¿Accidente o negligencia?: un grave episodio expone a la Bonaerense
Edición Impresa | 11 de Enero de 2026 | 07:39
Por RUDY CASTILLO
La gravedad del episodio ocurrido en una dependencia de la Fuerza Barrial de Aproximación (FBA) de Pilar, donde un joven oficial de La Plata recibió un disparo de su propio compañero y hoy pelea por su vida, volvió a encender una alarma que dentro de la Policía Bonaerense lleva tiempo sonando en voz baja: la formación y el reentrenamiento en el manejo de armas.
El caso de Lucas Ezequiel Montenegro, de 22 años, herido por un disparo dentro de la base cuando el personal se preparaba para salir a servicio, es investigado por la Justicia bajo la hipótesis de un hecho accidental. Sin embargo, más allá de la calificación judicial que adopte el expediente, el episodio reabre un debate profundo y estructural sobre con qué nivel de capacitación real salen los efectivos a la calle y qué controles existen puertas adentro de la fuerza.
Fuentes policiales consultadas coinciden en un punto central: los disparos “accidentales” con armas reglamentarias modernas no son hechos espontáneos, sino que, en la gran mayoría de los casos, están asociados a errores humanos vinculados al manejo del arma. “Para que un arma se dispare tiene que haberse quebrado alguna regla básica de seguridad”, dijo una fuente con experiencia en instrucción.
La diferencia entre “uso” y “manejo” del arma aparece como una de las principales falencias. Según fuentes internas, en la formación inicial se enseñan nociones elementales: cómo portar el arma, cómo efectuar disparos en condiciones controladas y cómo cumplir con los protocolos mínimos. Pero el entrenamiento práctico y continuo, clave para incorporar hábitos seguros, resulta escaso.
Esa visión es compartida por Roxana Sivori, profesora e instructora de tiro categoría A, habilitada por el Registro Nacional de Armas, quien desde hace años capacita de manera independiente a efectivos tanto de la Policía Bonaerense como de la Policía de la Ciudad. “En líneas generales, los policías de la Provincia no salen cien por ciento preparados. Tienen un uso básico del arma, pero no manejo”, dijo. “Las reglas son claras: nunca apuntar a alguien a quien no se quiere neutralizar y nunca poner el dedo en el disparador hasta estar seguro de disparar. Si esas reglas se cumplen, los hechos graves no ocurren”, agregó.
Desde el interior de la fuerza, efectivos en actividad describen un esquema de reentrenamiento que, si bien fue ampliado en los papeles, no se traduce en mayor calidad. La normativa vigente establece prácticas de tiro anuales y módulos de capacitación obligatorios, pero en la práctica muchos agentes realizan pocos disparos por jornada, con entrenamientos altamente protocolizados.
Lucas Montenegro
FALLAS ESTRUCTURALES
El caso de Montenegro no es aislado. En 2024, durante una capacitación en el predio de Puente 12, un oficial de la UTOI recibió un disparo en el cuello por parte de su instructor de tiro. La víctima agonizó durante casi tres meses y falleció. El disparo ocurrió en un ámbito de entrenamiento, con personal experimentado y armas reglamentarias, lo que volvió a poner bajo la lupa los criterios de instrucción y control interno.
A estos episodios se suman investigaciones judiciales y administrativas que en los últimos años apuntaron a irregularidades en cursos de reentrenamiento, incluyendo denuncias por certificaciones otorgadas sin asistencia efectiva. Si bien estos procesos siguen su curso, refuerzan la percepción de que el sistema de formación presenta fallas estructurales.
Ninguna de las fuentes consultadas puso el foco en responsabilidades individuales antes de que avance la Justicia. Por el contrario, el consenso es que el debate debe darse a otro nivel. “Cuando los errores se repiten, el problema no es una persona: es el sistema”, resumió un vocero con años dentro de la fuerza.
Mientras Montenegro continúa internado y su entorno espera una evolución favorable, el episodio vuelve a exponer las falencias de un sistema que, según especialistas y fuentes de la propia Fuerza, no está brindando la capacitación ni el acompañamiento necesarios a quienes tienen la responsabilidad de cuidar a la sociedad.
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