Trump afloja la presión: reabre el juego por Groenlandia

El mandatario dio marcha atrás con los aranceles a aliados europeos y anunció un “acuerdo marco” con la OTAN sobre la isla danesa, tras un fuerte discurso en Davos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero internacional al cancelar su amenaza de imponer aranceles a ocho países europeos aliados y anunciar, casi en simultáneo, un “acuerdo marco” con la OTAN para abordar la seguridad en el Ártico, con Groenlandia como pieza central. El giro llegó pocas horas después de un discurso explosivo en el Foro Económico Mundial de Davos, donde el mandatario insistió en su interés por “obtener el derecho, título y propiedad” de la isla, aunque aseguró que no recurrirá a la fuerza militar.

El anuncio fue realizado a través de una publicación en redes sociales, en la que Trump explicó que había alcanzado un entendimiento inicial con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para avanzar en un esquema de cooperación futura en el extremo norte del planeta. Según el propio presidente, el diálogo incluye “discusiones adicionales” sobre Groenlandia en relación con el programa de defensa antimisiles Golden Dome, un ambicioso sistema que, por primera vez, prevé el despliegue de armas estadounidenses en el espacio.

La decisión de dar marcha atrás con los aranceles -que iban a comenzar en un 10% a partir del 1 de febrero y a escalar hasta el 25% en junio- evitó una crisis abierta con Europa, pero no disipó del todo la inquietud.

“TERRITORIO FRÍO Y MAL UBICADO”

Horas antes, en Davos, Trump había puesto en duda uno de los pilares de la política internacional de posguerra: la solidez de la OTAN. Allí afirmó que estaba pidiendo un territorio “frío y mal ubicado”, pero estratégicamente vital, y recordó que Estados Unidos “salvó a Europa” durante la Segunda Guerra Mundial. “Es una petición muy pequeña en comparación con lo que les hemos dado durante muchas, muchas décadas”, sostuvo.

En uno de los pasajes más comentados de su discurso, Trump deslizó la posibilidad del uso de la fuerza para luego descartarla de manera enfática. “Probablemente no obtendremos nada a menos que decida usar una fuerza excesiva, donde seríamos francamente imparables. Pero no lo haré, ¿ok? No tengo que usar la fuerza, no quiero usar la fuerza”, afirmó ante una audiencia colmada de líderes políticos, empresarios y financistas. Sin embargo, también dejó entrever su desconfianza hacia la alianza atlántica, al sugerir que no estaba seguro de que la OTAN respaldara a Washington si Estados Unidos fuera atacado.

Ese clima se distendió parcialmente tras un encuentro posterior con Rutte, quien buscó llevar tranquilidad al presidente estadounidense. “Puede estar tranquilo: sus aliados estarán con ustedes”, le dijo el jefe de la OTAN. Poco después de ese intercambio llegó el mensaje que confirmó la cancelación de los aranceles, interpretado por muchos como un gesto de desescalada.

Trump sostiene que Groenlandia es clave para la seguridad nacional de Estados Unidos y para contener el avance de Rusia y China en el Ártico, una región cada vez más codiciada por sus rutas marítimas y recursos naturales. La paradoja es que Washington ya cuenta allí con una importante base militar, pero el presidente insiste en que eso no es suficiente. Para reforzar su presión, había advertido a Dinamarca y a otros aliados que debían “hacerse a un lado” y aceptar negociaciones inmediatas. “Queremos un pedazo de hielo para la protección mundial”, lanzó, con una advertencia implícita: “Pueden decir que sí y estaremos muy agradecidos. O pueden decir que no, y lo recordaremos”.

RESPUESTA DESDE DINAMARCA

Desde Copenhague, la respuesta fue cauta pero firme. Un funcionario danés reconoció la disposición a dialogar sobre seguridad en el Ártico, aunque subrayó que existen “líneas rojas” innegociables, entre ellas la soberanía sobre Groenlandia, que no está en venta. En la propia isla, el impacto de la retórica de Trump se hizo sentir de manera concreta: el gobierno local pidió a la población que esté preparada ante una eventual crisis y difundió un manual de emergencia que recomienda contar con alimentos, agua y suministros básicos para al menos cinco días.

“Pensé que eran solo amenazas, pero es mejor estar preparado”, resumió Tony Jakobsen, vecino de Nuuk, mientras mostraba bolsas con velas, comida y papel higiénico.

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