Como el de lustrabotas, colchonero o afilador, el oficio de cafetero ambulante -una noble fuente de empleo para cientos de argentinos durante décadas- parecer ir también camino a la extinción. Cuenta Juan Molina que cuando comenzó a practicarlo en los`60 había no menos de diez cafeteros sólo en su parada del centro. Hoy sus últimos exponentes no alcanzan ese número en toda la Ciudad.
SUSCRIBITE a esta promo especial