El cierre de fronteras potenció las denuncias

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Norma Mazzeo

Psicóloga*

Con el cierre de las fronteras y la exacerbación de las condiciones de precariedad por las dificultades de generar ingresos que impuso la propia pandemia, aumentó la proporción de denuncias realizadas por las mismas víctimas, muchas de las cuales quedaron aisladas en los lugares de explotación. Este año, de hecho, seis mujeres y cuatro varones de entre 17 y 24 años fueron asistidos para su regreso al país provenientes de España, México, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay, donde estas personas estaban retenidas contra su voluntad, violentadas y esclavizadas. Una de las repatriadas estaba en situación de explotación sexual en México, y ante el cierre de actividades y la dificultad de acceso a los clientes, no tenía ni para comer: este hecho rompió la naturalidad de la situación e hizo que ella tomara registro de que tenía que pedir ayuda. También tuvimos el caso de tres jóvenes músicos de entre 21 y 24 años que en pleno ASPO estaban siendo explotados por un ciudadano estadounidense en Punta del Este, captados con la promesa de producirles un disco y promocionarlos, y quedaron entrampados en una situación de extrema violencia donde aún no se puedo especificar si era explotación laboral o sexual. Un tercer caso tuvo por protagonista a un chico de sólo 17 años que viajó a España tras ser marcado por un presunto caza talentos del fútbol. En todos vemos dos coincidencias: la promesa de grandes ganancias en moneda extranjera que les permitiría enviar remesas a sus familias en provincias vulnerables.

 

* Integrante del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos

 

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