El verano sabe a fruta fresca y cercana
Edición Impresa | 2 de Enero de 2026 | 03:07
Cuando suben las temperaturas, el calor del verano activa colores, perfumes y sabores que viajan pocos kilómetros antes de llegar a la mesa. Preparar una ensalada de frutas es mucho más que un gesto fresco: es una forma de conectar con el territorio, con quienes producen y con paisajes que invitan a pensar el próximo viaje.
Proponemos un viaje desde la lectura hacia distintos campos frutales bonaerenses. Y -por qué no- invitamos a escapadas para conocerlos en estos días de descanso que para muchos comienzan en enero.
Duraznos y cítricos de San Pedro: dulzura a la orilla del río
San Pedro es sinónimo de fruta. Sus duraznos, naranjas y mandarinas crecen en quintas que miran al Paraná y forman parte de una tradición productiva profundamente arraigada. En verano, la fruta alcanza su punto justo de maduración y se vuelve protagonista de ferias y mercados.
Caminar por los campos frutales, conocer el ritmo de la cosecha y probar la fruta recién recolectada es parte de una experiencia que combina paisaje, gastronomía y saberes transmitidos de generación en generación. En la ensalada de frutas, el durazno aporta jugosidad y dulzura, mientras que los cítricos suman frescura y perfume.
Frutillas de cercanía en La Plata, Varela y General Rodríguez
Las frutillas que llegan a las verdulerías de la ciudad tienen, muchas veces, origen cercano. La Plata, Florencio Varela y General Rodríguez concentran parte de la producción más intensa de esta fruta que anuncia verano con su color rojo vibrante y su aroma inconfundible.
Cultivadas en hileras que aprovechan el clima y la humedad de la región, las frutillas aportan textura, dulzor y una nota fresca indispensable en la ensalada de frutas. Su cercanía garantiza frescura y permite que el producto conserve todo su sabor natural, sin largos traslados.
Arándanos de Castelli: pequeños frutos, sabor intenso
En Castelli, los arándanos encuentran un entorno ideal para desarrollarse: suelos fértiles, clima templado y un trabajo productivo cuidadoso. El resultado es un fruto pequeño, de color azul profundo y sabor intenso, que suma carácter y contraste en cualquier preparación.
Durante la temporada, algunos establecimientos abren sus puertas para mostrar el proceso de cultivo y acercar al visitante a un producto que combina perfil saludable, frescura y un fuerte vínculo con el paisaje rural. En la ensalada de frutas, los arándanos aportan acidez equilibrada y un estallido visual.
Kiwis en Saladillo, Mercedes y Madariaga
El kiwi también crece más cerca de lo que se imagina. En zonas como Saladillo, Mercedes y Madariaga, emprendimientos agroecológicos apuestan a este cultivo poco habitual en la región. En Saladillo, Kiwis Saladillo suma además una propuesta turística que invita a recorrer la plantación, conocer el trabajo detrás del fruto y participar de degustaciones.
En Saladillo, Kiwis Saladillo abre sus tranqueras para ampliar la propuesta turística local con visitas a la plantación que invitan a recorrer el campo y conocer el trabajo detrás del fruto. Acompañados por Oscar y María Dellatorre, quienes visitan el lugar se interiorizan en cada etapa del cultivo, desde la polinización hasta la cosecha. “Nuestros visitantes pueden ser cosecheros por un día”, afirma María. El recorrido se completa con degustaciones y momentos de contacto directo con la producción, poniendo en valor la agricultura sustentable y los emprendimientos de la zona. “Somos productores de kiwi en el centro de la provincia, algo poco común en esta región. Es un desafío, pero también una oportunidad para pensar en una agricultura más diversa y con valor agregado”, agrega la propietaria de la iniciativa.
La cosecha se realiza entre marzo y abril, pero su presencia se extiende más allá del calendario productivo. “No utilizamos cámaras de frío: cosechamos y vendemos enseguida en los mercados”, remarca. Esto permite que el kiwi bonaerense pueda encontrarse durante el verano en verdulerías de la región y en distintos puntos de la provincia. Por su color intenso, su frescura y su aporte de vitaminas, es un ingrediente ideal para la ensalada de frutas: “Aporta color, es atractivo a la vista y queda muy bien en el plato”, destaca María, con el deseo de que, aún fuera de temporada, el trabajo local también llegue a las mesas.
Otros destinos con plantaciones de Kiwis son Mercedes y Madariaga, ambos proponen actividades turísticas.
Frutos finos en Baker: frambuesas y zarzamoras
En Barker, partido de Benito Juárez, el verano se tiñe de rojo. Frambuesas y zarzamoras crecen en Estación Barker, una de las pocas plantaciones de frutos finos de la región abiertas al público. Allí, el visitante puede caminar entre las hileras, conocer el cultivo y comprender el trabajo que hay detrás de cada fruto.
“La cosecha en esta época suele darse bien, aunque la primavera puede venir con muchas lluvias”, explica Sebastián Rodríguez, a cargo de la plantación. Por su intensidad y equilibrio, la frambuesa es ideal para la ensalada de frutas: “Aporta color, sabor y la acidez justa”. Y con orgullo dice: “Que nuestra producción llegue a la mesa de muchas familias que puedan disfrutar un producto cultivado en Barker tiene un valor muy especial”.
Por su intensidad, color y acidez justa, la frambuesa aporta equilibrio y frescura a la ensalada de frutas, además de una historia que habla de producción local y orgullo territorial.
Cada fruta cuenta algo más que sabor. Habla de cercanía, de manos que trabajan la tierra, de productos que viajan poco y llegan frescos. Preparar una ensalada de frutas es elegir identidad, paisaje y temporada.
Un gesto simple que llena la mesa de verano, de historias y de sabores reales. Y que, bocado a bocado, también invita a pensar el próximo viaje.
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