Los trenes españoles bajo la lupa tras dos accidentes en 48 horas

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Dos accidentes ferroviarios en menos de 48 horas sacudieron a España y reabrieron un debate incómodo sobre la seguridad de una red que durante décadas fue motivo de orgullo nacional. La colisión de dos trenes en Adamuz, Andalucía, que dejó 43 muertos, seguida por un nuevo siniestro en Gelida, Cataluña, con un fallecido y decenas de heridos, instaló la inquietud entre usuarios, trabajadores y autoridades.

El segundo accidente ocurrió el martes por la noche, cuando un muro de contención se desplomó sobre la vía y fue embestido por un tren de corta distancia cerca de Gelida, a unos 40 km de Barcelona. Las primeras hipótesis apuntan al temporal de lluvias que azotó Cataluña en los últimos días.

El impacto dejó la parte frontal del convoy destrozada y obligó a suspender la circulación de trenes regionales en una de las zonas más densamente pobladas del país, utilizada a diario por cientos de miles de pasajeros.

La sucesión de tragedias llevó al sindicato de maquinistas Semaf a convocar tres días de huelga, al considerar los accidentes de Adamuz y Gelida un “punto de inflexión” para exigir medidas urgentes que garanticen la seguridad ferroviaria. Desde el Gobierno, el ministro de Transportes, Óscar Puente, expresó su “absoluta confianza” en el sistema y cuestionó la eficacia de una huelga general, aunque admitió que la red no es infalible.

Mientras tanto, el país sigue conmocionado por la magnitud del desastre de Adamuz, donde dos trenes colisionaron con unos 500 pasajeros a bordo. Las investigaciones descartan, por ahora, un exceso de velocidad o un error humano, y centran la atención en el estado de las vías y del material rodante. Una imagen de un raíl dañado, difundida por la Guardia Civil, alimentó las especulaciones sobre posibles fallas estructurales.

La preocupación se trasladó a los andenes. Usuarios habituales y turistas reconocen nerviosismo tras lo que consideran una cadena alarmante de incidentes.

El Gobierno prometió llegar “hasta la verdad”, mientras la oposición exige explicaciones urgentes. Con la peor tragedia ferroviaria desde 2013 aún fresca en la memoria colectiva, la confianza en uno de los pilares del transporte español enfrenta hoy su prueba más difícil.

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