Más de la mitad de los deltas del mundo se hunden y el del Paraná presenta subsidencia

Un estudio internacional reveló que el suelo desciende en grandes sistemas fluviales, lo que incrementa riesgos ambientales y productivos. En Sudamérica, tres deltas muestran niveles moderados del fenómeno.

Más de la mitad de los deltas del planeta se están hundiendo, según una investigación impulsada por científicos de Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Alemania, Canadá y Países Bajos, publicada recientemente en la revista Nature, que advierte que el fenómeno también afecta al delta del río Paraná.

El proceso identificado se denomina “subsidencia” y consiste en el hundimiento progresivo del suelo, impulsado principalmente por actividades humanas. Esta dinámica reduce la altura del terreno en relación con el nivel del mar y aumenta el riesgo de inundaciones, pérdida de tierras y daños en áreas productivas.

En América del Sur, los investigadores analizaron la situación de los deltas de los ríos Amazonas, Magdalena y Paraná, y comprobaron que los tres sistemas también atraviesan este proceso. En los tres casos, el nivel de subsidencia fue clasificado como moderado, lo que implica un descenso del suelo inferior a dos milímetros por año.

En particular, el delta del Paraná integra la lista de los 40 deltas evaluados a escala global. Se trata de una extensa llanura de islas y canales formada por el río Paraná al desembocar en el Río de la Plata, que se extiende sobre más de 17.000 kilómetros cuadrados en las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, y constituye uno de los humedales más importantes de Sudamérica por su biodiversidad.

Los científicos detectaron que “la tasa promedio de subsidencia local es mayor que la tasa de aumento regional del nivel del mar” en este espacio geográfico. Aunque no se trata de una situación crítica inmediata, el estudio señala que la vulnerabilidad puede incrementarse si se intensifican las presiones humanas o naturales.

Consultado por EL NORTE, Damián Voglino, del Museo de Ciencias Naturales “Antonio Scasso”, explicó: “Lo que este estudio ayuda a comprender es que el riesgo hídrico no depende únicamente del cambio climático y del ascenso del nivel del mar; también influye el movimiento del suelo. Son procesos lentos y acumulativos, poco perceptibles. En el delta enfrentamos, además, otros problemas igualmente silenciosos, como la expansión de especies exóticas invasoras, que transforman el ecosistema sin que se perciban de inmediato. Por eso resulta urgente trabajar seriamente el ordenamiento territorial con base científica, como los datos que aporta esta investigación, gestionando el avance urbano y las intervenciones sobre humedales con una mirada integral y de largo plazo, para no agravar procesos que ya están en marcha y que se irán incrementando en los próximos años”.

El análisis global, difundido también por un artículo de Infobae, abarcó 40 deltas distribuidos en cinco continentes, donde habitan cientos de millones de personas. Los resultados indican que entre el 54% y el 65% de las superficies estudiadas están en proceso de hundimiento, y que en 19 de los 40 deltas más del 90% del área presenta subsidencia.

En el caso del Amazonas, los investigadores señalaron una vulnerabilidad menor en comparación con otros deltas del mundo, aunque advirtieron que el fenómeno está presente y requiere vigilancia. El delta del río Magdalena, en Colombia, también muestra subsidencia, aunque menos marcada que en los sistemas del Amazonas y el Paraná.

En los tres deltas sudamericanos, el suelo desciende más rápido que el nivel del mar asciende, aunque las cifras están lejos de los valores críticos observados en regiones de Asia o África. Sin embargo, los especialistas alertaron que esta estabilidad relativa podría modificarse si aumentan las presiones humanas o los cambios ambientales.

Las actividades humanas, como la extracción de agua subterránea y la reducción del aporte de sedimentos, aparecen como los principales factores que impulsan la subsidencia. Por eso, los científicos recomiendan “regular la extracción de aguas subterráneas y restaurar el transporte de sedimentos” como medidas clave para reducir el impacto del fenómeno.

“Los deltas –como accidentes geográficos dinámicos– cumplen importantes funciones socioeconómicas, ecológicas y energéticas. Sostienen la productividad agrícola y la pesca, sus ecosistemas sustentan una importante biodiversidad y su infraestructura, como los puertos y las redes de transporte, ancla el comercio marítimo vital para las economías nacionales, regionales y mundiales. (…) Estos hallazgos sugieren la necesidad de intervenciones específicas que aborden la subsidencia como un problema inmediato y localizado, en paralelo con esfuerzos más amplios para mitigar y adaptarse al aumento global del nivel del mar provocado por el cambio climático”, concluyeron los investigadores.

Delta Paraná

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