“Nunca imaginé que algo así podía pasar”
Edición Impresa | 2 de Enero de 2026 | 02:39
Lo cuenta con una mezcla de dolor, incredulidad y espanto. “Ese bar siempre estuvo lleno de adolescentes. Casi no hay adultos. Nunca pensé que algo así podía pasar”, dice Patricia, una argentina que vive desde hace años en la exclusiva localidad suiza de Crans-Montana. No habla desde la distancia: ella y su marido manejaron durante dos décadas el mismo bar que este Año Nuevo se convirtió en un escenario apocalíptico.
Ese lugar —Le Constellation— solía ser uno de los puntos de encuentro más concurridos del glamoroso resort, famoso por sus pistas de esquí y sus torneos de golf. Hoy es noticia en todo el mundo: 40 muertos, 115 heridos, la mayoría chicos, algunos aún sin identificar, y un país en shock.
Patricia reconstruye el momento con una claridad que estremece. “Crans-Montana es un pueblo chico, somos unos 10 mil residentes. Pero en estas dos semanas la población llega a casi 18 mil personas. Está repleto de turistas. Nunca imaginamos que algo así podía pasar”, contó.
Los primeros minutos fueron un caos absoluto. Nadie sabía qué había detonado el fuego. Algunos hablaban de un cortocircuito. Otros, de una explosión de gas. Pero a medida que avanzaban las horas comenzaba a tomar fuerza una hipótesis inquietante.
La bengala que habría encendido el infierno
Patricia lo dice casi en voz baja, como si todavía costara creerlo: “Lo que se comenta es que una bengala puesta en una de las botellas prendió fuego el techo”. Y enseguida aclara, para evitar paralelos dolorosísimos con la tragedia de Cromañón: “No son esas bengalas que conocemos en Argentina. Acá se usan para celebrar, son como velitas. Se ponen en tortas, en botellas. Son pequeñas… pero una chispa puede hacer un desastre”. En este caso, esa chispa habría sido mortal.
Le Constellation tiene tres niveles, explica la argentina: un sector delantero —hoy clausurado—, un pequeño piso superior con pocas mesas, y un subsuelo amplio, con billar, barra y juegos. Ese subsuelo, según todos coinciden, estaba lleno de adolescentes de 16 y 17 años, chicos demasiado jóvenes para entrar a una discoteca pero ansiosos por celebrar el Año Nuevo.
“El lugar estaba lleno”, revela Patricia. “Se habla de más de 100 heridos graves. La cifra real de muertos no la quieren decir todavía… solo hablan de ‘decenas’. Pero todos acá sabemos que pasó de los 40”.
Patricia se enteró a la 1.30, cuando volvía de trabajar. Su relato pinta un escenario dantesco. “Al principio pensé que era un incendio menor… pero después empezaron las sirenas, una tras otra. Ambulancias entrando y saliendo. Helicópteros. No pararon en toda la noche”.
Las imágenes que circularon más tarde mostraban exactamente eso: bomberos desesperados por ingresar al subsuelo, médicos atendiendo en plena calle, familias corriendo sin saber a quién buscar.
Crans-Montana, conocido por su calma, su exclusividad y su perfil turístico familiar, hoy es un pueblo golpeado. “La gente está devastada. Es una comunidad chica, todos nos conocemos”, dice Patricia.
Pero lo más difícil todavía está por venir: identificar a las víctimas, reconstruir qué pasó minuto a minuto y determinar si hubo negligencia, colapso de capacidad o fallas de seguridad.
Por ahora, Suiza —un país que asocia su imagen al orden, la seguridad y la previsibilidad— enfrenta una de las tragedias más graves de su historia. Y Patricia, la argentina que conoce como nadie el interior de ese bar, mira la escena con una mezcla de tristeza y horror. “Nunca imaginé que un lugar que manejamos 20 años terminaría así”, cierra, con la voz quebrada.
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