento mi hija tenía 9 años e iba con ella porque me gustaba almorzar con ellos. Alejandro le preparaba un lugar en su mesa. Lo cuento y todavía me emociono. Con ese tipo de plantel, si vos no le ponés presencia, te lo facturan. Un día había tocado La Renga y el estadio Único no estaba en buen estado. “Ahí no jugamos”, nos dijeron. Tuvimos que contratar tres cancheros especiales para mejorar el campo de juego. De este tipo de cosas hubo varias. El nivel de exigencia era para todas las partes, ojo. Ellos no se perdonaban el más mínimo error. No sabés lo que eran lo más grandes con los más chicos. Los obligaban a estudiar. Los cuidaban y educaban.

-¿Es más difícil gestionar con caja y tantas exigencias?

- No sé si teníamos tanta plata. Pero con las presidencias de Cichetti y Alegre Estudiantes se convirtió en un club creíble. Entonces, con un cuerpo técnico y plantel tan exigentes, no podías estar de otra manera. No sé cómo está ahora porque estoy alejado y no me gustaría comparar: ese club tenía la mentalidad de un equipo grande. Eso gracias al plantel y cuerpo técnico. Nosotros acompañamos a su altura. Todos los técnicos ganadores son exigentes. Me viene a la memoria el Cholo Simeone. Si se entrelaza bien con jugadores y dirigentes las cosas pueden salir bien. El post Sabella fue difícil.

-¿Te molestó que culparan a la dirigencia por su salida?

-Sí, me dolió.

-¿Por qué se fue?

-La respuesta nunca estuvo clara. Respeté su silencio. Lo único que puedo decir es que estaba de vacaciones y me enteré mirando la tele. Fue después de una práctica de fútbol. No tuvo ninguna pelea con algún dirigente. Fue más fácil culpar a los dirigentes...

-Se dijo que gran parte de su decisión fue la falta de refuerzos

-No, porque el 80% de sus pedidos se los trajimos. En algunos puestos trajimos la opción A, como Clemente Rodríguez o José Sosa y en otros no. Capaz que en el lateral trajimos la opción D.

-¿Te reprochás algo de no haber conseguido la habilitación de Sosa para el Mundial de Clubes?

-Y... El TAS nos falló mal. Y el de la FIFA no fue el que esperábamos. No salió cómo pensábamos. Aun así estuvimos cerca. Tal vez con José y con un arquero que nos propusimos traer y no lo trajimos hubiésemos ganado. Nunca lo sabremos. Quizás nos faltó alguna decisión más fuerte. Y la copa del año siguiente no la ganamos por la imprudencia de los petardos, porque ese equipo era un equipazo.

-¿Volverías a ser dirigente?

-No. Lo decidí hace 9 años. Para mí es un ciclo cumplido. Estoy orgulloso de lo conseguido, pero no volvería a ser dirigente. Es muy difícil serlo. Por eso rescato a los actuales y a todos los de mi época. El final no fue el mejor, con el armado del plantel de Miguel (Russo). Ahí tuve mis diferencias que aceleraron mi salida del Club. Con el diario del lunes parece que todo mal. En ese momento creímos que era lo mejor. Con Alejandro los melones se acomodaron, con Miguel, no. Pero ya di vuelta la página. Hoy disfruto de este recuerdo de la Copa, el mejor recuerdo que tengo del fútbol junto a todos los amigos que me dejó.

-No fuiste más a la cancha, ¿vas a estar en el regreso a Uno?

-Fui poco, pero fui. Y sí, voy a estar. Porque será el cierre de una lucha que empezó hace muchos años. Hoy Verón cumple el sueño de los hinchas y es para destacar, pero no me quiero olvidar de la lucha de Julio Alegre. El estadio es un sueño cumplido de todos.

 

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