Irán: historias de vidas apagadas por la represión

Con la vuelta de internet, emergen los nombres y sueños de quienes murieron en las protestas sofocadas por el régimen

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A medida que Irán comienza a recuperar lentamente las comunicaciones tras días de apagón digital, salen a la luz historias que ponen rostro a una represión tan masiva como silenciosa. Detrás de las cifras -al menos 3.428 muertos según Iran Human Rights, y hasta decenas de miles según otras estimaciones- hay vidas truncadas, proyectos interrumpidos y familias marcadas para siempre. La mayoría de las víctimas son hombres jóvenes, pero también hay mujeres, madres y hasta menores de edad entre quienes no volvieron a casa.

La violinista Sanam Pourbabayi

Una de esas historias es la de Negin Ghadimi, una ingeniera biotecnológica de 28 años, descrita por sus allegados como alegre, amante de la pintura y la natación. Murió durante una protesta en Tonekabon, en el norte del país. En medio de gases lacrimógenos y disparos, se separó de su familia junto a su padre. Él le pidió que se pusiera a salvo. Ella respondió con una pregunta que hoy resuena como un eco trágico: “¿Por qué deberíamos volver? ¿De qué tienes miedo?”. Dio un paso adelante y fue alcanzada por una bala. Se desangró en los brazos de su padre, sin llegar nunca a un hospital porque las calles seguían bajo fuego.

La ingeniera Negin Ghadimi

También Reza Eskandarpour, de 37 años, dejó atrás su taller de carpintería para salir a protestar en el oeste de Teherán. Antes de irse, advirtió a su familia que quizá no regresaría. Murió intentando salvar a un amigo herido: un francotirador le disparó seis veces desde una azotea. Su entierro, en el cementerio Behesht Zahra, reunió a miles de personas que desafiaron el miedo con consignas antigubernamentales. Agentes de seguridad borraron de los teléfonos familiares las imágenes de la despedida.

Las mujeres también pagaron un precio devastador. La ONG Hengaw confirmó al menos 33 asesinadas, entre ellas embarazadas y madres de niños pequeños. En Rasht, una de las ciudades más activas en las protestas, murió Sara Behboodi, de 45 años, montañista apasionada. Las imágenes que circularon tras su muerte la muestran sonriendo en la cima de una montaña, bañada por el sol, como si ese instante libre desafiara a la violencia que la alcanzó. Cerca de allí, en Lahijan, fue asesinada Sanam Pourbabayi, profesora de violín. Un video posterior la inmortaliza tocando junto a un guitarrista, una melodía que hoy suena como despedida.

Reza Eskandarpour

Son historias que emergen entre cortes de internet y silencios impuestos. Fragmentos de vida que resisten al olvido y recuerdan que, detrás de cada número, hubo un nombre, una voz y un futuro que la represión se llevó por la fuerza.

 

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