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El Presidente volvió a ceder autoridad frente al avance de su Vice en Economía

El Presidente volvió a ceder autoridad frente al avance de su Vice en Economía

Hubo una tensa vigilia en la residencia de Olivos /télam

Mariano Pérez de Eulate

Por: Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com

4 de Julio de 2022 | 03:42
Edición impresa

El domingo infernal que se vivió ayer en el gobierno fue una muestra muy gráfica de un presidente despoderado, en el sentido literal de esa palabra: desposeído, despojado. En este caso, de autoridad. Le llevó un día y medio a Alberto Fernández lograr la designación del sucesor de Martín Guzmán en Economía quien, por cierto, le renunció por Twitter el sábado a la tarde.

El arribo de Silvina Batakis se confirmó anoche cerca de las 22, después de un llamado telefónico entre Fernández y Cristina Kirchner porque, estuvo claro desde el principio, el nuevo funcionario nunca iba a ser designado sin la anuencia de la vicepresidenta. Quien, como un pac-man, se ha ido deglutiendo funcionarios nacionales que no le agradaban o no le respondían incondicionalmente.

Batakis, ex ministra en el gobierno provincial de Daniel Scioli, se mudará desde la cartera de Interior, donde trabajaba hasta anoche con el hipercristinista Eduardo “Wado” de Pedro. Por eso, y porque nunca ocultó su idolatría política hacia Cristina, es que debe leerse la designación como una movida que, si no fue “sugerida” por la vice, al menos no fue vetada. A priori, Batakis en efecto aparece más cercana a las ideas económicas de Cristina (El consumo interno como principal motor de crecimiento, por ejemplo) que al cuidado fiscal que supuestamente priorizaba Guzmán luego del acuerdo con el FMI.

El dato de que, luego de una tarde de berrinches, Alberto tuvo que llamar a Cristina para acordar el nombramiento, habla de un hombre que se había quedado solo en su postura de no dirigirse más a su vicepresidenta. Todo el peronismo –gobernadores, sindicalistas, sus mismos funcionarios leales- le pedía una tregua para apagar el incendio antes de que, hoy por la mañana, abran los mercados. Pero el jefe de Estado se negaba porque sabía cómo iba a traducirse políticamente ese llamado: casi una capitulación. Fue lo que sucedió en el mundillo político.

Trascendió que debió comunicarse con él Estela de Carlotto para pedirle que hable con Cristina. La Abuela de Plaza de Mayo aprecia al Presidente –jamás lo atacó con la ferocidad de, por ejemplo, Hebe de Bonafini- pero por Cristina siente debilidad. Dicen que los Fernández hablaron media hora.

El nombre de Batakis también supone que, en principio, se habría pinchado la idea que circuló durante todo el domingo de que el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, asumiera funciones en el Ejecutivo como un jefe de Gabinete super poderoso, que tendría bajo su órbita el manejo de la cuestión económica con varios ministerios, secretarías, el Banco Central y la AFIP, en acuerdo con la vicepresidenta. Digámoslo: sonaba a que a Alberto le estaban poniendo un interventor e iba a quedar en un papel casi decorativo.

De esa tesis surgieron las versiones de que hombres cercanos a Massa reemplazarían a Guzmán. Como Martín Redrado o el titular del Indec, Marco Lavagna, a quien muchos llegaron a dar como designado. Ellos, más otros economistas que fueron tentados por Fernández, nunca encontraron garantías de que iban a ser empoderados para contener una economía en estado de ebullición que, en verdad, reconoce como causa principal del descontrol la crisis política del oficialismo.

Fernández procurará maquillar lo Batakis como una suerte de empate en su cinchada permanente con Cristina. Pero es más que probable que el mundo financiero y económico lo lea como que la vice avanzó un casillero más en el juego del poder. En especial, si ella sigue controlado el área de Energía con toda su gente de confianza, básicamente dirigentes de La Cámpora que casi no le atienden el teléfono al Presidente.

En la lógica “pacmaniana” de Cristina el lugar a ocupar ahora sería el del titular del Banco Central, Miguel Pesce, a quien el kirchnerismo no puede ni ver. Por ahora no hay indicios de que Fernández también vaya a ceder ese sillón.

Al menos hasta anoche, no quedaba claro si se iba a producir aquella re-arquitectura del gabinete que llegaron a vender las fuentes albertistas luego del portazo de Guzmán, que incluiría no sólo aquel cambio de la figura del jefe de Gabinete sino un achicamiento en la cantidad de ministerios para dar una señal de austeridad. Eso había sido pensado, supuestamente, para darle un nuevo impulso a la gestión. Pero, hasta el cierre de esta edición, toda la jornada de nervios y tensión de ayer quedó reducida sólo al cambio de un nombre.

Un poco más debilitado, forzado a pactar el nombramiento de la persona que en teoría deberá llevar adelante el programa económico que él eligió y que la mitad de la alianza gobernante rechaza, a Fernández le queda un solo gesto político por hacer para que la vicepresidenta y su tropa festejen del todo: anunciar que no va a presentarse a la reelección, lo que acentuaría la idea de que es un presidente de transición y aceleraría en forma instantánea el operativo clamor “Cristina 2023”. En el peronismo nadie se anima a decir que eso nunca pasará.

En la lógica “pacmaniana” de Cristina el lugar a ocupar ahora sería el del titular del BCRA

 

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